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Variedades

Un testimonio del pasado que no debe quedar oculto

Tomás López Cajaraville, estudiante de Ciencias Geológicas, opinó sobre el abandono del gliptodonte encontrado en Cañuelas hace cinco años.

 La pieza fue encontrada por obreros que excavaban una cancha de golf. Archivo.

El hallazgo de un fósil, no es algo de todos los días. Mucho menos, uno en las condiciones como el hallado de nuestra ciudad. Pero, ¿Qué hace importante a un fósil…?. En primer lugar su rareza; es sabido que el hallazgo de estos restos/indicios de vida en el pasado no son comunes de encontrar (al menos en el marco de nuestra ciudad). En segundo lugar, su valor científico, particularmente, el paleontológico.

El hecho de que un animal muera y sus restos puedan fosilizarse dependerá no solo de qué tipo de animal se trate, sino también del ambiente donde murió. Estas condiciones restringen bastante el registro fósil, por lo cual solo una mínima parte de todos los organismos vivos del pasado pudieron preservarse como tales.

A partir de eso es que podemos hablar del descubrimiento de Cañuelas como algo único. Cada fósil no es más que una página que forma parte de un gran libro donde está escrita la historia de nuestra Tierra. Por ello desde un punto de vista científico, es inaceptable que dicho conocimiento no pueda llegar a los profesionales especializados o bien al público en general.

Dichos restos -que al momento de su descubrimiento fueron catalogados como “extraordinarios” desde el punto de vista de la preservación- no pueden permanecer en el olvido, sino que los mismos deben cumplir la función para la cual fueron desenterrados: aumentar nuestro conocimiento y ponerlo al servicio de la comunidad. 

Los mismos deben ser ensamblados por personal especializado, y una vez hecho esto, montados correctamente a fin de poder servir como testimonio del pasado geológico a la comunidad. En caso de que se desista de hacerlo, los restos deberían ser donados a alguna facultad pública a fin de que sean examinados minuciosamente por paleontólogos y empleados en clases especializadas para las generaciones futuras.

Nunca el destino de tal hallazgo puede ser el olvido, como ha ocurrido en los últimos cinco años. Es un episodio lamentable que no sólo atenta contra el hallazgo en sí mismo, sino también contra el desarrollo intelectual de nuestro país.

Tomás López Cajaraville
Estudiante de Ciencias Geológicas, FCEN, UBA.

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