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El difícil momento que atraviesa la artista plástica Perni

Vive en un domicilio de resguardo luego de una denuncia por violencia de género que presentó contra su esposo. Le asignaron el botón antipánico y una medida de restricción de acercamiento.

Vive en un domicilio de resguardo luego de una denuncia por violencia de género que presentó contra su esposo. Le asignaron el botón antipánico y una medida de restricción de acercamiento.

El difícil momento que atraviesa la artista plástica Perni

 Elilana Pernigotti (Perni).

Eliana Pernigotti -Perni por su nombre artístico- se casó hace una década con su novio de la adolescencia, tuvieron un hijo y la pareja transcurrió su relación con los normales altibajos hasta que la pandemia, el encierro, la convivencia sin pausas, agravó los conflictos. Luego de un incidente de violencia, presentó una denuncia, le concedieron una restricción de acercamiento y un botón antipánico, y desde hace meses vive recluida fuera de Cañuelas en la casa de un familiar. 

“Cuando sos víctima de la violencia no te das cuenta porque hay cosas que se van naturalizando. Un día te dicen ´gorda´ o ´tonta´ y por ahí te hace ruido o te shockea pero lo dejás pasar y así se va tornando normal. Si bien estábamos casi separados, él no quería irse de la casa. Con la cuarentena la situación empeoró, empecé a sufrir muchos episodios de violencia, él imponía reglas muy estrictas de cómo había que transcurrir el encierro, empezó a ponerse agresivo hasta que un día me amenazó con quemarme viva, todo esto enfrente de nuestro hijo de 7 años. En lugar de asumir su error, me decía que por mi culpa a él le subía la presión y que lo iba a matar de un ataque. Entonces se fue a dar una vuelta dándome tiempo para que yo meditara sobre mi conducta”, relató Perni a InfoCañuelas.

A partir de esa situación extrema, el 21 de abril la artista plástica, de 33 años, presentó una denuncia en la Comisaría de la Mujer. Al día siguiente la jueza de Paz Inés Del Valle Rivarola le concedió la perimetral por el término de 120 días y la policía retiró al marido de la vivienda que compartían. Dado que ella no tiene familiares en Cañuelas, decidió alojarse en una casa de resguardo fuera del distrito.

“El acató la orden judicial al principio. Es sabido que por la vigencia del ASPO las perimetrales se renuevan automáticamente, pero al pasar los 120 días de la resolución se hizo el zonzo, no acató la continuad de la medida y comenzaron los hostigamientos. Cómo él es especialista en sistemas y científico de datos, sufrí hackeos de mis cuentas de mail, sufrí la desaparición mágica de las millas que había acumulado en una empresa aérea e incluso recibía imágenes de la alarma de mi casa, que en su momento había programado él y que supuestamente se activaba en mi ausencia”, relató.

Perni encuentra refugio en la pintura.

Lo peor, según Perni, fue un día cuando estaba en su casa de resguardo colgando ropa, un drone sobrevoló el patio teóricamente tomándole fotos. “Empecé a notar autos que me seguían, tuve que cambiar mi número de teléfono y las claves de mis cuentas de correo... Un martes una vecina de Cañuelas me llamó para avisarme que el auto de él estaba estacionado dentro de mi casa. Forzó los postigones y se llevó cosas. Llamé al Comando, a la Comisaría de la Mujer... eso fue el 4 de septiembre, se lo llevaron esposado”.

“Luego de concurrir a la Comisará de la Mujer me dirigí a la casa para revisar en qué condiciones había quedado y me encuentro con un hermano de él y un amigo que se habían quedado de campana para patotearme. Tuve que llamar nuevamente al 911. Vino un patrullero con él esposado, lo bajaron, lo hicieron subir a su auto, que había quedado en mi casa y lo escoltaron hacia afuera de Cañuelas. Pensé que con eso se iba a calmar, pero no, ahora demanda la tenencia del nene y descubrí que hubo nuevas intrusiones en la casa. Vivo con pánico y no puedo ir sola a Cañuelas por temor que me secuestre a mi hijo”.

Perni sostiene que vivía en una relación traumática pero que no era consciente. “Él me apartó de mi familia, tengo a mis padres y tres hermanos de los que me fui alejando. Ahora están todos conmigo y me están ayudando. También me di cuenta de que en todos estos años me volví una persona triste, amargada, enojada; y en cambio mi pintura siempre fue todo lo contrario, alegre y vivaz, y ahora me doy cuenta de que la pintura es lo que me mantuvo viva”.

La artista –que el año pasado participó en BADA y en la Bienal de Florencia, dos de los eventos artísticos más grandes del mundo– concluye que quiso contar su situación personal porque pensó que haciendo la denuncia y logrando la perimetral todo tendería a normalizarse, pero que la realidad dista mucho de ser tan simple. 

“A veces siento que no hay forma de salir de esta situación. Yo tengo una formación, tengo una familia que me cuida y la puedo pilotear, pero ¿qué hace otra mujer que no tiene herramientas ni soporte de nadie?”.

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