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| Cultura y eventos

La histórica peluquería de Rolando Ponce volvió a funcionar en nuevas manos

Walter Palavecino y sus “Tijeras” se hicieron cargo de continuar el tradicional comercio de la calle Acuña, fundado hace 60 años.

Walter Palavecino y sus “Tijeras” se hicieron cargo de continuar el tradicional comercio de la calle Acuña, fundado hace 60 años.

Rolando Ponce Cañuelas

 Rolando Ponce y su peluquería inaugurada en 1960.

Chicho Procopio, Cacho Güercio, Florencio Pedutto, su hijo Juan Carlos y Rolando Ponce fueron los peluqueros más reconocidos de Cañuelas en la segunda mitad del siglo pasado y comienzos del nuevo siglo. Todos ellos pasaron décadas junto al sillón, afeitando o cortando el cabello a varias generaciones de cañuelenses.

De todos esos referentes, Don Rolando fue el que más tiempo le dedicó al oficio: se retiró hace un año y medio, con 82 años y 58 de trabajo ininterrumpido.

El local de la calle Acuña 464 -con su bagaje de seis décadas de historia- quizá estaba destinado al cierre definitivo hasta que Walter Palavecino se acercó a la familia Ponce interesado en comprar el sillón de barbero con el que Rolando trabajó desde sus inicios. Es un sillón centenario de origen norteamericano que ya era viejo cuando lo adquirió en una compra venta.

Fue fabricado por la firma Archer Company de Filadelfia, empresa que en 1878 patentó la primera silla reclinable con reposapies. Luego fue mejorada con un sistema de elevación automática y más tarde introdujo la primera silla giratoria reclinable, el modelo Paragon.

El sillón tal como lo dejó Rolando y renovado para la nueva etapa.

“Mi idea era comprar ese sillón por una cuestión afectiva: mi mamá es prima hermana de Rolando, a mí me cortaba el pelo en ese sillón cuando era chico y la verdad es que lo quería tener. Charlando con la familia se dio la posibilidad de continuar mi peluquería en el local de Rolando”, relató Walter a InfoCañuelas.

El sillón, testigo de inagotables diálogos entre el peluquero y sus clientes, se mantiene impecable, salvo por una pequeña rotura en el tapizado. Walter sólo le cambió el color crema de los apoyabrazos por un negro mate. Allí sigue, estoico, junto al mueble y el espejo.

Palavecino: “Es un honor seguir en este lugar”

Palavecino trabajaba en Mercedes Benz cuando decidió independizarse. En 1989 estudió peluquería en el Instituto Sudamericano e inauguró su propio local, bautizado “Tijeras”, en la casa de su madre, en la calle Moreno. El 19 de diciembre de 1992 se trasladó al local de otro recordado peluquero, Cacho Güercio, en Basavilbaso casi esquina Brandsen, donde estuvo 18 años. Posteriormente pasó por varios lugares hasta que el 1 de junio retomó su actividad en Acuña 464.

“Para mí es un verdadero honor trabajar en este lugar, porque todo el mundo lo conoce y lo quiere a Rolando, de hecho ya han venido algunos clientes que eran de él y yo mismo, cuando era chico, no escapé a sus tijeras”, dice orgulloso.

Los hijos y nietos de Don Rolando celebraron esta continuidad en las redes sociales con un mensaje de bienvenida para Walter y los clientes: “60 años de historia, paredes que encierran miles de anécdotas, un sillón centenario con el peso de cuatro generaciones y un espejo que quiere volver a verte”.
 

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