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| Educación

Leopoldo Castro: fue acusado de abuso, la justicia lo sobreseyó y ahora busca encauzar su vida

A casi cinco años de la acusación que aún lo mantiene alejado de las aulas, el docente realizó una profunda reflexión. Su sentimiento respecto a la profesión, la lentitud del proceso judicial, el apoyo de su familia y su futuro como apicultor.

A casi cinco años de la acusación que aún lo mantiene alejado de las aulas, el docente realizó una profunda reflexión. Su sentimiento respecto a la profesión, la lentitud del proceso judicial, el apoyo de su familia y su futuro como apicultor.

Leopoldo Castro: fue acusado de abuso, la justicia lo sobreseyó y ahora busca encauzar su vida

 Leopoldo y su nueva pasión: la apicultura.

Dentro de poco se cumplirán cinco años de ese día en el que Leopoldo Castro (46) recibió un llamado que se transformaría en pesadilla: Alfredo Simón Gómez, director de la Unidad Académica José Manuel Estrada, le comunicaba que “algo grave” había ocurrido en el Departamento de Aplicación y lo citaba a una reunión con inspectores.

En ese momento Castro se desempeñaba como profesor de música en establecimientos rurales de Cañuelas, en la Escuela Santa María y en la división primaria del Estrada. Cuando se presentó a la cita, le informaron que una mamá de una alumna de primer grado lo había denunciado por tocamientos. A la par de enfrentar el proceso penal, fue desplazado de la actividad docente y asignado a cumplir tareas administrativas en el CIIE.

El 22 de abril la Cámara de Apelaciones de La Plata dejó firme el fallo de primera instancia y sobreseyó a Castro del delito de abuso sexual simple al no haber hallado pruebas para inculparlo. Una vez que el dictamen sea formalmente comunicado a la Dirección General de Escuelas, deberá ser restituido en todos los cargos que desempeñaba.

Esta semana decidió hablar con InfoCañuelas. En un relato profundo y liberador hizo una reflexión de lo que significa cargar con una acusación terrible y el sentimiento de injusticia que vivió a lo largo de cuatro años y 10 meses. Habló no desde el rencor sino desde el dolor de haber atravesado una experiencia traumática que le dejó marcas indelebles.

Castro junto a varios colegas en 2012, en el acto de cierre de la Feria de Ciencias. Archivo InfoCañuelas.

Su relato es también un grito para que el sistema judicial y educativo -sin abandonar la protección de quienes denuncian- busque la manera de acelerar los procesos que cada vez con mayor frecuencia se inician contra el personal docente.

Reproducimos los principales conceptos de la entrevista completa que se encuentra al pie del artículo:

• “Fueron años difíciles. Siempre fui un tipo bajón. Esto me hundió terriblemente. Pasé por todas las situaciones mentales habidas y por haber. De bajón, de tristeza, de impotencia y todo eso, cuando pasa al cuerpo, dispara un montón de cosas”.

• “Siempre tuve el apoyo de mi núcleo familiar. Y por otro lado la gente en Cañuelas, colegas, padres, ex alumnos, alumnos... Jamás tuve una situación en la que alguien me increpó”.

• “La justicia fue muy lenta. Si alguien ha pasado por un momento feo en su vida, como la enfermedad de alguien o una situación conflictiva que dura uno o dos meses... bueno, a mí me duró cuatro años y 10 meses”.

• “Hoy en día, que se ya se terminó lo mío, me pregunto: ¿Esto se terminó? ¿No pasó nada? A mí me sobreseen, no hay elementos que me impliquen, pero ahí algo pasó. A esa menor ¿le pasó algo? Todos sabemos que cuando se producen este tipo de denuncias en un gran porcentaje algo sucedió”.

• “Hasta el año 2015 fui docente. Hoy no quiero serlo más. Hoy no sabría cómo pararme ante un alumnado”.


• “En un momento fui al fondo de mi casa y prendí fuego toda mi historia docente. Quemé carpetas, dibujos de nenes, planificaciones, audios, discos... Eso fue un hito en mi vida. Fue decir ´ya no amo esta carrera´”.

• “Sé que van a venir y me van a decir ´bueno, volvés a la escuela´. En estos meses voy a tener este tiempo para procesarlo y ver cómo volver a las aulas”.

• “Cuando empiezan a llegar las cédulas es terrible, porque uno está caratulado como un pedófilo. El hecho es aberrante. Lo pienso y lo aborrezco. Y estar señalado en ese tipo de carátula es terrible. Muchas veces me dije: ´Ojalá me hubieran denunciado por haberme robado algo en la escuela o por haberle pegado a un chico´. Miren lo digo, sé que es terrible, pero ojalá me hubieses denunciado por cualquier otra cosa”.

• “No hay recaudos para esto. A mí me tocó como si fuera una lotería, como le tocó a tanta gente”.

“Es imposible preguntarse por qué sucedió esto. Es querer meterse en la cabeza de alguien que sólo sabe la verdad”.

• “Si no me hubiese pasado esto, que fue espantoso, jamás habría descubierto la apicultura, que me mantiene ocupado todos los días. Hoy no me veo sin eso”.

• “La apicultura me abrió la cabeza, la mente, la sensibilidad, la admiración de lo pequeño, que es grandioso. Y es una labor que está alejada del contacto con gente, porque por otro lado tomé ese miedo, el miedo al contacto con la gente”.

• “Dentro de la oscuridad se ven luces. De todo esto he sacado cosas espectaculares, no sólo la apicultura, sino gente que no conocés que te manda saludos, apoyo, fuerza. Entonces decís: ´no hice las cosas mal en la carrera docente´”.

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