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Wild Wild Country

América doblemente salvaje. Escribe: Cristian Marques.

América doblemente salvaje. Escribe: Cristian Marques.

Wild Wild Country

 El gurú Osho, amante de los lujos.

Los hermanos Maclain y Chapman Way son los creadores de uno de los relatos documentales más bizarros y demenciales que se hayan visto jamás: Wild Wild Country.

Maclain y Chapman se encontraron años atrás con más de 300 horas de material audiovisual que aparentemente nadie había visto. Este material contenía una de las historias más alucinantes jamás contadas que tras 4 años de intenso trabajo por parte de los hermanos Way, vio finalmente luz en Netflix este año.

La miniserie desarrollada en seis capítulos de alrededor de una hora de duración cada uno, relata la historia del polémico gurú indio Bhagwan Shri Rajnish (Osho), su asistente personal Ma Anand Shila y el origen, auge y decadencia de la congregación Rajnishpuram en el Condado de Wasco, Oregón. 

A través de diferentes testimonios, entrevistas y secuencias de imágenes recuperadas de las cámaras de los rajnishes, la serie documental muestra como estos últimos arribaron en la primera mitad de los años 80 a la pequeña ciudad de Antelope, un pueblito con solo unas decenas de habitantes, para allí empezar a construir su propio paraíso en la tierra: una utópica ciudad espiritual, de amor libre y sin clases sociales destinada a los seguidores de Osho.

Osho fue un gurú espiritual muy carismático cuyos libros hoy día se venden a millones; era conocido por poseer decenas de Rolls-Royce y sus gustos por las joyas. Una especie de estrella de rock de la espiritualidad que usaba técnicas de meditación fuera de lo común —buscaba llegar a un estado de trance usando el movimiento para provocar la catarsis y liberar los bloqueos—.

Como maestro del sexo tántrico decía que el ser humano tiene dos caminos: reprimir el sexo o transformarlo. Se oponía a las doctrinas religiosas y a las instituciones establecidas. Su mensaje era: “Estoy disponible a todos, sean judíos, musulmanes o comunistas. No tengo un programa que inculcar, por el contrario, mi trabajo es desprogramarlos. No creo en esas cosas que las estúpidas religiones les han prohibido. Esas que les impiden llegar a Dios”. Sus seguidores iban desde personas de clase baja de la India hasta gente de clase media y alta del mundo occidental que incluían abogados importantes, personas del mundo de los negocios y artistas.

En 1981, Shila, la secretaria de Osho, viaja a Estados Unidos y compra una hacienda de 32 000 hectáreas conocida como Big Ranch Muddy por 6 millones de dólares. La hacienda agreste y escabrosa, se ubicaba en el medio de la nada, tenía colinas escarpadas y ondulantes. Con la ayuda de los profesionales que seguían la ideología de Bhagwan comenzaron a construir la ciudad sagrada de los rajnishes con una visión de albergar en el medio del desierto a 50 000 habitantes aislados del mundo.

Cuando recién habían llegado, los rajnishes se presentaron como una comuna agrícola que solo quería cultivar su tierra, seguir su religión y ser buenos vecinos. Los 40 habitantes de Antelope eran en su mayoría matrimonios mayores y rancheros jubilados, de tradición cristiana y conservadora que desde el comienzo no miraron con buenos ojos a los rajnishes sino con temor y recelo: y los problemas no se hicieron esperar, al principio fueron pequeños roces relacionados con problemas “morales”; con el tiempo llegaron a ser denuncias por parte del pueblo contra los nuevos vecinos.


“Estoy disponible a todos, sean judíos, musulmanes o comunistas.No creo en esas cosas que las estúpidas religiones les han prohibido."
 


Pero en lo que se convirtió el asunto es digno de las mejores historias de ficción, si no se vieran las imágenes no se creería lo que sucedió en Oregon: el mayor caso de bioterrorismo, fraude inmigratorio y de escuchas ilegales de la historia de los Estados Unidos; armas, FBI, incorporación de gente de la calle para ganar votos y más. De pronto ya no es solo un enfrentamiento entre vecinos de pueblo, sino una disputa entre el culto y la maquinaria política y judicial de Estados Unidos. Lo que en un principio se ve como una historia utópica va desviándose de forma escabrosa hacia lo distópico.

Wild Wild Country expone los enfrentamientos entre identidades y creencias religiosas, la intolerancia hacia lo desconocido, cómo actúa la maquinaria estatal a conveniencia. Las posturas de los bandos nunca quedan claras, los hermanos Way van soltando las verdades y mentiras de ambas partes de forma gradual y de manera inteligente. Plantean una historia de ambigüedad moral donde no hay buenos ni malos, no cierran con respuestas, sino que ofrecen al espectador la posibilidad de razonar críticamente dejándole la opinión final.

Más allá de la inverosímil sucesión de acontecimientos que se presentan en la serie, la gran protagonista es, sin lugar a dudas, Ma Anand Shila. La secretaria personal de Osho —el rango más alto del que podía preciarse un rajnish— es un personaje de un carisma único. Queda en el lector descubrir y sin duda asombrarse de esta indescifrable mujer que no se detiene ante nada.

Cada capítulo de Wild Wild Country es más fascinante e insólito que el anterior. Todos los elementos de las mejores obras de ficción se reúnen: amor, muerte, traición, sexo, dinero, política, religión y todo lo que uno se pueda imaginar. Sin dudas aquí la realidad supera a la ficción ampliamente y lo deja a uno boquiabierto.

Cristian Marques
Cinéfilo y aficionado a las series

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