Se festejó con una muy emotiva fiesta el 40.° aniversario de la primera escuela secundaria de Máximo Paz. Emotiva particularmente para quien esto escribe, por haber formado parte del grupo que sintió la necesidad, que indagó sobre el terreno la urgencia de la misma y que llevó a cabo la dura tarea de hacerla posible.
Lamentablemente, en los festejos no hubo ninguna referencia a los hechos que llevaron a su creación; por eso es bueno recordarlos.
En 1973, un grupo de chicas y este cronista estudiábamos el Profesorado para la Enseñanza Primaria en el Instituto José Manuel Estrada, de Cañuelas. Éramos Nélida Bertola, Analía Sánchez, Cristina Labourdette (de Máximo Paz), más Elsa Zaidán y Lilian Harguindeguy (de Ezeiza). En una de las materias se nos encargó realizar un estudio de la comunidad, a nuestra elección y criterio.
Junto con las chicas de Ezeiza decidimos efectuar lo que considerábamos una prioridad en nuestro pueblo: una escuela secundaria. Así, a partir de una extensa encuesta (a la medida del Máximo Paz de los años setenta) se culminó en el “Estudio de Factibilidad para una Escuela Secundaria”. Estábamos, claro, en plena dictadura militar, donde la educación no solo no era prioridad, sino casi un obstáculo. Allí quedó el estudio.
Mientras tanto, desde la Sociedad de Fomento encaramos (siendo yo presidente) la construcción de un jardín de infantes. Fuimos a la Dirección General de Escuelas, donde se nos dijo que no había ningún plan ni intención de crear ese establecimiento, pero que podían facilitarnos un plano tipo (la única contribución oficial que tuvimos). El fundador, De Bonis, había donado a esa institución un lote en Pereda al 600, que albergaba algunos juegos infantiles, y lo usamos. Se levantó a fuerza de kermeses, colectas y el apoyo de algunas empresas (destacando a Isidoro Usatinsky, director del Frigorífico Máximo Paz). Recién al recuperar nuestro país, con la democracia, conseguimos terminar el jardín (hoy N.° 904, Rosario Vera Peñaloza). El Gobierno terminó de colocar los materiales que ya estaban comprados.

Placa ubicada en el hall de acceso al establecimiento, que recuerda a los iniciadores del proyecto educativo.
Fue entonces que nuestro senador provincial Hugo González se mostró muy satisfecho con la obra. “¿Qué otra cosa podemos hacer?”, me dijo. Inmediatamente respondí: “¡La escuela secundaria!”. “Podría ser... pero hay que hacer un estudio de factibilidad...”, agregó. “Ya está hecho”, contesté. Y ese estudio fue la piedra fundamental sobre la que se hizo la escuela. Se creó el EADES (Ente de Apoyo de la Escuela Secundaria), donde trabajó parte de la gente de la Sociedad de Fomento y muchos vecinos. Entre quienes ya no están, hay que homenajear a Alberto Sciuto y a Carlos Conte. Pido perdón si no tengo todos los nombres de aquellos emprendedores.
Por cuerda separada, otra comisión, encabezada por mi esposa Haydée Sena y mi nuera Lucía Soria, gestionaba la creación de la Escuela Especial N.° 502. En uno de estos encuentros en la Dirección General de Escuelas de La Plata, Haydée se enteró de que la secundaria tenía mal pronóstico, porque los informes decían que había poco interés y, por lo tanto, posibilidad de poca matrícula. Esta otra comisión se encargó de llenar un colectivo con vecinos para reclamar ante la directora general en su visita a Cañuelas. Otros vecinos movieron, además, influencias políticas que ayudaron.
El terreno, utilizado por años para una bomba y tanque de agua para riego, había sido adquirido en los primeros tiempos de Máximo Paz por una empresa que nunca dio más señales de vida, de modo que no fue difícil expropiarlo. El modelo edilicio corresponde a un plan maestro del gobernador Duhalde.
El resto de la historia fue contado en los actos de conmemoración de las cuatro décadas que enriquecen los recuerdos de los vivos y engrandecen la figura de los fallecidos.
Escrito por: Jorge Claudio Morhain