Suena extraño, pero en el fin del mundo —a 3.100 kilómetros de Cañuelas— un restobar y museo plagado de objetos de toda índole exhibe una de las colecciones más nutridas sobre La Martona, la primera industria láctea nacional, fundada en 1889 por Vicente Lorenzo Casares.
Raíces Fueguinas es el emprendimiento gastronómico y museológico creado hace cuatro años por el tandilense Pedro Fernández en la localidad de Tolhuin, en el corazón de Tierra del Fuego. En una superficie de 800 m² con capacidad para 70 comensales, los visitantes se ven sorprendidos por una interminable colección de 16 mil objetos históricos: desde piezas vinculadas a las Islas Malvinas hasta recuerdos del peronismo, los mundiales, cartelería, juguetes y armas de la Conquista del Desierto. En un rincón destacado del local se luce el sector de La Martona, compuesto por unas 40 piezas.
Este espacio dedicado a la firma pionera ofrece una rara ficha de tambo, un dedal con su aguja original y recetarios (merchandising que los Casares imaginaron para conquistar al público femenino), banderines, cajas de tabletas de dulce de leche, un tarro lechero, latas y varios tipos de envases de leche, yogur o crema. Entre ellos se destacan los exclusivos tarros de gres, un componente parecido a la porcelana pero de horneado más rústico, con el que también se hacían las primitivas botellas de cerveza.
A la muestra se suma otra pieza de gran valor simbólico: unas botas de cuero con suela de madera que pertenecieron a un tambero que proveía leche a la fábrica de Vicente Casares.

“Tenemos elementos de diferentes empresas, por ejemplo de La Vascongada, pero exhibimos solamente las piezas de La Martona porque fue la primera industria lechera del país y una de las más importantes del mundo. Es un sector que a la gente le gusta mucho porque la marca sigue presente en la memoria colectiva. También nos sirve para mostrar a los alumnos de las escuelas de la zona que nos visitan”, explicó Pedro a InfoCañuelas.
Si bien Raíces Fueguinas tiene un breve recorrido, Pedro colecciona objetos desde hace 40 años. Comenzó a los 6 en su Tandil natal cuando, al acompañar a su padre —quien tenía una casa de remates—, disfrutaba escuchando a los mayores contar historias de la industria nacional, de las marcas pioneras y de la producción rural.

El restaurante cuenta con un libro de visitas que es una verdadera Torre de Babel, con saludos escritos en castellano, alemán, italiano, inglés o mandarín. Muchos de los turistas extranjeros, sorprendidos por la riqueza del museo, quieren sumar su granito de arena y, al regresar a sus países, le envían a Pedro matrículas de autos discontinuadas o contemporáneas.
“La patente número 1 de Argentina se otorgó hacia 1910 en la ciudad de Buenos Aires. Nosotros tenemos la 117. Pero además hemos ido incorporando chapas de todo el mundo. Cuando la gente viene y encuentra una de su ciudad se pone muy contenta; y si no está, por ahí después nos mandan alguna”.
Las piezas están acompañadas por cartelería explicativa a cargo de los curadores Diego y Ricardo Bohl, quienes se ocupan de verificar la autenticidad de los objetos y el período histórico al que pertenecen.

El restaurante funciona todos los días a partir de las 11, atendido por Pedro y su familia, instalados hace 23 años en Tierra del Fuego. En el menú se destacan dos platos típicos de la región: cordero y trucha fueguina. La comida se sirve en vajilla enlozada, réplica de la de inicios del siglo XX.
A pesar de la distancia que dificulta la logística, Pedro mantiene contacto con anticuarios de todo el país, interesado en conseguir más objetos de La Martona para enriquecer ese rincón tan argentino como el dulce de leche.

Escrito por: Germán Hergenrether