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Estela de Carlotto conmovió a los cañuelenses

La presidenta de “Abuelas de Plaza de Mayo” brindó una emotiva charla en la Escuela Estrada de Cañuelas. Bregó por mantener viva la llama de la memoria y por castigar a los culpables del terrorismo de Estado mediante el peso de las leyes. Fue declarada "Visitante Ilustre".

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El nieto de Estela de Carlotto tal vez esté por cumplir 31 años. Nunca lo pudo hallar aunque su fuerza y la de todas las "Abuelas de Plaza de Mayo" sí permitieron encontrar a 97 nietos. Es decir, los hijos de sus hijos muertos. Aún resta dar con el paradero de otros cuatrocientos que tal vez como Guido –así llama la familia de Estela a su nieto– aún ignoren que de muy pequeñitos les robaron no sólo los padres sino su derecho a la identidad.

Un día los hijos no volvieron a casa. Y como Estela, tantas madres y abuelas empezaron a buscar dónde fuese, a preguntar dónde estaban. Y sus hijos no aparecían ni vivos ni muertos, estaban "desaparecidos".

Triste eufemismo inventado por los militares para eludir hablar de la ilegalidad de los secuestros, las detenciones, la apropiación de bienes y personas, la tortura y los asesinatos de los que eran responsables.

Triste la sociedad que no sabía o no quería saber. Triste país en el que los que debían informar no lo hacían, los que debían ayudar entregaban, los que debían gobernar estaban muertos, exiliados, amordazados o en connivencia con la Junta militar.

Mientras tanto, en la Argentina real, la de la historia extraoficial, unas mujeres movilizadas por el amor más profundo a los suyos, empezaron a desandar el camino para hallar el de la verdad.

Y estas historias de dolor íntimo, que se entretejen con la historia de los "años de plomo" de nuestro país, fueron el motor no sólo de la búsqueda personal de las familias destruidas por la dictadura militar sino también la punta del enmarañado ovillo que nos permitió empezar a conocer qué sucedió en la Argentina a lo largo de siete años.

Hoy, a casi 32 años de la fundación de "Abuelas de Plaza de Mayo", aún resta mucho por hacer y por saber. Hablar de lo que sucedió es una de las formas de mantener encendida la llama de la memoria.

Y con ese espíritu incansable, Estela de Carlotto, cual peregrina de la memoria y de la verdad, llegó Cañuelas el miércoles 29 de abril.

La cita fue en la Escuela Estrada de esta ciudad donde jóvenes de diferentes edades y escuelas, docentes, vecinos y autoridades escucharon conmovidos su relato claro, crudo pero esperanzador.

La acompañaron el intendente Gustavo Arrieta, la jefa de Gabinete Marisa Fassi, el presidente del Concejo Deliberante Fernando Kuri, el titular del Consejo Escolar Luis Carnevali, la directora de la Escuela Estrada María Elena Mazzoleni y María Luján Ramos, esposa de Esteban Reimer (secuestrado en Cañuelas el 5 de enero de 1977).

Carlotto cautivó con sus palabras sencillas, reales, llenas de amor de madre y abuela, de esperanza y de búsqueda de justicia.

Habló sobre los secuestros de Claudia Falcone (capturada en la denominada "Noche de los Lápices"), su esposo y luego el de Laura -su hija embarazada de tres meses- a quien no volvió a ver con vida. De su nieto a quien espera hallar algún día.

Habló de las puertas que golpeó y de su "ingenuidad" ya que muchos de los eclesiásticos o militares que buscó eran cómplices de la muerte de sus seres queridos. Pero eso lo supo después.

Habló de la dictadura del ‘76, aquella que llegó "con una preparación para la muerte, para quitarnos la esperanza, para combatir a todo aquel que pensara distinto".

Habló de la búsqueda de la verdad y de la justicia, pero sin violencia, y bregó por el castigo a los culpables a través del peso de las leyes.

Y sus palabras, pese al dolor evidente, siempre estuvieron iluminadas por la esperanza de construir un país mejor en el marco de un Estado de Derecho y de acuerdo con el trazado de la vida en democracia y en libertad.

Y los jóvenes, que sumaban la mayoría del auditorio del SUM de la Escuela Estrada, y a quienes Estela les entregó simbólicamente la posta de su lucha, siguieron su relato con una escucha atenta y explotaron en un cálido aplauso cuando pronunció sus últimas palabras: con el compromiso de todos va a ser posible el "Nunca Más". Palabras reales, sin eufemismos. 
 

Telma Martines

Homenajes

Mediante el decreto 384/09 el Gobierno Municipal declaró a Estela de Carlotto "Visitante Ilustre". Luego de la charla en la Escuela Estrada, la presidenta de "Abuelas de Plaza de Mayo" colocó una ofrenda floral en el monumento a las 30 mil víctimas del genocidio militar, construido por el artista cañuelense Lenchi junto al mástil del Concejo Deliberante. La acompañaron María Luján Ramos y su hija Malena.

Como cierre, el poeta local, Raúl Valobra, leyó dos poemas de su autoría. Aquí reproducimos uno de ellos.

EN MEMORIA

Ellos, quisieron estar allí
aunque la ausencia
aún nos duela en la vigencia
incesante de la memoria/
Dónde iban a estar
si no era sobre el fragor
encarnado de la escena
en la cándida esperanza
de la revolución/
Ellos, decidieron tomar entre sus manos
el mandato irrenunciable
de la Historia
despreciando el riesgo clandestino
que en cualquier esquina
aguardaba con sigilo
su momento/
la ráfaga temprana con su emboscada
la fría celda en asechanza
los vuelos profundos de la noche
la eléctrica sanción de la tortura/
Pero los movía la ferocidad
de sueños incumplidos
la temeridad conjunta
de una utopía ancestral/
Debían transformar el mundo
capitalista/ aplastar el egoísmo
de nefastos dictadores
- expoliadores a sueldo y masacres -
adoctrinados por el imperio/
Ellos en cambio se abrazaron
a la igualdad
de la justicia social
y la sostuvieron con el fuego
joven de su sangre/
Del otro lado
apestaba la indolencia
que se caía de los uniformes
de sicarios irredentos
disfrazados de patriotas/
Ellos debían redimir el territorio
detener la sangría cotidiana
y la gangrena mutilante
desarrollada por los poderosos
para sembrarla de ejemplos y virtudes
con el amor de los que siembran flores
- pero era justicia -
y necesitaban oponerse
a sometimientos naturales
de colonialistas detenidos en el tiempo/
Tenían que expulsar a los traidores
exterminar el veneno contagioso
de sus proyectos/
La muerte aguardaba en el continente
para ajusticiar renunciamientos
para desaparecerlos/
Ellos escogieron las filas
de los ejércitos populares/
Estaban en las calles
enfrentados a los asesinos
que enarbolaban banderas patrias
proclamando independencias
en la farsa cuartelaria
y rezaban penitentes
su dogma de violencia/
Y el silencio.../ el silencio/ cómplice
de cada genocidio
desató el impacto de la tragedia
y el Estado se transformó
en una cueva espantosa de abyecciones/
Desde entonces
la noche más oscura
de la Historia
conserva intacta entre sus hojas
los gestos desbordantes de fulgor
la persistencia sagrada
del optimismo/
Sus nombres perdurarán
en la cosmogonía de nuestro tiempo
como una estela indeleble
que transita su destino
hacia un espacio renovado de contienda
y traslada campanadas
que anuncian victoriosas
la permanencia inmortal
en la memoria colectiva de mi pueblo.

Raúl Valobra



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