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Educación

Educación: tiempo de balances

“Es frecuente escuchar algunas voces sobre la descripción, cargada de añoranza, de lo que fuera la educación en la Argentina”, señala Mirta Etcheverry. ¿Cuándo y por qué se generó esta visión pesimista del sistema? ¿Cómo se supera?

(Por Mirta Etcheverry) En el transcurso del año fueron apareciendo distintas ideas cuyo eje siempre ha sido la educación y que plantearon cuál es su significado, sobre su relación con la política, de la resistencia de la institución escuela, de la posible y necesaria vinculación con la paz, de los jóvenes y la violencia.

Diciembre cuenta con el inexorable mandato de realizar balances, ya sean personales, grupales, institucionales, empresariales o económicos. Es parte de una actividad que permite rescatar las fortalezas y debilidades teniendo en cuenta también las oportunidades y amenazas y así, con todos esos componentes, iniciar el proceso de análisis para replicar aquello que se hizo bien, revisar lo que se puede mejorar y continuar de ese modo con el crecimiento.

El Sistema educativo lleva muchos años de pie, con una estructura similar a la de sus orígenes pero que en actualidad cuenta con una exigencia social, política, histórica y económica de actualización para dar respuestas concretas a nuevos sujetos, y esto no es tarea fácil ya que es muy factible que ciertos aspectos contradictorios se hayan naturalizados y que algunas prácticas centenarias aún se hagan presentes porque no han podido ser superadas.

Lo expresado en el párrafo anterior intenta mostrar con una mínima pincelada, la enorme estructura en la que se encuentra la educación sistemática brindada en las instituciones educativas. Ésta se ve atravesada por una multiplicidad de factores, que son los mismos que pueden encontrarse en cualquier otro ámbito, pero con una diferencia: que en el imaginario de todos la idea de perfección se hace muy presente, olvidándose que quienes habitan las aulas, conducen los establecimientos o diseñan políticas educativas, también están atravesados por las mismas cuestiones y son seres humanos transitando un momento histórico único.

Es frecuente escuchar algunas voces sobre la descripción, cargada de añoranza, de lo que fuera la educación en la Argentina de otrora.

Son referencias que apuntan a los contenidos a enseñar; a que con pocos años de transito escolar ya alcanzaba; a que eran muy distintas las matrículas y muy respetados quienes tenían la tarea de enseñar.

Si se busca teóricamente cuándo se abandonan las visiones optimistas de la educación, se puede encontrar que alrededor de los años setenta se dan tres hechos claves que tendrán un alto impacto; ellos son, la crisis del modelo de estado benefactor, la huella de las concepciones reproductivistas de la educación y las investigaciones que constataron empíricamente el desfasaje existente entre la demanda de la sociedad y lo que efectivamente brindaba el sistema educativo.

Este trazo escueto y que ameritaría ser profundizado, intenta dan cuenta de la complejidad estructural del sistema educativo y que por cierto no exime de la responsabilidad de planificar, recrear, profundizar y dar lo mejor de sí como profesional de la educación, pero también habilita a quitar la absoluta responsabilidad de todos los males acaecidos a los actores del escenario escolar.

Por el contrario, invita a cada uno de los adultos pensar qué hace y cómo se vincula con el otro, también sujeto de derechos y obligaciones; qué aportes significativos realiza; cómo resuelve la compleja tarea de educar asistemáticamente; cómo interactúa con el contexto; cómo contribuye a entender y modificar positivamente al mundo.

Sin lugar a dudas, las respuestas halladas pueden servir de elementos para realizar el balance personal.

(*) Mirta Etcheverry es profesora en Ciencias de la Educación, en Retardo Mental y en Estimulación Temprana; licenciada en Gestión Educativa; actualmente cursa la especilaización en Nuevas Infancias y Juventudes. Además es directora del nivel Polimodal de la Escuela José Manuel Estrada de Cañuelas.