Durante y después del reciente campeonato mundial de fútbol, criticar a la Argentina se hizo viral. Tanto nuestros propios hermanos hispanoamericanos como los europeos y los norteamericanos siguen aún diciendo que los argentinos somos altaneros y que hacemos trampa. Citando el hecho de que no tenemos jugadores de raza negra, nos acusan de racistas. ¿Será verdad?
Nací en la Argentina, donde viví por 17 años —10 de ellos en Cañuelas— antes de mudarme a los Estados Unidos. Por eso sé que el tema podría resultar engañoso. Los argentinos a menudo usamos apodos como “gordo”, “flaco”, “negro” o “petiso”, pero lo hacemos de manera cariñosa, no de forma despectiva. Aun así, es fácil ver cómo eso podría ser malentendido desde afuera. Seguramente en la Argentina existe el racismo, pero yo nunca lo observé desde la tranquilidad de un pueblo chico como lo era Cañuelas en los años 50. Tuve que emigrar para darme cuenta de lo que realmente era el racismo.
Parece ser un problema omnipresente en todo el mundo, pero la Argentina debe clasificar muy bajo en comparación con otras regiones. En las últimas décadas, Europa ha estado experimentando una fuerte ola de inmigración africana, lo que ha despertado sentimientos racistas que se creían ya erradicados. Lo mismo está ocurriendo en los EE. UU., donde este sentimiento se ha expandido debido al gran número de personas que cruzaron la frontera durante la administración del presidente Biden. Como vivo en los Estados Unidos, permítanme contarles sobre el racismo en este país.
Desde el primer día me clasificaron como latina/hispana, lo cual digo con orgullo que soy; pero, desafortunadamente, este es un sector que a lo largo de los años ha enfrentado mucha discriminación. En los años 70, mis padres descubrieron lo que era el racismo cuando sus solicitudes para alquilar un departamento en la zona de Nueva York donde querían vivir eran constantemente rechazadas por la única razón de que tenían un apellido hispano.
Hispanos en los Estados Unidos
La mayoría de los hispanos que viven en los Estados Unidos proviene de México, representando el 30% de ese sector, mientras que los argentinos somos una pequeña minoría. Impulsados por sueños, nos aventuramos a venir a estas tierras del norte en busca de una oportunidad para mejorar nuestras vidas. A veces llegamos como profesionales altamente capacitados, pero lo más probable es que lo hagamos como trabajadores humildes. De cualquier modo, ser inmigrante nunca es fácil.
Por lo general, a los hispanos inmigrantes nos gusta conservar nuestra herencia cultural, pero mantenemos un perfil bajo porque la realidad es que los estadounidenses prefieren que nos integremos rápido y dejemos otras culturas e idiomas extranjeros en el pasado.
Para los recién llegados hay muchos obstáculos que superar. Entre ellos, la barrera del idioma, las diferencias culturales y la pérdida de los estrechos lazos familiares —ese indispensable sistema de apoyo que dejamos atrás—. Y quizá por eso los hispanos en el extranjero tienden a concentrarse en un mismo lugar, probablemente tratando de encontrar apoyo y cierto grado de consuelo en quienes llegaron antes que ellos y ya tuvieron la oportunidad de encontrar su camino. Pero los grupos y sus acciones colectivas suelen llevar a las personas a formar conceptos generalizados, creando un terreno fértil para la discriminación.
Reciente inmigración ilegal a los EE. UU.
El Departamento de Seguridad Nacional estadounidense calcula que 10.3 millones de inmigrantes ingresaron a los EE. UU. durante la administración del presidente Biden. Según un estudio del Pew Research Center, las nuevas olas de migración hispana no provienen de México como antes, sino de Centroamérica y del norte de Sudamérica.
Los medios de comunicación estadounidenses han ido creando un resentimiento hacia los inmigrantes recientes, alegando que no se sabe si constituyen un peligro, pues no hubo tiempo para investigar apropiadamente los antecedentes de tantos recién llegados. Parece ser una evaluación razonable porque entre esos inmigrantes sin duda había criminales e indeseables, pero la gran mayoría eran personas decentes buscando una vida mejor.
En efecto, algunos recién llegados necesitaron asistencia económica, pero, contrario a lo que muchos creen, no todos los hispanos requieren apoyo financiero. En realidad, según el Pew Research Center, el nivel de pobreza de la gente hispana de cualquier raza que vive en este país del norte bajó, entre 2023 y 2024, del 16.6% al 15.0%. En 2025, según estadísticas del Seguro Social, del 35% al 44% de los recipientes de asistencia social eran blancos; los de raza negra formaban del 25% al 32%, mientras que los hispanos solo sumaban del 15% al 16%. Estas cifras sugieren que la mayoría de los hispanos vienen a este país a trabajar, no a depender del Estado.
Últimamente, el sueño americano parece más esquivo para los inmigrantes, especialmente para aquellos que están aquí de manera ilegal. Desde que Donald Trump asumió la presidencia, este revés se debe en parte a un aumento en la seguridad fronteriza y a las deportaciones a manos de ICE (Immigration and Customs Enforcement), pero también porque el país ha tenido una recuperación económica lenta después de la pandemia de 2019.
¿Entonces por qué todavía la gente está tan ansiosa de dejar su país de origen? La respuesta es simple: por necesidad. En algunos casos, a partir de 2019, la pandemia destruyó la integridad y la estabilidad de muchas familias, llevándolas a la pobreza. Durante 2020 en Centroamérica, más de medio millón de personas perdieron sus hogares debido a terremotos, huracanes, inundaciones repentinas o deslizamientos de tierra. Además, los cárteles de la droga han hecho que vivir en algunos países, como Venezuela o Colombia, sea muy peligroso, y la extrema agitación sociopolítica ha llevado a la gente a buscar asilo en los EE. UU.
Pero esta nación del norte tiene en la actualidad cuotas estrictas de inmigración, y poder ingresar legalmente como residente podría tomar muchos años de espera. Por esa razón, aunque cruzar la frontera ilegalmente es una jornada plagada de peligros, mucha gente está dispuesta a arriesgar sus vidas para llegar al “país de las oportunidades”.
La discriminación y la desinformación alimentan conceptos equivocados
Mucha gente cree que en los EE. UU. la discriminación es cosa del pasado. Sin embargo, en un estudio realizado por The Washington Post, la Kaiser Family Foundation (KFF) y la Universidad de Harvard, se descubrió que los diferentes grupos raciales difieren notablemente sobre la cantidad de discriminación que creen que enfrentan los hispanos y otras minorías en los Estados Unidos. Mientras que más de la mitad de los hispanos y casi la mitad de los afroamericanos afirmaron que la discriminación es un gran problema, solo una cuarta parte de los blancos no hispanos estuvo de acuerdo. Mucha gente respetuosa es racista sin siquiera darse cuenta de que lo es.
Otro problema que genera animosidad surge a raíz de la desinformación. La gente tiende a exagerar, por ejemplo, el número de hispanos que están en los EE. UU. de manera ilegal o dentro del sistema de asistencia social. Influidos por el sentimiento antiinmigrante generalizado actualmente, creen que la mayoría de los inmigrantes indocumentados son hispanos. Pero según el Economic Policy Institute de Washington D. C., de los 50.2 millones de inmigrantes que viven en este país del norte, los hispanos representan menos de la mitad de esa cifra (el 22.7%), mientras que los indocumentados en general suman solo el 3.7%.
Una queja común es que “los ilegales les quitan trabajo a los estadounidenses, consumen recursos, no contribuyen a la economía e incluso se convierten en una carga”. En realidad, según datos de The World Data, 8.5 millones de los casi 14 millones de extranjeros indocumentados que viven en el país están empleados y contribuyen con impuestos anuales por un valor de 96.700 millones de dólares. A pesar de esto, debido a su estatus migratorio, no califican a nivel nacional para programas de asistencia social, cupones de alimentos o seguro de desempleo. En estados con líderes demócratas, como California, Washington, Nueva York e Illinois (con su capital Chicago), esto está cambiando, con más fondos destinados a asistir a los recién llegados.
Otro tema que la mayoría del público desconoce es que muchas personas indocumentadas trabajan con identificaciones falsas o prestadas, pagando impuestos y aportando a fondos de jubilación o cuentas del Seguro Social que no figuran legalmente a su nombre. Entonces, ¿a dónde va ese dinero? Los impuestos a los salarios y los aportes al Seguro Social que no coinciden con nombres y números reales en el sistema van directamente al Archivo de Ingresos en Suspenso, un registro que mantiene el Seguro Social. A lo largo de varias décadas, la Oficina del Inspector General ha reportado salarios suspendidos acumulados que suman millones de millones de dólares. Eduardo Porter, periodista de The New York Times, estimó en 2005 que los inmigrantes indocumentados pagaban aproximadamente 7.000 millones de dólares al año en impuestos y beneficios del Seguro Social que nunca podrán reclamar porque legalmente no existen. Para 2009, el último año del cual se tiene información detallada, la cantidad aportada por los trabajadores indocumentados había saltado a más de 13.000 millones de dólares, con unos 11.200 millones destinados al Fondo Fiduciario del Seguro Social y 2.600 millones a Medicare, el sistema de seguro médico.
Las noticias negativas sobre la gran cantidad de inmigrantes no documentados que ingresaron en las primeras décadas de los 2000 sin duda despertaron recelo en el público general. Sin embargo, a nivel nacional, se está volviendo más fácil para las infancias y jóvenes hispanos sentirse orgullosos de su herencia cultural.
Hoy en día, muchos políticos, artistas, humanitarios, deportistas y otras figuras públicas hispanas sobresalen en las noticias y están allanando el camino para una aceptación general. El secretario de Estado Marco Rubio, por ejemplo, es de origen cubano, al igual que nuestro propio Leo Messi quien, desde su llegada en 2023 al Inter Miami CF, ha despertado un interés y una pasión sin precedentes por el fútbol en los Estados Unidos.
¿Es el racismo algo que aprendemos? Sospecho que es un problema endémico global que se transmite de generación en generación. Y más aún, dadas las circunstancias adecuadas, se necesita muy poco para despertarlo, pues tiene raíces profundas en nuestras estructuras e instituciones sociales, en los sistemas económicos y en la propia condición humana.
Nota de la autora: Este artículo fue elaborado con datos estadísticos e investigaciones publicadas por el Pew Research Center, el Economic Policy Institute de Washington, el Comité de Seguridad Nacional de los EE. UU., la Kaiser Family Foundation (KFF), The World Data, y artículos especializados de medios como The Washington Post y The New York Times.
Escrito por: Ana María Cúneo