El martes 6 de enero es el Día de los Reyes Magos. Conocida también como el Día de Epifanía, la fecha es observada en muchos países del mundo, incluyendo toda Latinoamérica. Conmemora la ocasión cuando Gaspar, Melchor y Baltasar, tres astrólogos o magos provenientes del oriente del Mediterráneo viajaron hasta Belén llevando ofrendas para el Niño Jesús. Se los conoció como “magos” porque el término venía del persa antiguo y estaba asociado a los sacerdotes eruditos quienes, como astrólogos y matemáticos, parecían predecir el futuro. También se los llamó “reyes” porque si traían regalos de gran valor tenían que ser hombres de gran alcurnia. Los reyes personificaron las tres razas conocidas en la Edad Media: Melchor representando a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar a los africanos.
Varios historiadores dicen que fueron más de tres los sabios del oriente que fueron a Belén – algunos dicen que hubo hasta doce –. Hay una bonita historia, escrita por Henry van Dyke en 1895, que narra las peripecias de un cuarto mago llamado Artaban quien también partió rumbo a Belén con regalos de piedras preciosas para el Niño Jesús. Pero en camino, se detuvo varias veces para ayudar a enfermos o necesitados, gastando la fortuna que llevaba. Cuando finalmente llegó a su destino, se encontró que el Niño ya había nacido y que sus padres lo habían llevado a Egipto, al enterarse de que el rey Herodes había mandado a matar a todos los niños varones de Belén menores de dos años. Treinta y tres años más tarde, Artaban llega a Gólgota el día en que crucifican a Jesús y, ya viejo y moribundo, se da cuenta de que todo lo bueno que hizo lo hizo en nombre de Él.
El Día de Reyes comenzó a conmemorarse en Oriente en el siglo III y fue en el siglo IV cuando la iglesia cristiana substituyó con esta celebración los antiguos festejos paganos del solsticio invernal, dando lugar a una hermosa tradición. En España y en varios de nuestros países hispanos, es probable que los niños no reciban regalos hasta el Día de los Reyes. Pero todos saben que, tal como el Papá Noel norteamericano viaja en su trineo desde el Polo Norte, los sabios del oriente atraviesan el firmamento con sus camellos cargados de juguetes y regalos para todos los niños que se hayan portado bien.
De niña, al llegar la Noche de Reyes, toda mi familia se reunía en la casa de la abuela. Para entonces, hasta mi primo Jorge, el travieso del barrio, ya se había convertido en el niño más bueno del mundo. Los primos más pequeños jugaban ajenos a todo, pero los mayores, nos pasábamos la tarde escrudiñando el cielo porque el tío Toto nos tenía convencidos de que, si observáramos con atención, veríamos la patas de los camellos pasar por entre las nubes.
Al llegar la noche, había que irse a la cama temprano, pero primero era necesario preparar una caja con pasto y un balde de agua para que los camellos pudieran saciar su sed y sacarse de sus barbas toda la arena acumulada al atravesar el gran desierto africano. Para los más pequeños era imposible conciliar el sueño. ¿A qué hora vienen? preguntaban una y otra vez. Apenas amanecía, al primer quiquiriquí del gallito pigmeo que reinaba en el gallinero de la abuela, alguien se despertaba y la casa entera se alborotaba. ¡Finalmente los Reyes Magos habían llegado! Luego, la abuela servía la Rosca de Reyes – el pan dulce que esconde en su interior una imagen de plástico del Niño Jesús - una tradición que tuvo su origen en España y en Francia.
En Puerto Rico, la República Dominicana y Venezuela se hacen procesiones religiosas, cabalgatas y desfiles. En Guatemala este día marca el final de los festejos de fin de año y es cuando se guardan las decoraciones navideñas. En Cuzco, Perú, las celebraciones duran tres días. Nuestros vecinos bolivianos llevan sus pesebres a la iglesia para ser bendecidos y la fecha se conmemora con una “chocolatada”, que consiste de un chocolate caliente acompañado por una rebanada de panetón. En México esta fecha representa un evento muy arraigado y se organizan grandes fiestas. Se ofrece chocolate caliente o atole, una bebida elaborada a base de masa harina, y se preparan tamales para compartir con familiares y amigos. De esta manera se une la importante tradición prehispánica del maíz con la fe católica. También en México, como en nuestro país, es costumbre servir la Rosca de Reyes y el afortunado que encuentre la codiciada imagen del Niño Jesús, debe aceptar la responsabilidad de organizar una fiesta para el Día de la Candelaria, que es el 2 de febrero.
Cuando emigramos a los Estados Unidos, descubrimos que nadie celebraba la fecha, ni siquiera estaban enterados de la costumbre nuestra. Por eso los Magos tristemente dejaron de venir. Pero al nacer mis hijos, los tres sabios reanudaron sus visitas anuales a mi casa. Hoy, mis nietos esperan ansiosamente tanto la llegada de Papá Noel como la de los Tres Reyes Magos, quienes vienen trayendo regalos de tradición, amor y magia a nuestras vidas.
Escrito por: Ana María Cúneo
