Volver a sección

| Columnistas

El zorro cuidando las gallinas

Sorprendentemente, la Defensoría del Pueblo de Cañuelas quedó a cargo del oficialismo. Escribe: Natalia Blasco.

Sorprendentemente, la Defensoría del Pueblo de Cañuelas quedó a cargo del oficialismo. Escribe: Natalia Blasco.

En diciembre de 2016 todavía soplaban vientos de cambio en la provincia. El Senado, en su nueva conformación, había logrado consensuar y así dar cumplimiento a la ley que establecía la designación del Defensor del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, cargo que había permanecido vacante por dos años, desde que se había vencido el mandato del anterior Defensor, de 5 años, sin que el gobierno por entonces de turno hubiese gestionado un nuevo nombramiento.

Guido Lorenzino, ex diputado y funcionario del gobierno sciolista, fue designado en el cargo de Defensor del Pueblo.

Así, el sentido originario de cualquier órgano de control constitucional, comenzaba a cumplirse. Un organismo de derechos humanos encargado de velar por la promoción de “los derechos individuales y colectivos de los habitantes de la provincia de Buenos Aires y quienes se encuentren en tránsito por ella” que ”Controla las instituciones y funcionarios de gobierno para el cumplimiento de sus deberes y el respeto de la Constitución y las leyes, ejerciendo la magistratura de opinión y persuasión no a través de la confrontación sino de la colaboración crítica”, quedaba en manos de la oposición, y de esa manera se aseguraba la equidad de cada trámite y cada dictamen como también permitía dar a los ciudadano la confianza en un verdadero contralor de los actos de gobierno, atento no estaría atado al gobierno de turno ni a una bandera política.

Prontamente, el intendente Cañuelense en uso de licencia, Gustavo Arrieta, corrió a las oficinas del Defensor para gestionar la apertura de una oficina en nuestra ciudad, y así se selló el compromiso de comenzar a gestionarla, tal como rezó un artículo periodístico fechado en 30/01/2017.

Tres años después y con la firma de un convenio marco en abril de 2017 y un nuevo anuncio de apertura en plena campaña 2019, pareciera que lo prometido ya no es deuda, y en marzo los cañuelenses tendremos un lugar estatal que vele por nuestros derechos.
Algunos de los temas que podríamos confiar al funcionario de turno serían el reclamo por algún problema que nos aqueje en relación a la salud pública municipal, ya sea por la falta de profesionales en el hospital o por el estado calamitoso de las salitas de los barrios; también podríamos reclamar por la falta de prestación de los mínimos servicios de barrido y limpieza de calles y zanjas y/o recolección de ramas basura, o por la falta de funcionamiento del EcoPunto o de un Plan de Gestión de Residuos que incluya la selección en origen y el reciclado de todo lo que se pueda reciclar; o por el excesivo aumento de las tasas municipales o provinciales, en plena situación de emergencia provincial y nacional. 

Del mismo modo, podríamos pedir la finalización de la bajada de la autopista o tal vez la puesta en funcionamiento de alguna comisión que se ocupe de los camino Rurales; como también podríamos solicitar que el Defensor del Pueblo gestione y recomiende al ejecutivo municipal, la implementación de algún medio de pago de las tasas y servicios municipales para los habitantes de las localidades. 

Siendo más “materialista”, algún jubilado podría acercarse para averiguar cómo es eso del achatamiento de la pirámide jubilatoria y cómo hacer para que se le mantenga la relación con la jubilaciones mínimas, atento durante toda su vida aportó el triple que un trabajador común.

Y ojo, que lejos estoy de inventar o de soñar semejantes quijotadas, atento temas como los mencionados han sido materia de resoluciones, reclamos, declaraciones, y/o recomendaciones desde la misma Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires o alguna de sus delegaciones, durante los últimos años, haciendo funcionar el aparato del Estado en defensa de los derechos del ciudadano reclamando ante cualquier organismos estatal la recomposición del equilibrio perdido. 

Aunque se haya extralimitado y haya confundido la función política con la función pública, midiendo con distinta vara a propios y ajenos, ya sea en tema tarifas, docentes, salud pública, o más cercano aun con el tema de los ¡médicos truchos!, cuestión en la que intentaron dar un viso de legalidad a todas las irregularidades en la contratación y posterior red administrativa pero asombrosamente, pareciera se quedaron en el intento, dado que nunca se conoció ninguna resolución al respecto.

Pero como todo lo que reluce no es oro, nuestras expectativas de asesoramiento y gestión imparcial parecieran diluirse, cuando nos encontramos con el anuncio de que el funcionario a cargo no dependerá de otra cosa más que del pago de un acuerdo político, dejando una vez más al ciudadano de a pie lejos de la garantía de controlar las instituciones y funcionarios de gobierno sin intereses partidarios o amiguismos. 

Porque más allá de los nombres y de los títulos, nos basta saber que la titular de la oficina local es una militante, ex funcionaria de la gestión Arrieta-Fassi, pareja de un concejal oficialista, dirigente de uno de los espacios aliados del gobierno, como es Volveré, e integrante como 1º consejera escolar de la lista que pretendió disputar la candidatura a la actual intendenta y mágicamente habiendo sido proscripta por el mismo partido, decidió obedecer y encolumnar su gente y sus pretensiones atrás del oficialismo. Hoy podemos saber que no fue en vano: ¡el pago está a la vista!

Nadie y mucho menos yo, -que conozco a Carolina Rasquetti desde hace años y de distintos ámbitos- puede desconocer ni poner en tela de juicio el don de gente, ni la capacidad, y mucho menos la empatía que podría desarrollar en su puesto, pero ese no es el punto; o no debiera serlo. 

Creemos fervientemente que es hora de dejar de usar los cargos públicos como premios a la buena conducta o la lealtad y eso es obligación de la dirigencia, y de cada uno de los funcionarios que tienen una responsabilidad con la gente, porque solo así, cada vez que un funcionario pueda despojarse del blindaje, y se permita ser percibido como uno más de nosotros, podrá demostrar que está a la altura del lugar que ocupa, que puede Hacer sin miedo al Error, sin miedo al reclamo o a la crítica. 

Ese es el verdadero camino para el fortalecimiento de la instituciones y la democracia.

Natalia Blasco
Concejal de Cañuelas 
(Bloque Juntos por el Cambio)

x