06 de octubre. Cañuelas, Argentina.

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La Térmica, el primer equipo de rugby de Cañuelas nacido a la luz (tenue) de un boliche bailable

En plena explosión de la música beat y al ritmo de Los Pumas del 65, un grupo de muchachos usó el patio de un taller de aviones para crear una boite que terminó haciendo historia en el deporte local.

La Térmica en el predio de Rawson y Ruta 205. Foto: José Ponce. Gentileza Adolfo García.

La Térmica en el predio de Rawson y Ruta 205. Foto: José Ponce. Gentileza Adolfo García.

Así como las alas son esenciales para la sustentación de los aviones, las corrientes cálidas ascendentes son necesarias para ganar altura, especialmente en caso de las aeronaves sin motor. Ese combustible natural —la térmica— fue el nombre elegido por los directivos del Club de Planeadores para bautizar un boliche bailable que crearon en los albores de la música beat, del que luego derivó el primer equipo de rugby de Cañuelas. Ese experimento deportivo tuvo una corta vida, entre 1967 y 1968, pero sembró las bases de lo que décadas más tarde sería el surgimiento del club Las Cañas.

En la radio no paraban de sonar La Balsa y Ayer nomás. En un santiamén florecieron confiterías bailables en todos los pueblos de la región y Cañuelas no fue la excepción. “Decidimos abrir un boliche para generar ingresos que nos permitieran reparar los planeadores, comprar alguno nuevo y también para divertirnos”, rememora Miguel Vilas, presidente de la institución en aquellos años.

El Club de Planeadores le alquilaba a la Sociedad Italiana ese gran espacio que es hoy el Teatro Italia, en Del Carmen entre Lara y Brandsen. Allí, un mecánico de apellido Santarelli se ocupaba de armar o reparar los fuselajes. Entre el galpón de reparaciones y la actual inmobiliaria Impacto había un patio interno donde se armó la confitería, cuya entrada estaba en la puerta contigua al portón principal del taller. En el techo de la boite había una gigantesca hélice decorativa.

“Algunos de los que colaborábamos en el boliche practicábamos distintos deportes y un día decidimos crear la subcomisión de rugby. No recuerdo la fecha del primer partido, creo que fue contra un equipo de Monte Grande”, apunta Adolfo García.

Los referentes del equipo con alguna experiencia previa en rugby eran Emilio “El Turco” D´Elía (del Hotel La Valeria, en Ruta 205 y calle Libertad), Raúl Provitina y un compañero suyo que estudiaba ingeniería en La Plata. Precisamente Raúl había pateado a las H en el Liceo Militar, donde cursó el secundario. Los demás —Adolfo J. García, Bernardo Goldmann Valicelli, Daniel Darburo, Luis Luzzi, Néstor Gabrielo, Alfredo Gil, Omar Bueno, José Bernardino “Josecito” Ponce, Giani y Osvaldo Barcia— aprendieron jugando. Susana Basualdo y Liliana Pelorosso colaboraban en la organización.

La formación de La Térmica en el predio de Rawson y Ruta 205. Foto: José Ponce. Gentileza Adolfo García.

La formación de La Térmica en el predio de Rawson y Ruta 205. Foto: José Ponce. Gentileza Adolfo García.

La Térmica jugó varios partidos con equipos de la zona, siempre de manera amateur y sin llegar a afiliarse a ninguna liga regional. “Todo el equipo deportivo que usábamos era provisto por cada uno de nosotros. Tres o cuatro camisetas blancas las aporté yo; eran camisetas reforzadas con pechera que me habían quedado de mi paso por la Armada Nacional, donde hice la conscripción”, recuerda Adolfo. Alfredo Gil aporta otro dato: en algunas ocasiones jugaron con una camiseta celeste y roja. En los hombros se colocaban paquetes de algodón atados con cinta como sustituto casero de los buzos con protección.

El campo de juego estaba ubicado en un baldío de Rawson casi Ruta 205, mientras que la sede oficial del equipo era el propio boliche La Térmica, donde a la noche transcurría el tercer tiempo.

García sostiene que en esos años el rugby no era un deporte que despertara interés entre los vecinos de Cañuelas, a pesar de que Los Pumas habían hecho su primera gira internacional por Sudáfrica y Rodesia del Sur. “Conocí a uno de los jugadores que integraron esa selección, llamado Héctor Silva. Un muy buen jugador proveniente del equipo platense Los Tilos, con quien compartimos dos años de conscripción en la Escuela Naval Militar de Río Santiago”.

García patea a la H en el predio de La Térmica. Foto: José Ponce. Gentileza: Adolfo García.

García patea a la H en el predio de La Térmica. Foto: José Ponce. Gentileza: Adolfo García.

Lisvelia Ponce, hermana de Josecito, todavía se acuerda vívidamente de cuando toda la familia se juntaba en el predio de Rawson para ver los partidos y algunos entrenamientos. “Como no era un deporte conocido, la gente de Cañuelas no iba. Salvo los familiares, no iba nadie”.

Las pocas fotos de La Térmica que llegaron a nuestros días son obra de José Ponce, quien además de pionero del rugby era fotógrafo. Había aprendido el oficio de forma casi autodidacta retratando las vacas Holando del tambo de su padre —el establecimiento San Carlos— para las fichas de identificación. Hacia los 20 años comenzó a dedicarse a la fotografía como medio de vida y, cuando le tocaba jugar con la ovalada, iba con su cámara para inmortalizar a sus amigos. Una repentina enfermedad y su prematura muerte a los 26 años truncaron una sociedad que imaginó con su hermana: él iba a hacer fotos de casamientos y ella iba a filmar en Súper 8.

El equipo de rugby se diluyó hacia el año y medio de su creación. La confitería duró unos meses más. “Fue un lugar de esparcimiento que inauguró una nueva forma en los locales bailables. De los salones iluminados de los clubes Cañuelas y Estudiantes se pasó a un lugar más reducido, con luz tenue que creaba un ambiente cálido para escuchar música beat y bailar al ritmo de Los Beatles o de El Club del Clan”, sostiene Adolfo. Pero además, cumplió con creces su objetivo de rescatar al Club de Planeadores de la bancarrota: de una decena de socios que había en 1965 pasaron a más de 200 gracias a la difusión que el boliche generó entre los más jóvenes, algunos de los cuales terminaron volcados al deporte aéreo.

Emilio D’Elía, Susana Basualdo, Liliana Pelorosso, Bernardo G. Valicelli, Néstor Gabrielo y Adolfo García (sentado frente a la máquina de escribir) en el boliche La Térmica. A la derecha, Miguel Ángel Vilas, Presidente del Club. Revista Confirmado, 19 de octubre de 1967.

Emilio D’Elía, Susana Basualdo, Liliana Pelorosso, Bernardo G. Valicelli, Néstor Gabrielo y Adolfo García (sentado frente a la máquina de escribir) en el boliche La Térmica. A la derecha, Miguel Ángel Vilas, Presidente del Club. Revista Confirmado, 19 de octubre de 1967.

José Agustín Mahieu (1924–2010) fue un destacado periodista, crítico de cine, ensayista e historiador argentino, considerado uno de los analistas más lúcidos de la historia del cine nacional y latinoamericano. En los 60 solía pasar por la ciudad de Cañuelas para visitar a familiares y fue así como conoció La Térmica. En la revista Confirmado del 19 de octubre de 1967 publicó una colorida reseña sobre la boite cañuelense, a la que definió como una “Mau-Mau rural”.

El título amarillista del artículo (“El galpón escandaloso”) más la foto del Che Guevara en la tapa de la revista (había sido ejecutado diez días antes en Bolivia) generaron alarma entre las familias más tradicionales de Cañuelas cuyos hijos eran habitués de La Térmica. Algunas madres llegaron al límite de prohibirles a sus hijas que concurrieran a ese “antro de perdición” y no dudaron en trasladarle su preocupación a los censores de la parroquia, Antonio Gatti y Horacio Suárez.

La Iglesia, por suerte, puso las cosas en su lugar y no fue necesario ningún exorcismo. Adolfo recuerda que el párroco, que conocía a varios de los jóvenes de La Térmica porque habían sido miembros de la Acción Católica, visitó personalmente el salón bailable y de ese modo quedó descartada la mala fama que el artículo había generado.

Escrito por: Germán Hergenrether