El Teatro Italia de la calle Del Carmen fue el primer espacio de Cañuelas donde se proyectó cine. Los pioneros del celuloide fueron Giuseppe Giatti y José María Rigo, una sociedad que, con altibajos, se prolongó hasta 1938, cuando se inauguró la moderna sala de Lara.
Giuseppe era un sastre y profesor de música nacido en 1887 en la comuna de San Paolo di Jesi, provincia de Ancona, hijo de Nicola y Luigia Sandroni. Arribó a Cañuelas con 23 años, cuando Argentina se preparaba para celebrar los cien años de la Revolución de Mayo. Su compañero Rigo era empleado de La bola de oro, el magnífico almacén de ramos generales que funcionaba en San Martín y Rivadavia.
Según los datos volcados en el Tercer Censo Nacional levantado el 1 de junio de 1914, el cinematógrafo de Cañuelas, llamado Centenario, se inauguró en 1912. Contaba con 34 palcos, 216 plateas y una capacidad total de 272 espectadores. Oraldo Giatti, el hijo de Giuseppe y continuador de su empresa, sostenía que la apertura no fue en 1912 sino el 19 de marzo de 1914, en coincidencia con la inauguración de la usina. Uniendo las dos fuentes se podría pensar que los socios arrancaron en 1912 con espectáculos teatrales y dos años más tarde, al contar con el vital suministro eléctrico, incorporaron las proyecciones de cine mudo.
En esos primeros tiempos de actividad, los films de Carlitos Chaplin y Rin Tin Tin convivían con grandes figuras de la música y la escena nacional, algunos ya consagrados y otros en el inicio de su popularidad, como Gardel y Razzano, Azucena Maizani, Libertad Lamarque, Pepe Iglesias, Blanca Podestá, Ignacio Corsini, Tita Merello, Luis Sandrini y los Hnos. Abrodos, entre muchos otros. Para poder contratar a esos artistas, Giatti y Rigo establecieron relación con el magnate de la industria del entretenimiento Joaquín Alberto Lautaret, quien llegó a manejar 140 teatros en Argentina, Uruguay y Paraguay.

En el Anuario Teatral Argentino de 1926 se consigna que la sala de la Sociedad Italiana a cargo de “Rigo y Giatti” tenía 200 plateas y 15 palcos; y que por esa época Cañuelas contaba con un cuadro filodramático (grupos de aficionados que representan obras de teatro con fines educativos o sociales).
Oraldo contaba que Leopoldo Torres Ríos (1899-1960), director pionero del cine criollo, padre del realizador Leopoldo Torre Nilsson, en una oportunidad le prestó a Giuseppe una cámara con la que grabó distintas escenas urbanas de Cañuelas, como la fiesta del cincuentenario de la Sociedad Italiana (1928), las salidas de misa y las vidrieras del ejido urbano. Esas imágenes se proyectaban como preámbulo de las películas, tal vez como un remedo de Sucesos Argentinos, un recurso publicitario o un anzuelo para atraer a los vecinos cañueleros que ansiaban verse en la pantalla grande.

Tras la muerte de Giuseppe, Oraldo continuó con el negocio cinematográfico, ya instalado en el nuevo edificio de la calle Lara, y conservó esos registros que, hasta donde se sabe, son los únicos de comienzos del siglo XX. Gran parte del material fue grabado en películas de nitrato, un soporte altamente inflamable que afortunadamente sobrevivió al tiempo en buenas condiciones (el nitrato fue el antecesor del acetato, mucho más estable). Hay fragmentos de distintas épocas y marcas (Ferrania, Agfa, Pathé, Fuji, etc.) lo que sugiere que el préstamo de la cámara de Torres Ríos no ocurrió una sola vez.
En 2021, cuando Germán Hergenrether comenzó a trabajar en la recopilación y restauración de la colección de fotos de Oraldo Giatti para su libro Postales y memorias de Cañuelas, se encontró con las latas que contenían ese invaluable tesoro documental y con la aprobación de la familia Giatti, puso manos a la obra para digitalizarlo. Gracias a la mediación del concejal Santiago Mac Goey, se contactó con el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, ubicado en el barrio de La Boca, perteneciente al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde accedieron a hacer la digitalización en forma gratuita. La tarea no fue sencilla ya que Oraldo había cortado los rollos de 120 metros (equivalentes a unos 4 minutos) en infinidad de trozos con el fin de obtener fotogramas de escenas intermedias para hacer diapositivas con las que daba charlas en las escuelas. En algunos casos su amigo Adolfo Procopio, residente en Estados Unidos, especialista de esculturas en los estudios Disney, lo ayudaba en la conversión de las transparencias que le enviaba por correo.


Fue así como entre 2021 y 2024 Florencia Greco, Paula Conde y Lucía Ciruelos, técnicas del Museo Ducrós Hicken, trabajaron en la limpieza, empalme y digitalización de una parte de los nitratos. Germán Hergenrether ordenó los fragmentos y elaboró un guion. El realizador audiovisual Augusto de la Rosa se encargó de la edición. Por último, Matías Kekes López le puso la música original interpretada por él mismo en guitarra y bandoneón, Belén Gil en contrabajo y Juan Ignacio Rivas en violín. La sugerente melodía de Kekes, plena de nostalgia, es un homenaje a “Cañuelas”, el tango que Genaro Espósito grabó en París en 1924.
El cortometaje fue estrenado el 26 de septiembre en el Teatro Cañuelas, durante la presentación del libro Postales y memorias... Ahora pueden disfrutarlo los lectores.
Fuentes
• Anuario teatral argentino: enciclopedia de la escena argentina, 1926.
• Tercer Censo Nacional levantado el 1 de junio de 1914, Tomo X (valores mobiliarios y estadísticas diversas).
• Artículos publicados por Oraldo Giatti en los semanarios locales La Palabra, El Ciudadano y Milenio.
Escrito por: Germán Hergenrether