Cañuelas tiene una numerosa comunidad apasionada por el automovilismo, lo que está sustentado en una larga historia que se remonta a la primera mitad del siglo XX con las carreras zonales de baquets construidas con chasis de Ford A, Ford T, Chevrolet Champion o Rugby Durant.
Mucho antes de que floreciera esa vocación por los fierros, el comerciante y aventurero Alfredo David Shaw concretó una travesía inédita en automóvil al unir la ciudad de Buenos Aires con Cañuelas a través de los rudimentarios caminos de la época. La hazaña, consumada en 1902 en un Mors de 22 HP, quedó documentada en el magazine ilustrado El Gladiador, en su edición del 12 de diciembre de ese año.
“El señor Alfredo D. Shaw, acaba de realizar la primera excursión extensiva, en automóvil verificada en la República; recorriendo varias poblaciones en lucha con todos los imaginables obstáculos del suelo”, comienza relatando la revista.
“Acompañado por el señor Busana, salió de la calle Esmeralda 452 el domingo a las tres de la tarde, en su automóvil Mena (N. de la R.: Mors, por un error del redactor original), de 22 caballos de fuerza, sin destino determinado. Después de atravesar la calle real que va desde Barracas a Banfield y que se halla en horrible estado, pasó a las 3.50 por la avenida Meeks, de Lomas de Zamora, siguiendo a Temperley. Luego tomó al Oeste, cruzando las vías del ferrocarril que van a Haedo, y la del Sud que conduce a Cañuelas, esta última a la altura de Llavallol y se dirigió a Adrogué, llegando a las 4.35 a la puerta del espléndido Hotel de las Delicias”.
“A las 8 a. m. del lunes –continúa la crónica– salieron los expedicionarios con dirección a Cañuelas. A las 10.05 y sin interrupción, gracias al excelente estado de las calles, arribaron a la estación Vicente Casares, distante 60 kilómetros por la vía férrea, pero 80 por las calles, que no son rectas. Allí almorzaron, visitaron la fábrica de La Martona y en 25 minutos se trasladaron a Cañuelas, atravesando el arroyo Campana, que tiene por aquel lado 35 metros de ancho”.
“Este arriesgado paso dio lugar a una nota cómica, porque el motor, trabajando en el agua, elevaba enormes surtidores, dando un baño a los viajeros, que no les fue del todo desagradable por la alta temperatura que reinaba. A las 4 salieron de Cañuelas, regresaron a Adrogué a las 5.55 y, finalmente, a las 6.05 emprendieron el viaje de vuelta, llegando a Buenos Aires a las 7.50 con toda felicidad”.
El 3 de enero de 1903 Shaw repitió la expedición, esta vez con la intención de recorrer 200 kilómetros. De acuerdo a un breve artículo publicado en el diario La Prensa, el aventurero partió a las 5 de la tarde. A las 0.40 de la madrugada, envió un telegrama al diario para avisar que había arribado a Cañuelas sin inconvenientes y que a las 4 continuaría viaje hacia Las Flores, donde tenía previsto llegar a las 2 de la tarde. Aunque no se conservan noticias posteriores sobre el desenlace de esa segunda aventura, el binomio Shaw-Busana ya había dejado su marca definitiva en los albores del automovilismo interurbano.
La verdadera magnitud de estas iniciales incursiones se comprende al observar la velocidad con la que avanzó la actividad: unos dos años después de aquel viaje inaugural a Cañuelas, el 17 de febrero de 1905 el pionero Juan Cassoulet completaría el primer raid automovilístico de larga distancia en Argentina, uniendo la Ciudad de Buenos Aires con Bahía Blanca a bordo de un De Dion-Bouton de dos cilindros y 12 caballos de fuerza.
El automóvil manejado por Shaw provenía de la Société d'Electricité et des Automobiles Mors, la fábrica de automóviles fundada por Émile Mors, una de las primeras en fabricar coches y una de las pioneras en participar en competiciones a partir de 1897, debido a la convicción de su fundador sobre los beneficios técnicos y promocionales de las carreras. Los registros históricos de importación aduanera sostienen que hacia 1901 había en Argentina apenas 129 autos. Recién en 1905 el parque automotor llegó a las 500 unidades, lo que da una idea de su absoluta exclusividad.
Alfredo David Shaw había nacido en Buenos Aires el 28 de mayo de 1879. Murió de tuberculosis el 30 de octubre de 1923, a los 44 años. Era hijo del comerciante Juan Shaw Mac Lean y de Mary Fulton, ambos hijos de escoceses nacidos en Glasgow y Ayrshire, respectivamente.
Juan Shaw fue el creador de las grandes tiendas Shaw e Hijos, ubicadas en la calle Venezuela 860, en las que comercializaban desde máquinas de coser hasta muebles y maquinaria agrícola.
Diarios y revistas mostraban a página entera que la casa era agente de marcas líderes como las motocicletas Columbia, bicicletas Featherstone, dínamos Majestic para motores a explosión, muebles americanos de Grand Rapids Desk, máquinas de coser New Home y los automóviles Ford a partir de 1913.

La fila de los viernes frente al local de la familia Shaw, donde los pobres recibían limosna. Revista Sherlock Holmes.
En el Buenos Aires de la época, los Shaw también eran conocidos por una actividad filantrópica: todos los viernes repartían limosna a los pobres de la ciudad, una costumbre que Don Juan inició en 1860 y que sus descendientes mantuvieron durante más de medio siglo.
En las primeras décadas donaban dos panes criollos a cada persona que lo solicitara y, ya entrado el siglo XX, repartían 10 centavos a los ancianos y 5 centavos a los jóvenes. Hacia 1912, un total de 300 personas hacía fila cada viernes en la tienda de la calle Venezuela para recibir la contribución. Los miembros de la familia aclaraban que, aunque sabían que algunos beneficiarios tenían la capacidad de trabajar, preferían entregarles el dinero a todos por igual para evitar el riesgo de negarle la ayuda a alguien que realmente la necesitara.
Fuentes:
Diario La Prensa, 4 de enero de 1903
Revista El Gladiador, 12 de diciembre de 1902
Revista Sherlock Holmes, 6 de agosto de 1912
Escrito por: Germán Hergenrether


