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Biangardi: “Tenemos 50 años de decadencia; a esta Argentina los británicos no le van a devolver las Islas”

El especialista en Malvinas dijo que el país tendrá que fortalecerse en los foros internacionales si quiere tener éxito en el reclamo de soberanía.

El especialista en Malvinas dijo que el país tendrá que fortalecerse en los foros internacionales si quiere tener éxito en el reclamo de soberanía.

Biangardi: “Tenemos 50 años de decadencia; a esta Argentina los británicos no le van a devolver las Islas”

 Carlos Biangardi. Archivo InfoCañuelas.

Carlos Biangardi Delgado es abogado y docente universitario; fue juez de Paz del partido de Cañuelas entre 1979 y 1990 y asesor de la Cámara de Senadores en materia de comercio exterior; pero por sobre todas las cosas es un estudioso de la “cuestión Malvinas”. Publicó tres libros sobre la temática, infinidad de artículos periodísticos y desde 1990 se encuentra al frente del Departamento del Atlántico Sur que funciona en el ámbito del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI).

En su último libro “Contribución de Cañuelas a la gesta de Malvinas”, editado en 2015 por el semanario El Ciudadano, el autor humaniza el conflicto haciendo foco en la mirada local y en la experiencia de los cañuelenses que participaron en la guerra: Horacio Acosta, Walter Bayarri, Mario Capeletti, Alejandro De Paola, Adrián Delgado, Eduardo Gallardo, Daniel Garavaglia, Walter Girbal, Roberto Herrera, Héctor Luna, Marcelo Macchiaroli, Luis Mario, Víctor Pereyra, Julio Piray, Pedro Vigali, Luis Regner y Héctor Valdez.

A 40 años del inicio del conflicto bélico Biangardi es una voz más que autorizada para hablar de la raíz de la contienda y, sobre todo, de la perspectiva real que tiene la Argentina para recuperar el territorio en el futuro.

-¿Cómo surgió su interés por la cuestión Malvinas?
-Desde chico siempre me gustó la geografía y la historia. En mi época de escuela primaria los maestros ponían énfasis en los temas territoriales y geográficos e insistían mucho con la usurpación de las islas Malvinas, que las Islas eran nuestras y así fui descubriendo un tema me quedó en el inconsciente como una tierra irredenta. Después, cuando rendí Derecho Internacional, me interioricé más en los aspectos territoriales y cuando se produjo la guerra de 1982 todo eso que había incorporado tomó actualidad, algo que no sólo me pasó a mí sino a la sociedad en su conjunto. A partir de la Guerra me dediqué a estudiar el tema y he recorrido todo el país dictando conferencias.

-¿Pensó que se podría llegar a una guerra?
-Un tiempo antes Galtieri viajó a Estados Unidos y creí que se produciría algún arreglo o negociación. Luego viví la angustia de ver que diplomáticamente no se podía solucionar, que los británicos venían en serio, y que la diferencia de peso militar nos iba a llevar a una derrota. Hubo un acercamiento que hizo el presidente peruano Fernando Belaúnde Terry, pero no dio resultado porque los británicos estaban interesados en triunfar. Hay un material muy interesante, el Informe Franks, que analiza qué había hecho mal la diplomacia británica para que los argentinos se animaran a ir a la guerra. Ese texto muestra que había señales equívocas del Reino Unido, es decir que en algún punto daba a entender que no le interesaban las Islas. Por eso la guerra también le sirvió a la marina británica para recuperar prestigio y evitar que la desarticularan, dado que había intenciones de Margaret Thatcher de reducir el gasto militar.


Edición de Clarín, 3 de abril de 1982.

-¿Cuáles son los principales argumentos de argentinos e ingleses para sostener el reclamo?
-Siempre hablo de los “derechos” argentinos y de los “pretendidos derechos” del Reino Unido porque claramente son argumentos de distinta jerarquía. El elemento más antiguo son las bulas papales que establecieron que en el continente americano se podían establecer españoles y portugueses. Luego aparece la primera carta geográfica de las Islas Malvinas que data de 1520, realizada por navegantes españoles. Posteriormente se crea el Virreinato del Río de la Plata que comprendía también a las Islas. Hubo más de 40 gobernadores españoles del archipiélago designados por el Virreinato. 

Otro elemento central es que los primeros ocupantes de Malvinas no fueron británicos, sino franceses que formaron una colonia en Puerto Luis, cerca de Puerto Argentino. Al advertirlo, los españoles le reclamaron al rey de Francia la devolución de ese territorio y Francia devuelve efectivamente las Islas a la Corona Española, reconociendo su soberanía y el derecho del primer ocupante. Cuando se produce la revolución de Mayo las Provincias Unida del Río de la Plata heredan las Islas. Aparte de todo eso hay otros principios como la continuidad geológica y geográfica, que son más débiles.

Por el lado de los británicos, ellos dicen que fueron los primeros ocupantes y que cuando llegaron, las islas estaban deshabitadas. Eso es mentira. Cuando llegaron, en enero de 1833, lo que hicieron fue embarcar a la población argentina, dejarla en el continente y repoblar las islas con colonos traídos de otras colonias británicas. A partir de ahí trataron de mantener la pureza cultural identitaria, impidiendo que argentinos se instalen o compren inmuebles. En el Museo de la Guerra que hay en las Islas repiten toda la historia falsificada, que el descubrimiento fue del Reino Unido, que la Argentina usurpó, etc., y eso es lo que le venden al turismo. 

A nivel diplomático eso no lo dicen, sino que plantean, básicamente, el concepto de la autodeterminación de los pueblos pero Naciones Unidas ha reconocido que ese argumento no es de aplicación porque los kelpers no son un pueblo originario de ese territorio; que existió un proceso de limpieza étnica llevando a los primeros pobladores al continente. Distinta es la situación de la India, por ejemplo, cuya población era mayormente originaria y la británica era de ocupación. Ahí sí se aplicaría el principio de autodeterminación. 


Edición de Sun, 3 de abril de 1982.

-¿Cómo evaluaría la estrategia diplomática que tuvieron los gobiernos argentinos?
-Todos, desde 1833 en adelante, mantuvieron en claro el reclamo, ninguno lo abandonó, aunque algunos lo hicieron con mayor fuerza que otros. Hasta 1982 se veía como un tema lejano. Lo que hizo la Guerra fue instalarlo en la opinión pública, por eso los gobiernos de la etapa democrática han acentuado más su preocupación. Alfonsín dijo que no iba a restablecer las relaciones diplomáticas con el Reino Unido si no se ponía sobre la mesa la negociación de la soberanía. Menem cambió esa postura, estableció el llamado ´paraguas de soberanía´, se aceptó el restablecimiento de la relaciones diplomáticas y se firmaron ciertos convenios que en el momento se creía que iban a ser beneficiosos. Duhalde y De la Rúa cambiaron muy poco lo que hizo Menen porque tuvieron otras prioridades mucho más urgentes y después vinieron los doce años de Néstor y Cristina Kirchner en los que se aplicó una política de mayor confrontación. Macri volvió a la política de seducción de Menem con la firma del Comunicado Conjunto Foradori-Duncan y después vino Alberto Fernández que desde lo discursivo tiene una posición distinta a la de Macri pero que en la práctica respetó todos los convenios del gobierno anterior.

-¿Cuál de todas estas posiciones le parece la más acertada?
-Me pareció interesante lo que se hizo a partir de 2003 con Néstor Kirchner, cuando se aplicó una política más dura, aunque después se diluyó un poco. Yo tengo la convicción de que los británicos no van a devolver nunca las islas y que la única forma de obtener algún resultado es seguir la experiencia china, que en 1997 recuperó la soberanía de Hong Kong. China solamente pudo recuperar ese territorio cuando creció en músculo y pudo hacer valer sus derechos en el plano internacional. Los argentinos, en cambio, llevamos 50 años de decadencia. A esta Argentina los británicos no le van a devolver el archipiélago. Es una Argentina que no tiene la necesaria presencia en los foros internacionales para hacer ninguna presión. Lamentablemente la clase política no lo quiere ver.

-Acaso no existe el riesgo de que la población de Malvinas busque independizarse o transformarse en un protectorado y que eso le quite aún más posibilidades a la Argentina…
-Creo que no, porque contra lo que muchos piensan, las Islas tienen población decreciente. Si bien están logrando una independencia económica, y de hecho tienen el mayor ingreso per cápita de todo el Reino Unido gracias a la pesca, son muy pocos habitantes. Hoy son 2.611, a los que debemos sumar unos 2000 soldados que se encuentran en la base militar. La única manera de que sean independientes es que Argentina baje el reclamo y estimo que eso no va a suceder. Después de lo que significó la guerra, la sociedad argentina no lo permitiría. Pero atención, los británicos tampoco quieren darles la independencia a los kelpers, es todo cuento que están en el archipiélago para protegerlos. Ese falso interés en la seguridad de la población es la excusa que utilizan para estar en el territorio. Por eso insisto que la Argentina tiene que sostener el reclamo y tal vez pueda recuperar las Islas el día que deje atrás la decadencia de medio siglo.

-¿Cómo influye el tema de los recursos naturales en la permanencia de los británicos en el archipiélago?
-Por un lado, están depredando el Mar Argentino, dándoles licencias a naves pesqueras de todo el mundo. Los recursos pesqueros permiten la autofinanciación de los isleños y tener un interesante ingreso per cápita del que ahora también quiere participar la metrópoli, lo que puede ser fuente de conflicto. El segundo elemento es la explotación de hidrocarburos, que la metrópoli se reservó para sí, no se la dieron a los isleños. Eso todavía está en estudio porque es muy complejo montar una plataforma petrolera en un mar con olas de seis metros y un clima muy adverso. Lo que considero más importante es el control de las vías marítimas. Se está hablando de la construcción de barcos que van a transporta 400 mil toneladas, y como ese volumen no pasa por Panamá, forzosamente van a pasar por el Pasaje de Drake. En consecuencia, Malvinas es un punto estratégico para controlar el tráfico entre ambos océanos. Por eso creo que cualquier gasto que tenga el Reino Unido es mínimo al lado de las ganancias y todo eso justifica la inversión militar. 

-A pesar de su continua dedicación al tema nunca fue a Malvinas. ¿Por qué?
-No critico a la gente que va por turismo o los veteranos que van para sanar o cerrar una historia personal, pero yo no puedo ir. Estoy en contra del Acuerdo de Comunicaciones firmado durante el gobierno de Menem, que obliga a los argentinos a ingresar a Malvinas con pasaporte, un documento que en realidad se exige para ingresar a un país extranjero. Argentina no tendría que haber admitido eso.

Hagamos un poco de historia: en los acuerdos de comunicación de 1971, en el Gobierno de Lanusse, se estableció que los argentinos podían entrar a las Islas con tarjeta blanca y los isleños viajar a la Argentina con el mismo documento, es decir que no era necesario el trámite de aduana. Cuando se produjo la guerra, el Reino Unido no denunció ese documento. De hecho en el primer viaje que hicieron los padres de los argentinos enterrados en Darwin, durante el gobierno de Menem, esos argentinos entraron con la tarjeta blanca. Cuando se firmaron los nuevos acuerdos impulsados por el canciller Guido di Tella, los británicos exigieron el pasaporte y Di Tella terminó aceptando. El mismo planteo le habían hecho a Lanusse pero su canciller les dijo que eso era inadmisible. A Di Tella le faltó carácter. He cuestionado tanto esa decisión del menemismo que viajar a Malvinas con pasaporte sería un poco traicionar mis convicciones.


Biangardi junto a los veteranos de Cañuelas, 2015.

-De todas las historias de los combatientes locales que reproduce en su último libro, ¿cuál le parece más conmovedora?
-Todas, porque cada uno le puso su impronta. Lo que rescato de ese libro es que se pudo nuclear a gente de las tres fuerzas; a suboficiales, soldados y un oficial, el hijo del Dr. Herrera, que fue muy objetivo y contundente en sus apreciaciones. Él es uno de los tantos tenientes que terminó desilusionado, no por el desempeño del ejército en el campo de batalla, sino por la falta de autocrítica de los mandos después de la guerra. Él me decía que se hicieron un montón de informes de lo que se debía cambiar, las autoridades nunca lo tuvieron en cuenta y que al final se cansó. Su relato es coincidente con lo que me fueron contando un montón de oficiales que conocí en mis conferencias por el país.

De los veteranos que conocí en Cañuelas siempre me sorprendió la personalidad de De Paola, de Uribelarrea, me acuerdo con mucho cariño por la pasión con la que habla. Un día se me presenta y me dice a viva voz: “Soldado clase 62 De Paola presente” y me muestra un tatuaje del regimiento donde había estado. Y después, por supuesto, imposible olvidar a Luis Mario, que tenía una frescura espectacular. Pero todos los muchachos de Cañuelas son veteranos de muy buenos sentimientos.