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| Cultura y eventos

Afectuoso homenaje a Víctor Brignani en el centenario de su natalicio

Familiares se congregaron el sábado en el Cementerio Municipal, donde descansan sus restos.

Familiares se congregaron el sábado en el Cementerio Municipal, donde descansan sus restos.

Afectuoso homenaje a Víctor Brignani en el centenario de su natalicio

 Hijos y nietos en el homenaje del sábado 29.

En la calurosa tarde del sábado varios integrantes de “los Brignani” se dieron cita en el cementerio municipal para honrar la memoria de Víctor, patriarca familiar que en la segunda mitad del siglo pasado tuvo una destacada actuación en Cañuelas como comerciante, integrante de entidades intermedias y vecino solidario.

Nacido en el gran Buenos Aires el 29 de febrero de 1920 y fallecido en Cañuelas el 27 de junio de 1978, cuando se apagaban los festejos de Argentina campeón del mundo, su memoria perdura en el recuerdo colectivo por su actuación comercial en la Galería Brignani, ubicada en el edificio del actual banco Santander Río. 

Pero también fue presidente de la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Cañuelas, integrante de Acción Católica y de la Junta Parroquial, fundador de la Asociación de Amigos de la Av. Libertad y benefactor de la Biblioteca Sarmiento. 

La respuesta de la comunidad y de muchas instituciones que lo tuvieron entre sus miembros no estuvo a la altura de la labor desinteresada que Don Víctor les prodigó en vida. De todas maneras, allí estuvieron los familiares para llenar ese vacío.

Los nietos de Don Víctor.

“Fue una recordación de anécdotas y recuerdos, algunos olvidados. Los tres hijos que estamos acá, con algunos de nuestros hijos, nos juntamos para hacerle este homenaje. Fue muy movilizador” dijo Carlos Brignani a InfoCañuelas.

Rosa Beatriz Brignani se encargó de leer una carta escrita por María Lucía, nieta del homenajeado que vive en Goya (Corrientes). Fue el broche de oro en una tarde de familia, memoria y emociones.

CARTA AL ABUELO VÍCTOR

Seguro que el tiempo pasa, sin embargo, la transmisión sobrepasa las fronteras de lo conocido. Si el resguardo de ese transcurrir asienta en la memoria, no hay dudas de que tu legado llega hasta nuestros días. 

Tal vez soñé que me alzaste en tus brazos, tal vez tuvo que ver con que calaste hondo con tu ausencia en el corazón de mi padre o quizás sea que el mismo pasillo que me vio dar mis primeros pasos era el que atravesabas en tu diario despertar para inmiscuirte en tus charlas de vidriera y pueblo despertándose. 

Cuentan que sembraste, que organizabas y dirigías, que eras el guía de paseos interminables y recovecos descubiertos a costa de la Rambler a toda potencia por lo mas inhóspito a donde podías llegar. Tenías ese no sé qué, ese fanatismo por los lugares nuevos y ese amor por los sitios conocidos, eso mismo que se ve hoy en tus hijos. 

Sin dudas fuiste -y te imagino así- un hombre necio, tanto para imponerte como para con esa rectitud llevar adelante tus anhelos y propósitos. De tu inquietud me llega algo, pero de esa buena, la que construye. 

Brignani junto al padre Jesús Borlandelli, hacia 1954. Foto gentileza Pablo Garavaglia.

Que no coincidimos en la edad de la vida es una pena verdaderamente, pero no siempre vale quien vive con uno contemporáneamente, sino quien sabe trascender como palabra, como acción, eso indecible que es un transitar que te viene de algún lado y que cuando hablan de vos a veces me sucede... 

Cuando hablan de vos entiendo muchas cosas, de cómo es mi padre, mi historia y mi pasado. Sin dudas uno que permanece hasta hoy, cuando el odio por el fútbol es el modo de ´duelarte´ y los chistes entre los Brignani llegan hasta la tentación de risa mezcla con llanto y brote de emoción. 

Recuerdo algunos de tus objetos y las piedritas del costado de la Galería que escribían nuestro apellido, lo pesado de esa reja para subirla y el tras bambalinas de esa especie de desván que apagaba la magia de saber qué había atrás, pero que me llevaba a ese otro lugar mágico lleno de cosas y al que nadie accedía. Desde ahí espiaba la avenida y la curiosidad estampaba mi infancia, como una marca, como una huella. El lugar de mis primeros recuerdos está muy cerca tuyo.

Abuelo, puedo nombrarte porque los lazos no están hechos de realidad sino que se construyen y eso aún en la ausencia, puede contar, valer y hacer marca y esa es tu transmisión. Esa que está hecha de palabras y que por eso perdura, esa que nos reúne hoy y que permanece como una huella tuya y tal vez ese sea tu mejor legado, algo que seguramente así lo hubieses querido: la reunión y la memoria familiar, que es pura pertenencia.
 

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