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| Cultura y eventos

Orlando Gargiulo, el visionario que transformó la doma en espectáculo masivo

Junto a Miguel Franco creó “A lonja y guitarra”, mítica conjunción de domadores y cantores que reunía multitudes.

Junto a Miguel Franco creó “A lonja y guitarra”, mítica conjunción de domadores y cantores que reunía multitudes.

Orlando Gargiulo, el visionario que transformó la doma en espectáculo masivo

 Orlando Gargiulo en la revista Gente (1974). Archivo.

“El ambiente en La Valeria fue algo tan admirable que los mismos organizadores quedaron asombrados. Y es que había nacido algo nuevo. Había nacido o renacido el gusto por la combinación de música y doma. Se había encontrado una nueva forma de expresión para el folklore”. Con esas palabras la prensa sintetizaba el fenómeno ocurrido el domingo 2 de octubre de 1966 en la estancia de Don Orlando Gargiulo a propósito de la primera edición de “A lonja y Guitarra”, evento que convocó a unas 30 mil personas que arribaron a Cañuelas desde todos los puntos cardinales para ser parte de ese festival campero que marcaría una bisagra en el tradicionalismo.

Hasta la década del '60 el acto de “socializar” un caballo -al igual que la marca o la yerra- era una actividad rural limitada al interior de las estancias y con la participación de los peones de campos vecinos como únicos espectadores. La sólida sociedad que formaron Don Orlando Gargiulo y Miguel Franco -el creador del ciclo “Un alto en la huella” que comenzó a emitirse en 1947 en LR2 Radio Argentina- hermanó la destreza y la música. Gargiulo aportaba las tropillas de “reservados” mientras que Franco realizaba la difusión en su programa de radio y aportaba los artistas más encumbrados de la época. 

A mediados de la década del 60 Gargiulo ya era reconocido en el ambiente. En 1964 escoltó con sus caballos el ingreso de los presidentes Charles de Gaulle y Arturo Illia a la estancia San Martín y en 1966, en el 150 aniversario de la Independencia, desfiló con 14 bayos plateados en una fiesta realizada en River Plate. 

El 9 de Julio de aquel año en que se celebraba el sesquicentenario, Miguel Franco y Orlando Gargiulo organizaron en conjunto un espectáculo de doma y folklore en “El Mangrullo” de Ezeiza. Ese fue el comienzo de lo que luego se llamó “A Lonja y Guitarra”, nombre sugerido por “El Vasco” Víctor Abel Giménez.

El primer capítulo de la saga se realizó el 2 de octubre de 1966 en La Valeria. “A las 8 de la mañana había una cola de cinco cuadras de vehículos intentando entrar a la estancia. No estaba el sol demasiado alto cuando una peregrinación compuesta por automóviles, camiones, sulkys y gente de a pie respondía el llamado de Miguel Franco desde su programa” relataba la revista Folklore.

Gargiulo y Franco en el clásico afiche de A lonja y guitarra.

La nómina de artistas que llegaron a Cañuelas en aquella jornada brinda una dimensión de lo que fue la fiesta: Horacio Guarany, Mercedes Sosa, Los de Salta, Los de Córdoba, Víctor Velázquez, Los Hermanos Abrodos, Alberto Merlo, Los Manseros Santiagueños y el payador Juan José García desfilaron por el escenario de La Valeria con la animación de Miguel Franco, Víctor Giménez y Luis Rodríguez Armesto.

Contra no pocos pronósticos agoreros, unas 30 mil personas se arrimaron a ese primer festival, algo inédito en Cañuelas y la región. La respuesta superó todas las expectativas y el público vivió su propia fiesta en fogones improvisados armados dentro de la estancia donde se bailaba y se celebraba con independencia del conjunto. Cubiertos los gastos, el dinero sobrante se donó a instituciones de beneficencia de Cañuelas.

Gargiulo nació el 19 de mayo de 1925 en Temperley. Era el menor de siete hermanos, hijo del escribano Pascual Salvador Gargiulo, nacido en Italia, quien fuera jefe del registro civil en su localidad natal. Autodidacta, Orlando aprendió por su cuenta el arte de relacionarse con los caballos. Contrariando el mandato familiar de ser escribano o abogado, desde temprana edad se dedicó a la doma para el trabajo rural y la equitación convirtiéndolo en su medio de vida.

-¿Cómo empezó su pasión?- le preguntaron en la Revista Folklore.
-A mi padre nunca le gustó tener muchos caballos. Es de los hombres de antes, de los que tienen su montado, su nochero, y unos pocos pingos más, exclusivamente para el trabajo. Siempre me decía “echá vacas, echá ovejas... ese es el trabajo del campo”. Pero yo le decía “Señor, las vacas no corcovean”. Y entonces empecé a formar tropillas y apartar los reservados hasta que poco a poco comenzó a aumentar mi colección. Un buen día comenzaron a pedirme prestados cuatro o cinco caballos malos, peligrosos, para domas a beneficio. Y al poco tiempo empecé yo solo. Antes había muy pocos pingos de estas características y los estancieros los prestaban para las exhibiciones, sobre todo de beneficencia. Así empezamos.

Mercedes Sosa picando asado en La Valeria. 2 de octubre de 1966. Revista Folklore.

-¿Qué son los reservados?
-Los animales que son completamente malos. Los indóciles, los que no se dejan domar. Los que son mordedores o pateadores. Aquellos que antes tenían destino de frigorífico. Nosotros definimos cuáles sirve y cuáles son los más bravos. Y éstos entonces son los reservados. Antes servían para hacer salame. Ahora los usamos para exhibir la destreza campera.

DE CAÑUELAS AL PAÍS

En enero de 1967, luego del resonante éxito alcanzado en La Valeria, Gargiulo y su tropilla endiablada participaron en el II Festival de Jesús María. El primero había sido sólo musical y a partir del segundo comenzó a llamarse “Nacional de Doma y Folklore”. Los artistas convocados por Miguel Franco fueron Marian Farías Gómez, Los cantores de Quilla Huasi, Los Chalchaleros, Mercedes Sosa, Ramona Galarza, Los Tucu Tucu y Los Fronterizos, aplaudidos por más de 30 mil personas. Este nuevo éxito en Jesús María fue la consagración de A Lonja y Guitarra como espectáculo nacional.

El 4 y 5 de marzo de 1967 los cantores y domadores volvieron a La Valeria, que concentró 50 mil personas. “Era impresionante la repercusión. Solamente en la estancia había 200 instituciones de bien público con kiosco vendiendo sus productos. Los distribuidores de cerveza tenían un camión que permanentemente iba y venía de Cañuelas y hasta el ferrocarril Roca imprimió un boleto especial que decía ´La Valeria´, con una parada que improvisaron frente a la estancia, a metros de La Finaco” rememora el poeta gauchesco Carlos Loray. 

Horacio Guarany llevado en andas por el público en La Valeria, 2 de octubre de 1966. Revista Folklore.

En abril de 1970 A lonja y guitarra se trasladó con gran éxito al cerro “El Triunfo” de Balcarce con la participación de artistas de la talla de José Larralde, Jorge Cafrune, Los Indios Tacunau y muchos otros. En octubre de ese mismo año, en el marco de la “Tercera Fiesta Provincial de la Ganadería”, se mudó a Victorica, en el oeste de la Provincia de La Pampa. 

En abril de 1971 volvió a Balcarce convocando a 80 mil personas y con una visita de lujo: el gran campeón Juan Manuel Fangio. Otro de los que estuvo en esa jornada fue Henri Charrière, célebre preso francés acusado de un crimen que no cometió y sentenciado a trabajos forzados a perpetuidad en las colonias francesas, protagonista de múltiples intentos de fuga inmortalizados en la novela “Papillon”.

“En algunas fiestas que hicimos era tanta la gente que no cabía en la tierra. En Balcarce, por ejemplo, había público hasta en las sierras. Las familias parecían chivos mirando el espectáculo desde arriba” graficó Gargiulo durante una entrevista con la Dra. Haydee Martínez para su programa “Conversando con nuestra gente” (VideoCable Cañuelas, 1991).

En 1973 el festival se hizo en Estación Jáuregui (Luján); en marzo de 1974 en la Estancia San Martín de Vicente Casares; y a fines de ese año se trasladó al Centro Nativo Acuyai de Lobos en el marco de la “9ª semana de la Tradición”.

Gargiulo junto a Jorge Cafrune y Selva Gigena en La Valeria. 2 de octubre de 1966.

Al parecer, luego de ocho años los reservados de Orlando Gargiulo empezaban a dar signos de agotamiento. Para mantener la convocatoria comenzó a recurrir a otras caballadas como las de Zenón Allende, los Hermanos Lavallén, Juan Alverbide, Ángel Araneta y Juan Guzmán. 

Carlos Loray destaca que siguiendo el modelo creado por Franco y Gargiulo, las domas comenzaron a florecer en todos los rincones y los domadores incrementaron sus exigencias. “Al comienzo iban por amor al arte, hasta que empezaron los premios. En una oportunidad los montadores hicieron causa común y pidieron una cifra enorme para hacer el espectáculo. Le dijeron a Gargiulo que si no había tanta planta para los ganadores de cada categoría, no iban a subir. Fue un momento delicado porque había 40 mil personas expectantes en la estancia con peligro de que se suspendiera todo. Hasta hubo algunos disturbios, pero por suerte llegaron a un acuerdo y se solucionó todo”.


LA BRUTALIDAD VS. LA INTELIGENCIA

Cuando le preguntaban a Don Orlando si la doma podía considerarse un deporte, con la sapiencia de su oficio respondía que el domador se sienta sobre el animal nada más que para demostrar la superioridad de la inteligencia humana sobre la fuerza del bruto. “¿Quiere algo más deportivo, más puro que eso?”. Y luego apuntaba que el buen domador no es el más fuerte ni el más resistente, sino el más inteligente del mismo modo que el buen torero no es el más corajudo sino el que administra sus recursos con mayor astucia. En ambos casos el hombre se juega la vida frente a un animal salvaje.

“Domar un caballo es jugarse la vida segundo a segundo. Conozco de afuera lo que es una carrera de autos. Para preparar un coche están el año entero no sé cuántos mecánicos e ingenieros y el que se sienta arriba, aparte de esa pincelada que le ha dado Dios, sabe lo que va a correr. Pero cuando usted ata un caballo en un palo y lo encareta, en un abrir y cerrar de ojos lo puede matar, dejarlo en una silla de ruedas, dejarlo loco o deshacerlo para toda la vida. Hoy hay fiestas donde largan 22 caballos en todo el día. Nosotros largábamos 57 en una hora. ¿Sabe lo que es cuidarles la vida a todas esas personas?” reflexionó en el programa de la Dra. Martínez.

En 1989, casi como un revival de los viejos tiempos, volvió a organizar jineteadas en la estancia Las Rosas de Cañuelas, a beneficio de los Bomberos Voluntarios de Cañuelas. Ya sin su socio de los caminos (Franco murió ese mismo año) y con una realidad social distinta, Orlando continuó desplegando su vocación solidaria.

Gargiulo junto al poeta Tomás Riva reconocidos en 2009 por el Concejo Deliberante. Archivo InfoCañuelas.

Gargiulo murió hace un lustro, el 16 de junio de 2016, a los 91 años, afectado por un cuadro de Gripe A. Dejó a sus espaldas una vida dedicada al tradicionalismo y el respeto unánime de varias generaciones. En dos oportunidades recibió el premio Santos Vega, otorgado por Juan Carlos Mareco en Canal 7 y hasta almorzó con Mirtha Legrand en un su legendario ciclo televisivo.

“Antiguamente las domas se hacían en algunas estancias, a muy pequeña escala. Desde La Valeria, Jesús María y La Martona Orlando fue el precursor de la doma como espectáculo masivo” resume el cañuelense Carlos Gallardo, histórico conductor del programa radial “Fogoneando”. Lo mismo piensa Loray: “Fue el iniciador de las grandes jineteadas. A lonja y Guitarra fue un festival irrepetible que reunía 120 reservados, no menos de 40 espectáculos musicales y 50 mil personas, un festival que se convirtió en leyenda”.

 


Germán Hergenrether

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