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El día que detuvieron al cura y a vecinos de Cañuelas por “conspirar” contra Perón

Fueron acusados de liderar un grupo “subversivo” responsable de imprimir un panfleto titulado “¡Cristo sí, otro no!”. Permanecieron incomunicados una semana en una comisaría de Temperley.

Fueron acusados de liderar un grupo “subversivo” responsable de imprimir un panfleto titulado “¡Cristo sí, otro no!”. Permanecieron incomunicados una semana en una comisaría de Temperley.

El día que detuvieron al cura y a vecinos de Cañuelas por “conspirar” contra Perón

 Giatti, Garavaglia y Fantino, tres de los apresados.

En 1954 se alteró la convivencia que hasta ese momento mantenían Juan Domingo Perón y la iglesia católica argentina. En algunos discursos de la época el General comenzó a cuestionar a sacerdotes y organizaciones clericales que, desde su punto de vista, estaban haciendo campaña para socavar su autoridad.

El enfrentamiento fue escalando a través de medidas que deterioraron la relación. En marzo de 1955 se suprimieron los feriados con fundamento religioso, con excepción de Navidad y Viernes Santo. El Senado dejó sin efecto la exención de impuestos a las instituciones religiosas y luego el Congreso aprobó convocar a una Convención Constituyente con el objetivo de reformar la Constitución para separar la Iglesia del Estado.

En distintos puntos del país, especialmente en el ámbito estudiantil, se multiplicaron los panfletos, única vía de expresión en una época en la que estaba vedado el acceso a los medios, férreamente controlados por el gobierno central.

En ese marco de creciente conflicto tuvo lugar el llamado “Complot de Cañuelas”, una supuesta campaña urdida por el cura párroco Jesús Borlandelli, el concejal radical Tomás Fantino y varios conocidos vecinos del distrito, con ramificaciones en San Miguel, Tigre, Junín y Mar del Plata. 

El grupo fue detenido y acusado de imprimir volantes titulados “¡Cristo sí, otro no!” con una serie de consignas contra el gobierno peronista. Esos anónimos estaban destinados a ser distribuidos en los actos oficiales del Día del Trabajador, tanto en Cañuelas como en Capital Federal.

Los allanamientos a cargo del comisario Euclides Barcia se iniciaron en vísperas del 1 de Mayo en la casa de Víctor Brignani, comerciante y presidente de la Junta Parroquial de Cañuelas. En su domicilio, según consigna el diario La Razón en su edición del 29 de abril de 1955, se secuestró un mimeógrafo y “gran cantidad de panfletos con frases agraviantes para las autoridades constituidas e incitaciones para alterar el orden público”.

Brignani confesó que el mimeógrafo estaba en su poder desde hacía un mes; que era propiedad de la parroquia Nuestra Señora Del Carmen; y que se lo había llevado el cura párroco Jesús Borlandelli. Agregó que por el mal estado del aparato de impresión fue necesario redactar copias de los panfletos con una máquina de escribir, tarea que realizó ayudado por Jorge Abraham Majul, presidente de los jóvenes de Acción Católica. 



Jesús Borlandelli, cura párroco de Cañuelas en la década del ´50. Archivo InfoCañuelas.
 

En su “confesión”, Brignani mencionó al concejal radical Tomás Eduardo Fantino y al cura párroco Jesús Borlandelli como cabecillas de la “absurda intentona”, describe La Razón.

Los detenidos fueron sometidos a interrogatorios aislados con el fin de quebrarlos. Fantino manifestó que los panfletos se los había dado Brignani; en tanto que Brignani dijo que se los había dado una señora de apellido Dol domiciliada en Ruta 3, y otro individuo llamado Pedro Pérez.

“LA BANDA DEL MIMEÓGRAFO”: LOS DETENIDOS

• Víctor Brignani, comerciante, propietario de un bazar desde hacía 16 años, presidente de la Junta Parroquial de Cañuelas.

• Jorge Abraham Majul, de 24 años, propietario de una tienda en sociedad con su hermano. Presidente del Centro de Jóvenes de Acción Católica y secretario de la Junta Parroquial de Cañuelas.

• Oraldo Andrés Giatti, de 37 años, sastre, domiciliado en calle Eva Perón 679 de Cañuelas (hoy Av. Libertad).

• Héctor Carlos Garavaglia, médico, de 35 años, domiciliado en calle Eva Perón 615.

• Tomás Eduardo Fantino, de 44 años, comerciante, domiciliado en Lara al 500, propietario de un almacén de Ramos Generales desde hacía 24 años. Concejal de la UCR reelecto. El diario El Líder (30 de abril de 1955) hizo especial hincapié en la detención de Fantino al subrayar que “No son ajenos a los hechos los radicales, viejos políticos desplazados, elementos del régimen que aún no se convencieron de que su hora terminó para siempre en la Nueva Argentina”.

• En horas posteriores fueron detenidos otros supuestos implicados, entre ellos Pedro Peredo, cuñado del cura párroco, y la catequista Francisca Arrebillaga, domiciliada en calle Lara. Se la acusaba de “saltar paredones” para distribuir panfletos, algo que resultaba difícil de creer dado su avanzada edad y su voluminoso porte.

Todos ellos permanecieron una semana alojados en una comisaría de Temperley, sin contacto con sus familiares, quienes desconocían su paradero. Ante la falta de pruebas, fueron liberados. 



Panfleto atribuido a los conspiradores. Diario El Laborista, 29 de abril de 1955.
 

Las detenciones de Cañuelas derivaron en el allanamiento a una imprenta de San Miguel donde se confeccionaban los cuestionados volantes. También fueron detenidos el cura párroco de Lincoln, Juan Requena, y José María Torres, de 19 años, un monaguillo de la parroquia San Marcelo de Tigre, acusado de distribuirlos. 

El grupo de Cañuelas, según la prensa peronista de la época, tenía como enlace con otras localidades a Raquel Bello, una vecina de San Miguel “que valiéndose de su condición de mujer penetraba audazmente en lugares donde la actuación de un hombre hubiera quedado de inmediato en descubierto” (El Laborista, 29 de abril de 1955).

Todos los diarios del momento dieron importante cobertura a la “Conspiración de Cañuelas” con amplio despliegue fotográfico. Los diarios opositores a Perón, como La Nación, se limitaron a reproducir un comunicado de la Jefatura de Policía, que señalaba: “Todos los detenidos lideraban una ofensiva envolvente que, comenzando por perturbar la tranquilidad de las poblaciones lugareñas con una guerra de nervios, debía rematar en los actos del 1 de Mayo, locales y de Capital Federal. La índole de los folletos secuestrados prueba la existencia de un plan concentrado en una sola mano o en muy pocas. Todos ellos se orientan a impresionar a la opinión pública para que los disturbios se atribuyan a elementos peronistas y no a las fuerzas opositoras clericales” (La Nación, 30 de abril de 1955).

Luego de su regreso a Cañuelas el padre Borlandelli retomó su labor parroquial y los demás detenidos volvieron a sus quehaceres. Nunca más hablaron públicamente del incidente, que quedó archivado en la memoria familiar como un doloroso suceso de la grieta entre peronistas y antiperonistas.

 

 

 

 

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