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Las pinzas del cangrejo

La reforma judicial, un velo que esconde mucho más que la búsqueda de la impunidad. Escribe: Carlos Laborde.

La reforma judicial, un velo que esconde mucho más que la búsqueda de la impunidad. Escribe: Carlos Laborde.

El cangrejo (léase en adelante cangreje/cangrejx) es un crustáceo decápodo-artrópodo. Se lo conoce por su rica carne y la pintoresca costumbre de caminar hacia atrás, lo que no es cierto ya que se desplaza de costado. Sin embargo, tal confusión lleva al desdoroso “caminás como el cangrejo” y a otras vulgaridades que vale omitir. El primer par de patas, de sus cinco por lado, ha evolucionado hasta convertirse en pinzas que utiliza para la captura y manipulación del alimento, para el cortejo y para la lucha. En el mundo bélico se ha popularizado la operación de pinzas como un ataque envolvente muy apreciado por los generales.

Dejando el mundo animal vemos que las operaciones de pinzas son materia permanente del agonismo del poder. Y advertimos también que la depredación política superó al cangrejo al mutar en pinzas con muchas más patas que dos. De esto se trata, en síntesis, el mecanismo de apropiación de la justicia argentina puesto en marcha por el gobierno.

La primera pinza promueve el proyecto de ley de reforma judicial. El que piensa que esto es lo más, se equivoca. Se lo muestra como emblema, pero es apenas el brulote para hacernos creer que su promulgación es el fin máximo perseguido cuando, en realidad, es un mero artificio para nombrar jueces adictos, cuyo obrar dañoso se apreciará en el futuro, pero que dentro de la urgencia de la Vda. de Kirchner para acomodar sus abundantes procesos, resulta tardío e insuficiente, lo que la lleva a recurrir —como veremos— a otros pares de patas-pinzas. 

Sin embargo, queda de este proyecto de reforma judicial un detalle que no es menor: en quince minutos, a espaldas de la oposición, en sesión virtual del Senado, y más allá de lo despachado en labor parlamentaria, se agregaron al proyecto la creación de innecesarios juzgados y cámaras de apelaciones en todo el país, en lugares remotos, despoblados, que generarán la designación de un sinnúmero de magistrados y funcionarios (940 en lugar de los 284 previstos). Nombramientos muy útiles para canjearlos por votos en la Cámara de Diputados. 

Si la política albergara un mínimo de ética, sería impensable el tráfico de votos; pero aquí es posible, histórico. Los señores feudales provinciales podrán negociar votos en el Congreso a cambio del nombramiento de jueces amigos que les darán el poder de manipular a gusto los nuevos juzgados y cámaras federales a crearse en sus provincias. Así forman las mayorías. Toma y daca. 

El segundo par de pinzas tiene una misión mucho más directa y eficaz para liberar a la viuda de sus penurias: el ataque furibundo contra el Dr. Casal, Procurador General de la Nación, que intentan desde los más diversos flancos. Este hombre es funcionario de carrera, reconocido por su calidad técnica y moral, que llegó al cargo por vacancia ante la oscura renuncia de Gils Carbó; no lo impulsó ningún partido, asumió por una mera ubicación escalafonaria. ¿Lo libera su asepsia política del ataque de las pinzas? No, porque lo que la procesada viuda necesita no es ni ecuanimidad ni independencia; necesita militancia y sometimiento. 

El gran pecado político de Casal —como jefe de los fiscales— fue no haber apoyado el operativo de destitución del fiscal Carlos Stornelli promovido a través del “operativo puff”, que nació en la cárcel de Ezeiza y continuó en el Juzgado Federal de Dolores, con el objetivo de nulidificar la causa de los cuadernos. Ahora lanzan una esperpéntica Armada Brancaleone para acecharlo con acusaciones trasnochadas. E inventaron algo más avieso con el objetivo de expulsar a Casal mediante jury de enjuiciamiento de fiscales: revocaron la pertenencia de un miembro titular de ese jury y lo reemplazaron por otro de médula kirchnerista, para asegurarse un voto más si lograren sentar al Procurador en el banquillo de los acusados. 

Los senadores de la oposición denunciaron la irregularidad y extemporaneidad del acto, pero los acusadores impusieron su mayoría. Peronismo de manual.

Un tercer par de pinzas se dirige contra tres jueces federales en funciones, Bruglia, Bertuzzi y Castelli. La captura de estas presas tiene un fin tanto vindicativo como preventivo. Dos han participado en procesos contra la Vda. de Kirchner y fallado en contra de sus intereses, y uno la juzgará en tribunal oral. Por ende, no pueden seguir. Se alzaron contra la jefa suprema y deben pagar por ello y no molestar más en el futuro. Así de simple. La pinzadura comenzó con una denuncia en el Consejo de la Magistratura cuestionando la legitimidad de cierto aspecto de la competencia de origen de estos jueces. La votación estaba empatada y desempató la ágil contorsionista Graciela Camaño decidiendo reenviar los nombramientos de estos jueces al Senado para que confirmen la validez de sus nombramientos. 

Grave y tal vez intencional error jurídico: el camino para tal cuestionamiento era el contencioso judicial, porque se trataba del intento de revocación de un acto administrativo, y no del proceso político de su designación, que ya se cumplió hace años y está precluido; son jueces en funciones, a los que ya el senado había dado acuerdo. Dada la composición actual del senado, es fácil imaginar el resultado de la vía política, los infames rebeldes deben pagar su desacato a la intocable y, de paso, ser reemplazados por gente adicta, “gente de bien” como diría el presidente de la Nación. 

De esta manera se apoderan de dos puestos claves en la Cámara Federal y de uno en un Tribunal Oral, donde, justamente, se juzga a la vicepresidenta, y ponen a tiro de nulidad las resoluciones que estos jueces ya firmaron. 

La ofensiva de pinzas tiene un cuarto ataque que ha pasado casi inadvertido y se realiza para poner las bases de una eventual nulidificación de la causa de los cuadernos. La batalla se libra en la UIF donde se ha desplazado al grupo de funcionarios que investigó la conducta fiscal de los procesados en la causa cuadernos con la intención de hacer caer la validez de tales informes e intentar por esta nueva vía la nulidad del procedimiento. Más de lo mismo, nada tiende destruir acusaciones o a demostrar inocencias, sino a escudarse detrás de chicanas procesales y del paso inexorable del tiempo, que en tribunales no condena, libera.

Esta es la fábula del cangrejo y de sus pinzas, y de un mascarón de proa engañoso —el proyecto de ley de reforma judicial— que tapa varios manejos laterales más eficaces y rápidos para que zafen los procesados por corrupción y, de paso, vengarse de los opositores mediante el armado de denuncias. 

Por eso, el ataque al poder judicial debe interpretarse en conjunto, sin caer en la apariencia de que solo el proyecto de reforma persigue la impunidad de los corruptos, hay mucho más. En verdad, el andar de este cangrejo no nos lleva hacia adelante, ni siquiera hacia los costados; se cumple el estigma del artrópodo, caminamos hacia atrás.

Carlos Laborde
Abogado y escritor

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