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En los 80 las presiones gremiales contribuyeron al cierre de La Serenísima en Cañuelas

En 1989 fueron despedidos 110 empleados. “Llegó un punto en que Pascual Mastellone no aguantó las presiones y decidió cerrar”, recuerda uno de los damnificados.

En 1989 fueron despedidos 110 empleados. “Llegó un punto en que Pascual Mastellone no aguantó las presiones y decidió cerrar”, recuerda uno de los damnificados.

En los 80 las presiones gremiales contribuyeron al cierre de La Serenísima en Cañuelas

 Archivo InfoCañuelas.

La inédita crisis que se vive en la empresa Lácteos Mayol de Gobernador Udaondo tiene un antecedente en Cañuelas, en 1989. En esa oportunidad la historia terminó muy mal: Pascual Mastellone no soportó de las presiones de la Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea (ATILRA), presentó un concurso preventivo y cerró la planta ubicada en calle Pellegrini y Ruta 3. El resultado fue el despedido de 110 operarios, la gran mayoría de Cañuelas.

En aquel momento ATILRA tenía una poderosa filial en Cañuelas y hasta su propio centro recreativo, luego vendido al gremio de los camioneros.

Carlos Eli, uno de los empleados que se quedó en la calle luego de 24 años en la empresa, habló con InfoCañuelas para recordar aquel triste final.

“Mastellone nunca se llevó bien con el sindicato. Ellos se fueron metiendo de a poco hasta que llegó un punto en que no aguantó más y decidió cerrar la empresa. En octubre de 1989 despidieron a 110 personas. A mí me echaron con el grueso de la gente. Solamente quedaron 10 ó 15 que continuaron trabajando en General Rodríguez”.

“Todos fueron indemnizados como correspondía -continúa Eli-. Era un momento del país en el que había más trabajo y por eso el cimbronazo no se sintió tanto en Cañuelas. En mi caso, enseguida entré a trabajar en un corralón de materiales. Otros se compraron un auto y trabajaron de remis. Era un momento de gran inflación, se pagaba mucho interés y por eso muchos pusimos la plata en el banco, hasta que vinieron Cavallo y Menem, un día cerraron los bancos y al otro día no quedamos sin un mango. Los que habíamos conseguido otro trabajito pudimos ir zafando pero el que vivía de los intereses de la indemnización, quedó en la ruina”.

“Yo nunca estuve afiliado porque siempre consideré que si tenía un problema, lo podía arreglar directamente con el patrón. Yo creo que muchos dirigentes equivocaron el camino y presionaron demasiado cuando la realidad es que se pagaban sueldos normales y teníamos muy buenas coberturas de salud para las familias. Si algún empleado se enfermaba, tenías a disposición los mejores sanatorios, el Hospital Italiano, el Francés, el Güemes… Yo creo que no había necesidad de presionar tanto”.

Eli agrega que en los ´90 cambió la estructura de La Serenísima, que pasó de ser una empresa familiar a una compañía de gran envergadura, con muchos requisitos en materia de higiene y asepsia. “En ese momento empezaron a venir muchos técnicos, ingenieros, etc. Había muchísimo más control de todos los procesos. Muchos empleados se quejaban. Ahí entró el sindicato. Se perdió la relación familiaridad que teníamos antes. Todo eso fue complicando las cosas hasta que Mastellone decidió bajar la persiana”.

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