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08 de junio. Cañuelas, Argentina.

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1836: la fiesta de tres días que vivió el pueblo de Cañuelas para celebrar a Rosas

Una misa, un asado con cuero en la plaza y un desfile con el retrato del Restaurador hasta Monte.

Cañuelas y alrededores en el mapa de la Provincia y sus estancias, de Sir Woodbine Parish y John Arrowsmith, 1836.

Del 23 al 25 de julio de 1836, el pueblo del Carmen, cabecera del partido de Cañuelas, vivió una gran fiesta de tres días para celebrar la Independencia, pero también el primer aniversario del advenimiento de Juan Manuel de Rosas como líder supremo. La celebración continuó en el pueblo de Monte, hasta donde una comisión de vecinos se dirigió en procesión transportando un gran retrato del Restaurador, una herramienta habitual de la propaganda del régimen para construir consenso y control social.

Los detalles del mitin cívico-federal fueron publicados en el diario La Gaceta Mercantil por un corresponsal que se manifestó sorprendido por el esmero con el que los cañueleros habían adornado el pueblo con la divisa rojo punzó, cintas de uso obligatorio para expresar la fidelidad al líder.

“El día precitado pasando por las inmediaciones del pueblo, atraído por la curiosidad de ver todas las casas adornadas con banderas me aproximé al pueblo, y quedé sorprendido al ver tanta variedad y esmero con que todos habían adornado sus casas: noté un numeroso acompañamiento precedido por el Sr. Comandante D. Pedro Lorea, el Juez de Paz D. Casimiro Villegas y su sustituto D. Manuel Rodríguez, que se dirigían a la iglesia conduciendo el retrato de Nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes, y después de la misa en acción de gracia al Todo Poderoso, el Sr. Cura D. Francisco Ferreira predicó una oración análoga a las circunstancias, concluyendo con exhortar a todos a que coadyuvasen con la presente administración que tantos y tan palpables beneficios había traído a la provincia y a la República toda haciendo desaparecer el bando protervo de unitarios”.

“Concluido esto —prosigue el corresponsal— advertí una disputa que se suscitó entre las señoras y los concurrentes sobre quiénes habían de sacar el retrato para conducirlo en triunfo por todo el pueblo; al fin cedieron los hombres, el retrato fue conducido por las señoras, escoltado por una guardia de honor, compuesta de federales decididos y mandada por el capitán de milicias del pueblo D. Francisco Muñoz, en medio de un numeroso concurso en el que resaltaba por todas partes el distintivo federal; fue conducido por todo el pueblo entonando el himno nacional, precediendo a cada verso una descarga de fusilería, hasta dejarlo en la casa del Sr. Comandante preparada y adornada al efecto: al dejarlo hubo varios brindis todos al héroe porteño, columna fuerte de la Federación, a su digna esposa Da. Encarnación de Ezcurra, y a las víctimas inmoladas por los feroces unitarios”.

Acto seguido, los lugareños se dirigieron a la plaza (hoy San Martín) donde tuvo lugar la comida favorita del campo: carne con cuero regada con sucesivos brindis.

“Al anochecer se iluminó todo el pueblo, descubriéndose por todas partes inscripciones y versos análogos a los sentimientos de que están penetrados los verdaderos federales: más tarde el Señor Comandante proporcionó en su casa un lucido baile, al que concurrieron todos y todas las damas argentinas brillantemente adornadas y condecoradas con la divisa punzó”.

“Después de tres días de regocijos públicos en que todos demostraron su adhesión al sistema santo de Federación y a la persona del Ilustre Porteño cuyo advenimiento al mando se celebraba, se formó una guardia de honor compuesta de ciudadanos, y mandada por el Sr. Comandante, el Juez de Paz y su sustituto, para conducir el retrato a la Guardia del Monte, llevándolo en medio de todos el Sr. Cura D. Francisco Ferreyra”.

El retrato de Rosas fue llevado en procesión desde Cañuelas a Monte. Mapa de Sir Woodbine Parish y John Arrowsmith, 1836.

Al llegar a destino, la comitiva fue recibida por una de las figuras más temidas y fieles al régimen en toda la región: el coronel Vicente González, apodado popularmente "El Carancho", quien comandaba las fuerzas militares de la frontera. El cronista relató así ese encuentro entre los vecinos de ambos pueblos:

“A distancia de un cuarto de legua de dicha guardia salió a recibirlos con un lucido y numeroso acompañamiento el benemérito jefe del regimiento 3 de campaña, D. Vicente González; el encuentro fue precedido de vivas y aclamaciones, concluyendo por abrazarse mutuamente los de uno y otro pueblo”.

“En seguida marchó todo el acompañamiento en dirección al pueblo, el cual se hallaba todo adornado con banderas federales: un inmenso gentío salía a las calles al recibimiento y las señoras se disputaban el lugar para echar flores por donde pasaba el retrato: así fue conducido por todas las calles del pueblo; el Sr. Coronel D. Vicente González designó la casa del ciudadano D. Bernardo Romero para colocar el retrato, la cual se hallaba federalmente adornada con varias inscripciones, todas con alusión a las jornadas y victorias conseguidas contra los pérfidos unitarios”.

“Al colocar el retrato un joven de diez años de las Cañuelas pronunció la siguiente arenga: ´Sr. Coronel D. Vicente González, las autoridades de Cañuelas y todos los que hemos tenido el honor de acompañar el retrato de S. E. damos a V. S. las gracias por la bondad con que se dignó confiarnos una alhaja de inestimable valor para todos los federales. Al devolvérosla, después de tres días de regocijos por su advenimiento al mando con toda la suma del poder público, deseamos que el Cielo dilate sus preciosos días para engrandecimiento de la provincia y penetrado el Sr. Coronel de los sentimientos que animan al vecindario de Cañuelas le invitamos a que nos ayude a decir ¡Viva el Restaurador de las Leyes! ¡Viva la Federación! ¡Mueran los unitarios!´”.

“En seguida D. Bernardo Romero obsequió a los vecinos de Cañuelas con una comida espléndida a la que asistió el Sr. Coronel con varios vecinos del pueblo; en ella reinó el mayor entusiasmo y alegría: a la noche mismo Sr. Romero proporcionó un baile en su casa al que concurrieron las señoras del Monte federalmente adornadas y con la divisa punzó al lado izquierdo de la cabeza”.

En otra página, el periódico detalla una fiesta similar celebrada en los pagos de Navarro en el marco de la festividad de San Lorenzo, patrono del pueblo. El festejo incluyó fuegos artificiales y una misa concelebrada por los curas de Monte, Manuel Echevarri; de Lobos, Manuel Vara; y del pueblo anfitrión, Gregorio Ramos de Castro.
 

 

Fuente: La Gaceta Mercantil, 3 de septiembre de 1836. Biblioteca Histórica Nacional.

 

Escrito por: Germán Hergenrether