23 de junio. Cañuelas, Argentina.

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En un mismo lodo todos manoseados

“Las excusas que han dado los radicales y los del Pro por su complicidad con la sanción de la ley que permite la re-reelección de los intendentes son excusas peronistas en bocas ajenas. Se muestran como más de lo mismo”. Escribe: Carlos Laborde.

La santidad de la palabra no es un concepto nuevo. La Biblia, en Juan (1,1), expresa: “En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios y el Verbo era Dios”. O sea, que desde la antigüedad la Palabra era Dios y tenía un valor sagrado; tomando esta cita como mero documento histórico, sin incursionar en temas de dogma. Para nuestros abuelos y bisabuelos, su palabra de honor superaba cualquier documento y le hacían gala aún en trance de muerte. Con la relativización de los valores, la santidad de la palabra se ha devaluado hasta llegar a la aceptación del doble discurso y la mentira sin que a sus agentes se les mueva un pelo y la sociedad lo tome como algo común y aceptable. En este punto de degradación estamos. 

La mentira en el actual gobierno no sorprende a nadie, hace de ella un ejercicio cotidiano. El peronismo es un partido de poder, no de principios, que luce en su genoma la idea de que el fin justifica los medios y, por ende, mentira, traición o delito, si sirven a sus fines, son aceptables.

Distinto ha sido en el discurso el mensaje opositor. Hablaron de honestidad, democracia, república y han sostenido estos principios; pero en los aciagos días de transición entre 2021 y 2022 ocurrieron hechos que merecen serio reproche y ponen luz roja sobre la conducta de muchos integrantes del frente opositor. ¿Se descascara en Juntos por el Cambio la conducta principista, o todavía mantiene en sus entrañas la capacidad de repeler las pústulas de la ambición personal que degradan su discurso y traicionan la expresa voluntad del electorado que los llevó a las instancias de poder que ejercen?

El sol de la discordia alumbró primero el cisma radical con la secesión de Evolución que dividió la representación en la Cámara de Diputados. No es una buena señal. Por ahora han repetido a la comunidad que es solo una cuestión formal pera que votarán siempre unidos al resto cambiemita. Veremos.

La aprobación de la nueva ley de bienes personales propiciada por el oficialismo, dejó dudas tanto en diputados como en senadores. La aprobación en diputados se debió exclusivamente a la defección de dos diputados de Juntos, que decidieron gozar de sus vacaciones cuando el Congreso sesionaba con temperatura interna de fuego. La diputada radical asombró con su defensa: no sabía que continuaban las sesiones, dijo. Mueve a risa pero es para llorar. El diputado del Pro, no consiguió vuelo para su regreso desde Alemania, problema internacional manido durante la pandemia que debería haber considerado. 

¿Desidia, irresponsabilidad, ignorancia? No sabemos. Lo grave es que en algunas voces enojadas también transitan otras especulaciones.

Cuando el proyecto pasó al senado, el oficialismo no conseguía el quórum para tratarlo. Pasaron los treinta minutos desde el llamado a sesión sin que el quórum se lograra y, por reglamento, la sesión había caído, había caducado. Pero habíamos olvidado la existencia de la Vda. de Kirchner, presidenta del senado, amoral consuetudinaria, quien diez minutos después del cierre reglamentario de la sesión, concluido el tema, cuando le avisaron que habían conseguido a una tránsfuga para sentar en el recinto, no tuvo empacho en reabrir el acto perimido para aprobar la ley con el quórum justo y la mínima diferencia de un voto: el voto tránsfuga. La oposición planteó en la justicia la nulidad del acto, pero sabemos que la justicia no acepta inmiscuirse en cuestiones reglamentarias del Poder Legislativo, así que el rechazo está casi asegurado. Raras cosas pasan: impericia, complicidad; vaya a saberse. Pero el pueblo que votó, mira, observa y anota.

El escándalo de la re-reelección de los intendentes en la Provincia de Buenos Aires superó todos los estándares de tolerancia. Se traicionó el principio básico republicano de la alternancia en el poder, con sus consecuencias prácticas fundamentales: evitar el enquistamiento de caudillos o de dinastías familiares o de poder, que por dolo o simplemente por laxitud promueven a lo largo de los años el clientelismo, el todo vale, la connivencia con el juego, el narcotráfico o el crimen organizado. Una visión más piadosa los puede considerar inservibles de solemnidad para ganar buenos sueldos y demás ventajas en ninguna otra cosa que no sea el conchabo público; y allí se anotan y se aferran, con ingresos muy superiores a los que se otorgan a maestros o policías. Una correcta alternancia es buen antídoto para estos venenos. Las excusas que han dado los radicales y los del Pro por su complicidad con la sanción de la ley son poco claras, pero en rigor son excusas peronistas en bocas ajenas, porque se valen del axioma oficialista de que el fin justifica los medios; se igualan para abajo y se muestran como más de lo mismo. 

Poco claro también es haber pergeñado un decreto reglamentario que destruía el espíritu de la propia ley que prohibía la reelección indefinida y dejó la fisura para el ataque. ¿Acaso alguno de los autores o firmante de ese decreto se ve ahora beneficiado con la cancelación de la ley? Vale leer los nombres de los firmantes. El pueblo votó otra conducta para sus representantes. Por suerte, varios referentes importantes de Juntos han hecho público un expreso repudio a la conducta de sus colegas. 

Pero si algo contradice en sus cimientos los conceptos éticos fundacionales de la coalición opositora, es el episodio en la sede central del Banco Provincia en la ciudad de Buenos Aires. Los contradice desde el método hasta el contenido. A través de los buenos oficios del actual gobierno, que no tiene pudor ni memoria, se ha sabido que se utilizó el aparato de inteligencia del Estado para el espionaje interno, con peligro de posibles prácticas extorsivas que tales conocimientos generan en manos de sujetos que carecen de la mínima idoneidad moral. Y que altos funcionarios del Estado estarían involucrados en una maniobra que incluía el apalabramiento de jueces y fiscales. ¿Estaba mal querer acabar con el conocido imperio criminal del Pata Medina? No, es función del Estado perseguir la delincuencia. ¿Está mal proyectar la estrategia de un juicio y analizar la prueba a valerse? No, no está mal, es lícito y necesario, todos los abogados lo hacemos. Pero éste es el límite, no se puede “fabricar” pruebas ni sobornar testigos. Y la filmación muestra que dicho límite se ha superado entrando al campo de lo ilegal. Sin embargo, para esos funcionarios que militan en la oposición y dicen no ser peronistas, también, como para estos, el fin justificó los medios. Han pasado el límite ético que los votantes de Juntos por el Cambio exigen a sus funcionarios, y deben rendir cuentas. Además, el uso dado al término Gestapo por el ex ministro de trabajo, hace pensar en un fallido o en una añoranza, lo que en ambos casos es degradante. Tal vez la ex gobernadora debería haber sido más prolija en la elección de sus colaboradores.

Y para cerrar el círculo áulico: el lamentable himeneo entre Gerardo Morales y el gólem de Cristina ha servido para exponer serias divergencias de cómo debe ser la relación con el oficialismo, y cuál es el límite de tolerancia con las maniobras del gobierno, teniendo además muy en cuenta la fluida relación del radical con el siempre oscilante Sergio Massa, advertencia de un contacto cercano no menor. Las diferencias internas deben saldarse con un diálogo profundo y no con frases hirientes que se dejan caer como al pasar, pero lastiman las buenas formas de convivencia. La transversalidad y el acuerdo siempre son válidos, pero no olvidar que el que se acuesta con chicos, amanece mojado. Antes de compartir el lecho hay que ajustarles bien los pañales.
Estas conductas le hacen el caldo gordo a los adalides del antisistema, como Milei y, en parte, Espert; caminos muy peligrosos, cuyos fracasos ya hemos visto en otros países. Cambiemos debe estar muy atento en cumplir los principios éticos que ha proclamado y que el pueblo ha votado; si vuelve a pisar la banquina, el camino a la zanja es inexorable.

Ya lo anticipó la poesía del siglo XVII (*): Fabio, las esperanzas cortesanas / prisiones son do el ambicioso muere / y donde al más activo nacen canas. // El que no las limare o las rompiere, / ni el nombre de varón ha merecido, / ni subir al honor que pretendiere.
Y lo ratificó nuestro tango (**): Vivimos revolcaos en un merengue / y en un mismo lodo todos manoseaos. 

Y Discépolo sabía bastante de esto, era militante peronista.

Carlos Laborde
Abogado, escritor.

*EPÍSTOLA MORAL A FABIO. Poema anónimo del siglo XVII atribuido Andrés Fernández de Andrada.
**CAMBALACHE. Tango. Enrique Santos Discépolo.

Escrito por: Carlos Laborde