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| Cultura y eventos

Bernardino Rivadavia, la Escuela 1 y el preceptor borracho

En 1824 se produjo en Cañuelas la primera denuncia contra un empleado estatal por inconducta laboral.

En 1824 se produjo en Cañuelas la primera denuncia contra un empleado estatal por inconducta laboral.

Bernardino Rivadavia, la Escuela 1 y el preceptor borracho

Corría el año 1824 en el pueblo de Cañuelas. La Escuela Nro. 1, recién inaugurada, funcionaba con 25 alumnos varones. Al poco tiempo los vecinos comenzaron a quejarse ante el Juez de Paz, no por el bullicio del escaso alumnado sino por los frecuentes espectáculos que brindaba el preceptor cuando llegaba borracho en su caballo.

A raíz de esas quejas, el rector de la Universidad de Buenos Aires, Antonio Sáenz, le envió una carta a Bernardino Rivadavia -por entonces ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del gobernador Gral. Martín Rodríguez- exponiendo la mala conducta del preceptor y proponiendo destituirlo del cargo. 

La nota, fechada el 15 de enero de 1824, se conserva en la Sala X, Legajo 6-2-3 del Archivo General de la Nación.

La Escuela Nro. 1, una de las primeras de la provincia de Buenos Aires, comenzó a funcionar en 1823. Ocupó distintos inmuebles cercanos a la plaza hasta que en 1869 se construyó su primera sede propia en un terreno donado por Pedro Lara, aledaño a la Iglesia Nuestra Señora del Carmen. Recién en 1906 se inició la obra del edificio actual, de dos plantas, cuya construcción demandó 7 años.

Transcribimos a continuación el texto completo de la carta enviada por Sáenz al ministro Rivadavia.

Señor Ministro y Secretario de Gobierno y Relaciones Exteriores Don Bernardino de Rivadavia

La conducta del preceptor de la escuela pública de primeras letras del Pueblo de las Cañuelas Don Pedro Aliaga no deja ya lugar ni a la prudencia, ni a la reconvención, que suele muchas veces reconciliarse con la enmienda. 

He tenido quejas muy repetidas de sus frecuentes venidas a esta Ciudad; del abandono, desorden y mala administración de la Escuela, y del vicio de embriaguez con que escandaliza al vecindario de su residencia, hasta llegar al caso de caerse ebrio del caballo. 

Reconvenido algunas veces por el Juez del lugar, para buscar pretexto de venir a la Ciudad, ha tomado la costumbre de fingir que le faltan útiles, cuando ni para esto era necesaria su venida, ni se ha dejado de surtir la escuela, si alguna vez los ha pedido. Como consta en el Archivo General por sus mismos recibos. 

Pero esto no es de extrañar cuando ha llegado también a suponer órdenes del Prefecto para bajar a ésta, sin habérselas enviado nunca, como este mismo jefe me lo expone en el oficio […] En tales circunstancias no encuentro más arbitrio de poner remedio a estos desórdenes que destituirlo; y si esta medida fuere del agrado de VS le propongo en su lugar a Don Victoriano Muñiz, para que nombrado pase a recibirse de la Escuela.

Dios guarde a V.S. muchos años,
Buenos Aires Enero 15 de 1824.
Antonio Sáenz

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