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La cabra al monte tira

El refugio del peronismo a criminales nazis y la actual simpatía del gobierno argentino por los peores regímenes autocráticos es una continuidad que vuelve a colocar al país en el lugar equivocado del mundo. Escribe: Carlos Laborde.

El refugio del peronismo a criminales nazis y la actual simpatía del gobierno argentino por los peores regímenes autocráticos es una continuidad que vuelve a colocar al país en el lugar equivocado del mundo. Escribe: Carlos Laborde.

Un ingeniero observa que las grietas del muro se han agrandado, que están rotos los testigos de yeso y que el edificio amenaza ruina. Sin embargo, cuando redacta su informe dice que lo que se necesita es reponer los zócalos de las habitaciones y cambiar el piso de los baños, tareas a las que se dedica la empresa que integra. De igual manera el gobierno sabe que el país se derrumba, que la economía no aguanta, que la salud está estragada, que la seguridad no existe y, sin embargo, demuestra su máximo esfuerzo en bregar por la ley de designación y remoción de los fiscales, la modificación del Consejo de la Magistratura, el nombramiento de jueces adictos y la reforma integral de la justicia federal. ¿Es torpe aquel ingeniero? ¿Lo es este gobierno? 
No, no son torpes, son despreciables. No dudan en poner en riesgo la estabilidad de aquel edificio y la subsistencia de esta República, para lograr la concreción de sus propios intereses: vender sus productos el ingeniero; zafar de la cárcel la vicepresidenta. 

Dicen algunas malas lenguas que para eso la Vda. de Kirchner le ofreció a Fernández el empleo de presidente. Algo parecido a Victoria Donda, que ofreció a su doméstica un plan social o un puesto en el INADI para que no la demandara. Malas costumbres de la jefa que siguen sus súbditos. 

Algo similar ocurre en materia de política internacional, donde el gobierno, a espaldas del mundo civilizado, se ha convertido en defensor, encubridor diría, de dictaduras criminales como las de Venezuela, Nicaragua, Cuba o Irán. El gobierno encamina su política a un único rumbo, los intereses o caprichos de la lideresa del movimiento gobernante. 

Estos ayuntamientos no son nuevos en el peronismo. Cuando su fundador fue derrocado e inició el camino del exilio, no pensó asilarse en Francia, Australia, Suecia o Canadá; recorrió las satrapías de sus amigos dictadores, el Paraguay del cruel Stroessner, Somoza de Nicaragua, Pérez Jiménez de Venezuela, el torturador Trujillo de la República Dominicana, para concluir en brazos del Generalísimo Franco, de la España falangista. Todos impresentables, y algunos sádicos criminales. Pero lo dice el refrán: la cabra al monte tira.

¿Es la única similitud de la actual lideresa con el fundador del movimiento en la protección de sujetos despreciables? No, hay aristocráticos antecedentes. El historiador Uki Goñi (*) nos ofrece los nombres y vínculos de Perón con célebres colaboracionistas de los nazis que se dedicaron en los albores del peronismo a la protección de genocidas alemanes, franceses y croatas en huida. Personajes tales como Santiago Peralta, jefe de la Dirección de Migraciones hasta 1947, fanático antisemita; Charles Lesca, operador del rescate de nazis en fuga vía Madrid; Juan Carlos Goyeneche, agente especial de Perón vinculado con Himmler y Goebbels; Ludwig Freude, amigo íntimo de Perón y recaudador de los aportes nazis a su campaña presidencial; su hijo, Rodolfo Freude, jefe de la División Informaciones de Perón, agencia que se encargaba de introducir nazis al país; y muchos más, como que en 1948, ya lejos de la inmediatez bélica, importó al criminal de guerra croata Ante Pavelic y lo designó su consejero de seguridad, a la par que recibió criminales croatas que huían de Yugoslavia. 

Según Jorge Camarasa (**), el genocida Pavelic embarcó en Génova hacia Buenos Aires con la protección de ciertos sectores de la Iglesia Católica (el vicario castrense Antonio Caggiano, luego Arzobispo de Buenos Aires y Cardenal Primado de la Argentina, fue el representante de esta “agencia de viajes” en Génova). Según un documento del Central Intelligence Corps norteamericano, el führer croata estaba en contacto con el subsecretario de Estado vaticano, Giovanni Batista Montini, quien años después sería Papa con el nombre de Pablo VI. En Buenos Aires, Pavelic y sus croatas encontraron un refugio ideal a la sombra del peronismo gobernante y crearon el llamado “Gobierno Croata en el Exilio” —presidido por el propio Pavelic— y luego la Agrupación Croata del Movimiento Peronista para los Extranjeros.

Como se ve, nada nuevo bajo el sol de un día peronista. La lideresa tuvo un buen maestro.

Setenta años después, el gobierno de Cristina Kirchner, fuerza con su mayoría absoluta parlamentaria un extraño pacto de entendimiento con la República Islámica de Irán, no sabemos a la fecha con qué intenciones ocultas —aunque existe una grave denuncia de un fiscal federal para determinarlas—, que fue declarado inconstitucional por la justicia, y no sirvió en absoluto para destrabar el manto de impunidad que cubre el espantoso atentado contra la AMIA. Como colofón, el fiscal que investigó y denunció los entretelones del pacto fue asesinado un día antes de su informe ante el Congreso. El crimen, a la fecha, no fue esclarecido. Hoy la vicepresidenta lucha por zafar de la condena por encubrimiento del criminal estrago. No hay mucha diferencia ideológica en apañar criminales nazis y criminales iraníes, juegan en equipos similares.

¿Es todo? No, no es todo. En esta misma semana Carlos Pagni (en línea con los cuadernos de Centeno de Diego Cabot, la conexión Panamá de Alconada Mon, las denuncias filmadas de Jorge Lanata, la advertencia sobre el pacto iraní de Pepe Eliaschev —¡cuánto le debe la República al periodismo!—) informó al país sobre la veracidad de la presunción que se tenía del direccionamiento político en la compra de vacunas a la autocracia rusa que, además, incumplió el contrato. La cuestión saltó por el hallazgo de la carta de una ignota asesora del gobierno a las autoridades sanitarias rusas donde reconocía expresamente que la compra de las vacunas Sputnik tuvo que ver con intereses geopolíticos ocultos que costaron, por falta de entrega y omisión de tratamiento, la vida de muchos argentinos; que al reclamar su llegada específica para los festejos presidenciales del 9 de Julio queda manifiesto el uso propagandístico que se daría a las vacunas; y se blanquea que las famosas segundas dosis no llegarán en tiempo y forma contractual. Todo esto escrito y firmado.

Sumemos la vergüenza del vacunatorio VIP, y con tal material nuestros anodinos fiscales deberían empezar a evaluar la posible violación de varios artículos del Código Penal y promover las necesarias denuncias, porque con una praxis correcta y sin “saltarse la fila” se hubieran evitado un importante número de muertes inocentes de las que la mala praxis del gobierno es responsable. Caído el último velo, la verdad queda desnuda.

Este somero paseo por la historia nos muestra que ciertas cosas ocurren porque dejamos que ocurran. Tal vez un análisis más prolijo de antecedentes a la hora de votar impediría dar confianza a quienes no la merecen, porque siguen aferrados a determinadas lealtades y prácticas corruptas, ya sea con nazis y croatas, con Ortegas y Maduros, con Putines y Sigmans o con teócratas iraníes. La historia muestra que la sangre tira. 

Carlos Laborde
Abogado y escritor.

(*) GOÑI, UKI. “La auténtica Odessa”. Paidós, 2003.
(**) CAMARASA, JORGE. “Los máximos criminales de guerra croatas vivieron en la Argentina”. La Nación, 10 de abril de 1998.

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