18 de agosto. Cañuelas, Argentina.

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Un container en Cañuelas y una hazaña en Paraguay: cómo Aruba volvió al Grupo III de la Copa Davis

Source: magnific.com

Aruba superó invicto la fase de grupos del playoff del Grupo Mundial IV de la Zona Americana de la Copa Davis y luego venció a Cuba por 2 a 0 en la serie definitiva, disputada entre el 8 y el 11 de julio de 2026 en Luque, Paraguay, asegurando así su regreso al Grupo III. Detrás de ese resultado hay un argentino de 61 años llamado Claudio Martínez, quien preparó al equipo no en un hotel de Buenos Aires sino en una pequeña casa construida dentro de un contenedor, en un campito de Cañuelas. El contraste entre la postal caribeña de la isla y las noches a -5°C en la pampa bonaerense define, mejor que cualquier estadística, la naturaleza de esta historia.
 

Una hazaña amateur que invierte los pronósticos


Charles Perrin, editor deportivo de Smart Betting Guide, sigue de cerca los cruces de Copa Davis y reaccionó al ascenso de Aruba con una observación directa. Para Perrin, que un equipo compuesto íntegramente por jugadores sin ranking ITF ni ATP, ninguno de los cuales vive del tenis, salga invicto de la fase de grupos y derrote a Cuba en la serie definitiva es exactamente el tipo de resultado que los seguidores de la competición rara vez anticipan antes de que comience el cruce.

“Este tipo de series, donde el favorito estadístico termina cayendo ante un equipo amateur, es precisamente lo que Smart Betting Guide registra como el gran golpe contra los pronósticos en los cruces de Copa Davis y competiciones por equipos.”

Perrin señala que la realidad no profesional del plantel arubiano, con jugadores que compaginan el tenis con empleos a tiempo completo, hace que el resultado invicto en Paraguay sea todavía más difícil de explicar solo con lógica deportiva.
 

El container de Cañuelas y la táctica del polvo de ladrillo


La preparación final del equipo tuvo lugar en el Club Atlético Monte Grande, donde Martínez eligió canchas de polvo de ladrillo con una lógica táctica precisa. Según explicó a Clarin, todos los rivales que Aruba iba a enfrentar en Paraguay eran selecciones del Caribe o Centroamérica igualmente poco habituadas a esa superficie. Entrenar en polvo era, entonces, una ventaja diferencial.

“En el club Monte Grande me dijeron inmediatamente 'Las canchas son de ustedes'. Quería que los chicos tuvieran tres días para entrar en ritmo de polvo de ladrillo, con gente que tiene la capacidad de jugar mejor en ese tipo de canchas... Así les sacamos ventaja a los rivales con los que jugamos en Paraguay, que fueron todos países del Caribe o de Centroamérica, que tampoco están acostumbrados al polvo.”

El alojamiento fue otra decisión forzada por las circunstancias. El equipo no contaba con presupuesto para un hotel, así que Martínez propuso quedarse en la pequeña vivienda que él mismo construyó dentro de un contenedor en un campito de Cañuelas. La elección no fue solo económica.

“No teníamos plata para pagar un hotel. Así que les propuse ir a Cañuelas. Ellos viven en Aruba, donde es todo como una maqueta, tienen más hotel y aeropuerto que tomarse un colectivo. Me pareció que era una buena experiencia. Les dije 'Esta forma de vida no la van a experimentar nunca y les va a hacer bien'.”

Una noche la temperatura cayó a -5°C. Los jugadores encendían la salamandra para calentarse, salían a buscar leña al campo, cocinaban sobre el fuego y compartían un único baño. Ninguno había prendido un fuego con leña antes de ese viaje. A eso se sumaba la posibilidad real de que el auto que Martínez había acondicionado para el traslado quedara varado en la ruta.
 

Los resultados en Paraguay y la vida cotidiana del plantel


El equipo que compitió en Luque estuvo formado por Patrick Sydow, Kyle Frankel, Ibian Hodgson y David Zuleta. Aruba atravesó la fase de grupos sin perder un solo cruce y cerró el ascenso con la victoria sobre Cuba por 2 a 0, un resultado que nadie habría señalado como el más probable antes de que comenzara la serie.

La historia de Frankel ilustra la dimensión amateur del conjunto mejor que cualquier otra. Estudió Economía en una universidad de Estados Unidos y trabaja a tiempo completo en una empresa de marketing móvil. El tenis es, para él y para sus compañeros, una dedicación paralela a sus vidas profesionales. Tanto Frankel como Sydow tienen, sin embargo, un antecedente que da peso a su trayectoria compartida: en 2015 integraron el equipo arubiano que ganó un clasificatorio regional sub 16 de la Davis Junior, un resultado que marcó un hito en la historia del tenis de la isla.

“Trabajamos como podemos, pero bien. Los chicos se dan al entrenamiento cien por ciento. Somos en algún punto como una familia.”
 

De Banfield a Aruba por un torneo en Moreno


Claudio Martínez llegó a Aruba de una manera que él mismo definió alguna vez como una falla en la matrix. Oriundo de Banfield, comenzó a jugar al tenis en un contexto económico familiar que, según sus propias palabras, no dejaba margen para ese deporte en ningún lugar del mundo.

En 2001, en plena crisis económica argentina, ganó un torneo de dobles en un country de Moreno. El premio era un viaje a Aruba. Fue a competir a la isla, le propusieron organizar los torneos preliminares por tres años consecutivos, conoció a quien sería su esposa y no volvió. Se instaló definitivamente.

Su rol como capitán de Copa Davis se formalizó en 2015, gracias a una modificación del estatuto de la ITF que le permite viajar como coach del seleccionado sin necesidad de portar pasaporte neerlandés. Desde entonces, ha conducido al equipo con los recursos que tiene y con la autoridad que le da haber construido, literalmente, la infraestructura del proyecto.
 

La única cancha de la isla y el desafío del Grupo III


La estructura del tenis en Aruba no admite comparaciones fáciles con otros seleccionados. Existe un solo club de tenis en la isla, de carácter privado. El equipo entrena en una única cancha del hotel Tamarijn, que Martínez comparte entre el plantel de Davis, los juveniles, las clases de adultos y los turistas. No hay canchas públicas en ningún punto de la isla.

El salto al Grupo III implica una exigencia de otra escala. En la temporada anterior, cuando Aruba ya había competido en esa categoría, enfrentó a Bolivia, cuyo equipo incluía tenistas que habían disputado la qualy de Roland Garros y una pareja de dobles cercana al puesto 100 del mundo. Ese es el nivel que ahora hay que sostener.

Martínez lo sabe. El objetivo inmediato es mantenerse en el Grupo III la siguiente temporada, frente a rivales con jugadores profesionales. Pero su mirada va más lejos. Aspira a que quienes vengan detrás de esta generación continúen el legado, no por obligación sino por amor al juego. Un container en Cañuelas y un triunfo en Paraguay son, por ahora, la mejor prueba de que ese proyecto tiene fundamentos reales.
 

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