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07 de junio. Cañuelas, Argentina.

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La iglesita de Eiffel

Escribe: Ana María Cúneo, una cañuelense en el extranjero.

Cañuelas tiene un “castillo”, Buenos Aires tiene el obelisco, Roma tiene el Coliseo, Pisa tiene su  torre inclinada, y los Estados Unidos tiene la Estatua de la Libertad. En Latinoamérica hay  muchas ruinas precolombinas y otras construcciones más recientes que se han convertido en el símbolo de cada región. 

En el estado mexicano de Baja California, entre 1683 y 1834, sacerdotes españoles jesuitas, franciscanos y dominicanos, construyeron 27 misiones. Con el tiempo, poblaciones fueron creciendo alrededor de cada misión. La excepción fue el poblado de Santa Rosalía. 

Situado en la costa este de la península, dominando las aguas del Mar de Cortés, este pueblito pequeño y dormilón fue el único construido por franceses. Y el gran orgullo de Santa Rosalía siempre ha sido su humilde iglesia prefabricada. 

Según lo que cuenta la historia, en 1885 un geólogo francés de la Casa de Rothschild adquirió en esa zona los derechos a una mina de cobre, formando la Compagnie du Boleo. En poco tiempo, la empresa desarrolló la infraestructura del pueblo, construyendo caminos nuevos y tuberías para la conducción de agua, así como también atrayendo rancheros y granjeros para proveer a los mineros con todo lo necesario. Con el tiempo, Santa Rosalía comenzó a progresar, pero lo único que aún no tenía era una iglesia. 

Se dio la suerte que, por esa época, Alexandre Gustave Eiffel, el ingeniero que diseñó la famosa Torre Eiffel de Paris, estaba construyendo un prototipo para iglesias misioneras destinadas a las colonias francesas tropicales en África. El resultado fue una iglesia prefabricada de estilo gótico francés —construida de placas estampadas de hierro galvanizado— que era tan fuerte que podía resistir tormentas y hasta un huracán.  

Eiffel exhibió su iglesia en la Exposición Mundial de París en 1889, al lado de su obra maestra: la Torre Eiffel. La originalidad y robustez del pequeño edificio llamaron la atención de los jueces, quienes le otorgaron el primer premio por diseño. Cuando la exposición llegó a su fin, Eiffel almacenó su iglesia en una bodega de Bruselas, donde permaneció por varios años acumulando polvo.

En 1894, las esposas de los ingenieros franceses que trabajaban en la mina de Santa Rosalía, decidieron al fin resolver su apremiante necesidad de tener un lugar de devoción. Con ese objetivo, despacharon a Europa a Charles Laforgue, el director de la compañía minera, quien adquirió la creación de Eiffel y la envió por barco a Baja California. Al llegar a Santa Rosalía, en 1897, la estructura fue consagrada como Iglesia de Santa Bárbara.

Placa que resume la historia de la singular iglesia metálica.

Recientemente, una historiadora puso en duda la procedencia de la iglesia, pero esa opinión ha sido ardientemente debatida. En todo caso, una vez adentro, el trabajo indiscutible de un artista es evidente y consistente con el estilo de edificios diseñados en esa época por el taller de Eiffel. 

Hoy, el norte de Baja California es un lugar frecuentemente visitado por turistas, quienes no van atraídos por las misiones españolas, las majestuosas montañas, las playas inmaculadas, ni sus áridos paisajes salpicados de saguaros, íconos del desierto de Sonora.  Todos llegan a Santa Rosalía a ver la iglesita que construyó Eiffel.

Escrito por: Ana María Cúneo