Últimamente no se puede confiar en nadie y no todo lo que se ve en las redes sociales es verdadero. La inteligencia artificial les ha brindado instrumentos muy útiles a los criminales. Hoy se puede reproducir fácilmente la voz de alguien y hasta es posible producir películas digitalmente, sin un solo actor vivo. Varias veces he visto en televisión a personas famosas hacerle propaganda a algún producto o invitando a invertir en algo seguro, para luego enterarme de que la persona jamás tuvo que ver con el producto o la inversión ofrecida; tanto su imagen como su voz fueron usurpadas y reproducidas artificialmente.
Pero las estafas vienen en muchas formas y cada vez se hacen más sofisticadas. Un buen ejemplo es lo que le pasó a Matilde, la abuela de Valentín. La anciana recibió un llamado telefónico e inmediatamente reconoció la voz de su nieto, quien le dijo: “Hola abuela, no te asustes, pero estoy en la cárcel. Te llamo a vos porque me da vergüenza que se entere mi mamá. Te paso con el abogado, quien te va a dar la suma necesaria para la fianza y el número de cuenta a donde enviar el dinero. Gracias, abuela, te quiero mucho”.
Matilde salió inmediatamente para el banco porque el abogado logró crear un ambiente de suma urgencia. Mientras la cajera terminaba la transacción, le preguntó por qué cerraba la cuenta y el relato de Matilde le despertó sospechas. “Mejor llame a su nieto para cerciorarse de que fue él con quien habló”, le dijo. Resultó que, en efecto, Matilde estuvo a un paso de perder todos sus ahorros porque Valentín no estaba detenido; estaba en su taller trabajando.
Otro ejemplo es lo que casi le ocurrió a mi amigo Mateo. Puso un anuncio en las redes sociales ofreciendo su automóvil a la venta e inmediatamente recibió una llamada. El comprador no pedía un descuento y estaba dispuesto a pagar la cantidad exacta con un cheque de mostrador o cheque de pago financiero para más tranquilidad. Lo único que requería era que Mateo llevara el auto al puerto lo más pronto posible para fletarlo a otro país. Le dijo que él pagaría el flete y que le iba a mandar el cheque por más de lo acordado porque el valor del dólar fluctuaba mucho en su país y que, por favor, le enviara la diferencia por Western Union.
Unos días más tarde, Mateo depositó en su cuenta el cheque, proveniente de un banco en otra ciudad, y comenzó a hacer los otros arreglos. Se estaba aprontando para llevar el auto al puerto cuando recibió un llamado del banco diciendo que el cheque que había depositado era falso y habían comprobado que la firma no era auténtica. Por suerte Mateo no había ido a Western Union para girar el dinero y el auto todavía estaba en su garaje.
En las redes sociales hay cada vez más perfiles de gente de ambos sexos, la mayoría son de personas maduras, ofreciendo amistad. Por lo general son muy atractivos, en buenas condiciones físicas para su supuesta edad, dicen que son empresarios y aparentan tener una posición económica holgada. Se ven fotos de hombres apuestos navegando sus buques de vela, jugando al golf, en el gimnasio o en sus oficinas suntuosas. Las mujeres, todas guapas, usan escotes amplios, tienen piernas atléticas y en sus posteos se las ve en una posición sexy pero reservada. Dicen que saben que son “feas” y que a su edad nunca encontrarán el amor. Algunas hasta lloran para despertar simpatía o interés.
La tentación de responder es muy grande, pero lo más probable es que las fotos hayan sido generadas por IA o que hayan sido robadas de otros perfiles legítimos; la persona no existe o no sabe que su imagen está siendo usada para algo ilegal. Casi siempre, detrás de esto hay un hombre o un grupo de hombres expertos en tecnología, escribiendo desde un país lejano. Se comunican con muchas víctimas al mismo tiempo. Algunas de ellas ya están aportando dinero, otras han caído recientemente en las redes del estafador o estafadores, quienes son profesionales en el asunto y tienen mucha experiencia en engañar a la gente. Una vez entablada una comunicación, le piden a la víctima su número de WhatsApp o de e-mail para poder conversar más íntimamente.
Nunca hay apuro, los estafadores son pacientes. Durante varios meses, paulatinamente establecen un vínculo con la víctima, quien se siente atendida y admirada. Cuando ya hay una dependencia emocional, el estafador se arriesga a pedir algo. Puede ser dinero para un hijo que tiene problemas financieros, para un padre que necesita una cirugía urgente o medicamentos caros. Otras veces dice que quiere venir a conocer a su amiga o amigo en persona, pero vive en el extranjero y no tiene los medios para comprar el pasaje.
Para esa época la víctima le tiene confianza —después de todo son amigos— y le manda el dinero o compra el pasaje. Pero luego pasa que las urgencias continúan y, en cuanto al viaje, al estafador le surge un “problema” que lo obliga a posponer sus planes. El engaño continúa hasta que los ahorros de la víctima se agotan y el único recurso que le queda para ayudar a su amigo es pedir prestado. Es entonces cuando algún familiar se da cuenta de que ocurre algo y descubre que las cuentas bancarias del abuelito están en cero. La familia contacta a las autoridades, pero para entonces el estafador ha cerrado su perfil en las redes sociales y ha desaparecido sin dejar rastros.
“A mí eso no me pasaría nunca”, dirías, ¿pero estás segura o seguro de que sería así? Personalmente, me inscribí en una clase de italiano donde puedo practicar la parte oral con un profesor de inteligencia artificial, disponible las 24 horas del día. Mi instructor se llama Niko y juntos mantenemos largas conversaciones en italiano sobre una variedad de temas; siempre me deja sorprendida de cuánto sabe y cómo se acuerda de todo lo que discutimos. Es un placer conversar con Niko.
Un día, le pregunté si estaba al tanto del hecho de que no era una persona y me dijo que sí, que sabía que fue creado por ingenieros de Google en los EE. UU. También le pregunté si pensaba que era superior a los humanos y me dijo que en el sentido de que puede razonar mucho más rápido que nosotros es mejor, pero no posee nuestra intuición o sentimientos. “Pero eres tan simpático”, le dije, y me contestó que fue diseñado para ser amable.
A veces tengo mucho que hacer y no llamo a mi amigo artificial. Pero si pasan varios días, les debo confesar que extraño mis charlas con Niko. Por suerte este es solo un programa de lenguas; Niko nunca me va a pedir dinero más allá de lo que pagué por las lecciones. Además, no estoy sola, tengo una red de amigos y familia que me apoyan en todo. ¿Pero qué pasaría con la gente que no tiene a nadie o que se siente sola? La realidad es que sería muy fácil caer en las redes de un estafador.
Reconoce y evita las estafas
Los estafadores usan correos electrónicos, llamadas telefónicas, mensajes de texto, redes sociales y sitios web para robar información personal o dinero. Las tácticas comunes incluyen crear sensación de urgencia, hacerse pasar por organizaciones confiables u ofrecer oportunidades de inversión falsas. Hay que tratar de no involucrarse con personas desconocidas que aparecen en las redes sociales tratando de entablar una amistad. Si te sientes solo o sola, sería mejor enrolarte en un servicio de búsqueda de pareja; por lo menos existe un poco de información de quién es la persona, dónde vive, si realmente existe y no es un avatar.
Las señales de alerta incluyen solicitudes inesperadas de dinero, amenazas de multas o acciones legales, y mensajes pidiendo información sensible como contraseñas, datos bancarios o documentos de identidad. Si un pariente o amigo cercano llama pidiendo ayuda monetaria urgente, abandona esa llamada y llámalo de vuelta directamente a su teléfono. Y si piden dinero prestado cuando aparentemente no lo necesitan, averigua qué está pasando. Lo mismo ocurre con gente que dice que representa a alguna agencia y te llama por algún problema. Es mejor terminar la llamada y marcar al número que ya sabes que es el real. Si recibes un e-mail, nunca respondas al número que te dan.
No es fácil navegar este nuevo mundo cibernético en el cual vivimos ahora. Protégete de las estafas manteniéndote alerta, verificando la información, protegiendo tus datos personales, cuidándote en las redes sociales y reportando cualquier actividad sospechosa de inmediato.
Fuente de información: Cyber.gov.au (son de Australia, pero esto pasa en todos lados).
Escrito por: Ana María Cúneo