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El Museo de los Pagos de Cañuelas, una deuda que se prolonga en el tiempo

Es imperioso que algún gobierno local haga algo por la cultura del distrito. Escribe: Jorge Claudio Morhain.

Es imperioso que algún gobierno local haga algo por la cultura del distrito. Escribe: Jorge Claudio Morhain.

Porque el que ahora se llama “Museo y Archivo Histórico Lucio V. García Ledesma” debiera llamarse “Museo de los Pagos de Cañuelas” y debiera haber otra institución llamada “Archivo Histórico Lucio Vicente García Ledesma”. Porque la colección de documentos de la sección Archivo necesita otro tratamiento, otra difusión, y otros directivos (archivistas). Pero, claro, ¿cómo el gobierno municipal va a crear otra institución si ni siquiera sostiene a una, el “Museo y A.H. LVL”? Algunos gobiernos sostienen que es más importante que los caminos estén arreglados que la cultura para la población (de hecho, algunos sostienen que es mejor tener asfalto que comida todos los días) . No les alcanza para comprender que al quitar la cultura que sólo el Estado puede dar empobrece a sus ciudadanos, quita oportunidades a sus jóvenes, deprecia al ámbito que gobiernan. Si se me permite, voy a contar lo más brevemente posible como es eso del Museo. 

En 1983 fui nombrado Director de la Comisión Municipal de Cultura (ad honorem), porque no había plata para crear un organismo acorde. 

No tenían a nadie que quien colgarle el Museo de la Estancia San Martín en Cañuelas y yo había sido militante de Afonsín. 

Acababa de crearse el legado “Fundación Instituto de la Leche Ercilia Lynch de Casares”, y sus estatutos obligaban a conservar el edificio y abrirlo al público como museo. Sólo permitía enajenar algo del patrimonio “para mantenimiento” (anotar esta cláusula). 

Vicente Diego Casares me llevó a conocer (ya Director de la Comisión Municipal de Cultura) el casco de la estancia, y mi asombro al ver toda aquella majestuosa colección produjo un imprudente comentario: “Si los Casares tienen esto para mostrarlo al público cómo serán las cosas que tienen para ellos”. Diego me dijo que no era así. 

Y fue recién ahí comprendí que el señor Diego no era el encargado del museo de Casares, sino que era el Casares dueño de la estancia, encargado de la Fundación que comprendía al museo. 

Como la mayoría sabe, el casco está a más de dos kilómetros por camino de tierra de la ruta 205, un camino imposible a veces, y donde no hay vecinos que ameriten conservarlo (la cultura no paga). Pero la parte trasera está a sólo unas cuatro cuadras del Complejo Hípico del Club de Campo la Martona, que por entonces tenía afirmado y ahora asfalto. Sólo había que afirmar o asfaltar esas cuatro cuadras para abrir al público. Pero, repito, no hay plata para la cultura, así que el asfalto no se hizo, y el convenio se cayó. Y no hubo Museo al público. 

Mientras tanto, comprendí que no podía hacer nada al respecto sin saber NADA de museos, y hice en La Plata la carrera de Museólogo. Todos mis trabajos prácticos los desarrollé en al Museo de Casares. Y, lo lamento ahora, en esa tarea descubría joyas como originales de David, o Picasso, o Courbet, que poco después ya no estaban: había que “refaccionar” el edificio. 

Con la caída del convenio municipal dejé el área, porque además se había creado la Subsecretaria de Cultura, a cargo de la secretaria Liliana Menconi (hoy abogada). 

El Museo Estancia San Martín en Cañuelas sufrió una seguidilla de robos en su patrimonio que se llevó lo mejor que quedaba, hasta la colección de estatuas que poblaban su parque y la casa misma. Sobreviven dos leones, a su puerta. 

Mientras tanto, Cañuelas contaba con un agrimensor aficionado a la historia, investigador nato (Lucio García Ledesma), que gozaba en sumergirse horas y horas en los documentos del Archivo General de la Nación, para rescatar a veces joyas como la carta manuscrita de Juan Manuel de Rosas donde dice “el pacto no fue en el Pino sino en la estancia de Miller en Cañuelas”, que llevó al Declaratorio de Lugar Histórico Nacional al casco de “La Caledonia”. 

En mi breve paso por la Subsecretaría de Cultura de Cañuelas organicé el Tercer Encuentro de Directores de Museos del Área Sur del Gran Buenos Aires, desarrollado en San Martín en Cañuelas, con una visita a La Caledonia, por entonces dela familia Lamarca, que conservaba mucho de aquel lugar donde se firmó el Pacto de Cañuelas, el primero de los que menciona la Constitución Nacional en su Preámbulo. 

Siendo ya museólogo, presenté al Concejo Deliberante un proyecto de creación del Museo de Cañuelas, porque habiendo estudiado, ahora comprendía la importancia del Museo, la Memoria, la Identidad y la personalidad de los pueblos que los mismos guardan y difunden.

Pero esos vicios de los favores y las amistades, llevó a que se creara el Museo de Arte de Cañuelas, en un momento en que había muy pocos artistas locales (hoy hay una multitud, la mayoría buenos) Este Museo produjo muchos conciertos de gran jerarquía, y luego entró en problemas económicos. 

Al fracasar el Museo de Arte, el intendente Ezequiel Rizzi se lamentó de no haber creado aquel Museo Regional que yo había propuesto (“Regional” es la caracterización de los museos no específicos de grupos humanos acotados) Estudiando la ordenanza de creación del Museo de Arte encontré una falla ortográfica que habilitaba extender sus fines hacia los del Museo Regional. Y así nació el que actualmente se ubica en San Martín 397 esquina Vélez Sarsfield. 

Siempre con esa costumbre de no otorgar el cargo al especialista, sino al amigo, don Lucio García Ledesma fue colocado al frente de la flamante institución, a la que se le dio una oficina en el Ex Centro Cívico de San Martín y Lara, y una empleada. 

Don Lucio había coleccionado muchos objetos en su domicilio, según contaba, destinados a la futura exposición. Además de una enorme cantidad de documentos. 

Falleció, el 4 de abril de 1997, a los cuatro meses de creado el Museo. Ante la emergencia, la Municipalidad no tuvo más remedio que nombrar al único Museólogo que entonces había en el partido: quien esto escribe. 

Asumí el 1º de mayo. Era intendente Héctor Leonardo “Nino” Rivarola. Luego de un interregno donde pasé de la oficina del Centro Cívico al Cine Teatro de Cañuelas (con Susana Frasseren como Subsecretaria de Cultura) la oficina de Rentas (hoy ARBA) se retiró del edificio que alquilaba en Vélez Sarsfield, el actual Museo. Con los años se desocupó el resto del edificio. 

Don Lucio no había dejado testamento, de modo que la familia donó al Museo un camión (literalmente) de papeles, que fueron ubicado en cajas por todos los rincones del nuevo edificio, en repisas hasta en los baños. 

Tenía como empleado Aníbal “Vasco” Sagardoy (cooperativista), y luego el administrativo César Mariano Salas. Gustavo Recalt había demostrado grandes cualidades de historiador y quería continuar su carrera (hoy es doctor en Historia) y, a modo de beca, entró al Museo, con la misión de ordenar y estudiar la colección de documentos de García Ledesma. 

Creé una Comisión de Amigos del Museo, que podía organizar eventos y recaudar, para mantenimiento de la actividad, porque nunca hay dinero para cultura. Abrí el museo en noviembre del ’88, cortando la calle Vélez Sarsfield y montando allí una fiesta popular a tango y mate.

Organicé una muestra por mes, apenas tuve el museo acomodado (el Museo y el depósito, un lugar imprescindible en todo Museo) Publiqué el boletín El Mus (ocho ejemplares), que acompañaba gratuitamente cada muestra. Constantemente recibía visitas de escuelas. Participaba de eventos zonales y nacionales. Recibí constantes visitas, contingentes escolares, vecinos, grupos. 

Las muestras que organicé fueron: La primera, “El Acervo”, exhibición de las cosas con que se contaba al inicio. La siguiente “Nuestra Navidad”, en el mes de diciembre sobre el modo cañuelense de las Navidades. En homenaje al aniversario de la creación del partido de Cañuelas se montó la muestra “Raíces de la Historia cañuelense”. Otra muestra fue “Nuestro vecino Carlos Vega”, dedicada al más importante musicólogo de la Argentina. En noviembre de 1999 se puso la muestra “Don Lucio 90 años”, porque el historiador hubiese cumplido esa edad.

El Museo trabajó (infructuosamente) con el Departamento Ejecutivo en la búsqueda de un predio o edificio para Centro Cultural que incluyera al Museo. 

Hicimos un contacto de colaboración con la Universidad de Lund, en Suecia. 

Comenzamos tratativas con Uribelarrea para abrir lo que sería el Anexo, en el galpón de la estación: el proyecto era abrir Anexos en todas las localidades. 

También gestionamos la recepción de pertenencias personales de Carlos Vega, donadas por el Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega, que concretaron luego la Sala Carlos Vega.

Participamos en el Curso de Guías implementado por la Subsecretaría de Cultura, y acompañamos a las chicas en algunas guiadas. 

Colaboramos en la elaboración del Plan Regulador del Turismo en Cañuelas, Complemento de la Ordenanza nº 1254/97 (decreto 73/98)

Un coleccionista prestó (con vistas a la donación) una extraordinaria colección de animales autóctonos embalsamados, en prolijas vitrinas. Conseguimos en préstamo un local en San Martín 470, y más tarde la Galería del Rosario, que estaba en venta (hoy es el Instituto Cultural Cañuelas) e hicimos la muestra “Todo bicho…”. Cuando tuve que devolver compulsivamente esos animales, su dueño no pudo ocultar el disgusto, porque el espacio que ocupaban ya había sido utilizado. 

Efectuamos una visita guiada a la muestra de Salvador Dalí en el Museo Nacional de Bellas Artes. La idea era hacer más viajes culturales.

El Museo colocó una placa en la tumba de Alejandro Danel, que yace en el cementerio local. Fue soldado de Napoleón y segundo de Juan Lavalle, hasta la muerte de éste. Fue fruto de una investigación de Gustavo Recalt.

Durante mi gestión se creó el “Museo In Situ Guardia del Juncal”, el Museo participó el concurso “Innovación Museológica” que propiciaba la Fundación YPF dotado con $100.000- (de fin de siglo, pesos-dólares), donde fuimos finalistas con un proyecto integral de conservación y apertura de la Guardia, dependiente del Museo. Hicimos contacto con la Sociedad Ornitológica Del Plata, que haría posteriormente importantes relevamientos en la Guardia que derivaran en su declaración de Parque Protegido Provincial.

Hacia fin de siglo ganó las elecciones municipales Ezequiel Rizzi, al que invitamos al Museo con la Comisión de Amigos. Rizzi expresó sus diferencias con la administración Rivarola, pero dijo que lo mejor que había hecho era el Museo, y que todo seguiría como hasta entonces. Con esa autorización programamos actividades con la Comisión hacia el siglo XXI. 

Sin embargo, Rizzi había llegado con aquella Alianza formada para derrotar a Menem, y el ala izquierda, el FREPASO, solicitó el área de Cultura, con autonomía en sus decisiones. De pronto, mi ayudante Recalt me contó que la nueva administración le había ofrecido la dirección del Museo. Aclaramos que a él no le interesaba la actividad museológica, que lo único que quería era seguir su carrera de historiador, pero que no podía negarse al ofrecimiento. Ante tal situación actualicé el Manual de Procedimientos que ya había creado para manejar la institución, y le di algunas “clases”. 

Porque, efectivamente, fui citado a las oficinas del partido FREPASO donde su directivo me informó que “yo no era una persona confiable”, y que cesaba en mis funciones a partir del 1º de enero de 2000. 

Aclaremos que, al no crearse nunca por ordenanza el Museo Regional, tampoco se creó el cargo de Director de Museo. Tanto yo como luego Recalt fuimos “encargados”, con categoría seis del escalafón municipal (por lo menos en mi caso). Mi sello decía “director” como una forma de jerarquizar a la Institución, no porque tuviese un cargo inexistente. Y por entonces yo era un contratado, de modo que podía cesar “de palaba” sin recompensa alguna. 

A partir del año 2000 mi estado de desocupado sumó a la Municipalidad de Cañuelas. Entregué al Departamento Ejecutivo un CD con toda la documentación digitalizada de mi gestión. Como tantas otras cosas, debe haberse perdido. Tengo copia.

No voy a hablar del estado del Museo de Cañuelas, al que no he vuelto a pisar, pero sí de la necesidad de que algún gobierno haga algo por la cultura en Cañuelas. Porque, repito, es tan importante como el asfalto, quizás a la altura de la comida. 

Recibí de don Lucio 50 piezas. Me retiré con 2000 en el último año del siglo XX.

Imagino la enormidad del acervo amontonado actualmente en el estrecho edificio, para no hablar del gliptodonte hallado en Casares. Nos merecemos, los vecinos de este partido, y los vecinos de la zona y la Nación, así como nuestros hijos, un Museo que cumpla sus funciones museológicas, con un profesional a cargo (ahora hay otros museólogos en Cañuelas). 

En la entrevista con aquel director del FREPASO, sostuve que la dirección del Museo era un cargo técnico. Él dijo que estaba equivocado, que era un cargo político. Yo aduje que con ese criterio podría llegar a ser dirigido un barrendero municipal (sin menosprecio). Me dio la razón.

Jorge Claudio Morhain
Museólogo, bibliotecólogo
Máster en Cultura Argentina

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