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27 de agosto. Cañuelas, Argentina.

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¿Los endeudados, nuevos actores políticos?

Del “corralito” de 2001 a “la casta” de 2023, las crisis argentinas siempre crean nuevos actores. Hoy asoma uno silencioso y transversal: el ciudadano que se endeuda para llegar a fin de mes. Escribe: Maximiliano Mazzanti

Hay una manera de leer la historia reciente de nuestro país que va más allá de los gobiernos, las elecciones y los datos económicos: observar qué nuevos sujetos sociales aparecen en cada crisis, qué demandas expresan y en qué momento esas demandas logran transformarse en una identidad política.

Las crisis no solamente producen consecuencias económicas. También pueden modificar las formas en que una sociedad se reconoce a sí misma, identifica adversarios, construye demandas y encuentra nuevas formas de representación.

En ese sentido, la Argentina del último tiempo puede leerse también como una sucesión de sujetos que, en determinados momentos, lograron ocupar el centro de la escena política.

2001: los ahorristas

En 2001, en medio del colapso económico, financiero y social, emergió con enorme fuerza un actor que hasta entonces parecía formar parte de la vida cotidiana de la clase media: los ahorristas atrapados por el corralito. La consigna era concreta y profundamente material: “Quiero recuperar mis ahorros”.

Pero detrás de ese reclamo había algo más profundo: la ruptura de la confianza entre una parte de la sociedad, el sistema financiero y el Estado.

El ahorrista dejó de ser simplemente quien guardaba dinero en un banco para convertirse en un sujeto de protesta. Su reclamo individual comenzó a adquirir una dimensión colectiva.

La crisis produjo también otra expresión que trascendió aquella coyuntura: “que se vayan todos”. La frase sintetizó el profundo rechazo hacia buena parte de la dirigencia política tradicional y expresó una crisis de representación que excedía el problema de los depósitos bancarios.

La crisis económica y social derivó también en una profunda crisis política. La renuncia de Fernando de la Rúa y la sucesión de presidentes durante la crisis —Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde— expresaron la magnitud de una crisis de poder que excedía ampliamente el problema económico.

El sujeto de la crisis no era solamente quien había perdido o tenía inmovilizados sus ahorros. Era también el ciudadano que sentía que las instituciones habían dejado de responderle.

2008: el campo

Siete años después apareció otro actor con una enorme capacidad de movilización: el campo. El conflicto por la Resolución 125, que establecía un esquema de retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias, comenzó como una disputa política, económica y sectorial. Pero rápidamente dejó de ser solamente una discusión sobre retenciones.

Las protestas, los cortes de ruta, las movilizaciones y el enfrentamiento político con el Gobierno transformaron al reclamo de los productores en un conflicto de alcance nacional.

En ese proceso, “el campo” comenzó a funcionar como una identidad política. El sujeto ya no era únicamente el productor agropecuario que cuestionaba una medida determinada. La expresión empezó a representar a una parte de la sociedad que, por distintas razones, se identificaba con aquel reclamo y con una determinada visión sobre el modelo económico y político del país.

El conflicto se convirtió en una disputa por el poder, por la representación y por el sentido de determinadas políticas públicas.

La derrota legislativa con el célebre voto “no positivo” de Julio Cobos en el Senado convirtió aquel conflicto en un punto de inflexión de la política argentina. Otra vez, una demanda material había conseguido transformarse en una identidad política.

2015: el sujeto del cambio

Catorce años después de la crisis de 2001, y siete después del conflicto con el campo, el escenario volvía a modificarse.

Tras doce años de gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, una parte importante de la sociedad comenzó a organizar su expectativa política alrededor de una palabra: cambio.
Más que un sujeto social perfectamente definido, se trató de una identidad política.

El ciudadano del “cambio” podía tener distintas procedencias sociales, económicas e ideológicas. Lo que lo unificaba era la percepción de que era necesario modificar el rumbo del país.

El reclamo no era exclusivamente económico. Incluía demandas institucionales, políticas y culturales. La alternancia, la renovación dirigencial, la transparencia y el rechazo a determinadas formas de ejercicio del poder formaron parte de aquella construcción.

El “cambio” terminó convirtiéndose en una identidad electoral capaz de llevar a Mauricio Macri a la Presidencia. La particularidad de este sujeto fue que ya no surgía necesariamente de una demanda económica concreta. Era, sobre todo, una identidad construida alrededor de la expectativa de transformación.

2020: Pandemia - COVID-19

Si bien resulta difícil establecer comparaciones con las crisis anteriores, la emergencia sanitaria no solo paralizó actividades económicas, sino que también transformó hábitos, vínculos sociales y formas de vida.

Durante ese período de pandemia, el Estado volvió a ocupar un lugar central como respuesta frente a una crisis extraordinaria. La asistencia económica, las restricciones, las discusiones sobre la actividad productiva y las tensionesrededor de las libertades individuales fueron construyendo nuevas divisiones y percepciones dentro de la sociedad. La crisis sanitaria llegó a su fin sin crear un sujeto político claramente identificable, pero muchas de sus consecuencias económicas y sociales permanecieron. La sociedad comenzó a experimentar la fragilidad de sus ingresos y la dificultad de sostener su vida diaria frente a una situación inesperada.

2023: “la casta”

La elección presidencial de 2023 produjo una nueva transformación. Javier Milei logró instalar una categoría que rápidamente trascendió el lenguaje de la política para convertirse en una identidad de confrontación: “la casta”.

Esta construcción, a partir de la polarización, ponía de un lado a “la gente” y del otro a quienes formaban parte de un sistema político considerado responsable de los problemas del país. La categoría incluía a dirigentes políticos, funcionarios, burocracias y sectores vinculados al establishment político tradicional.

Más allá de las discusiones sobre quiénes integran realmente esa categoría, lo relevante desde el punto de vista político es que “la casta” permitió construir un antagonismo, una frontera.

Una vez más, una crisis económica, social y de representación contribuyó a producir un nuevo sujeto político.

El conexto actual y los endeudados

Es aquí donde puede estar produciéndose una nueva transformación. En la Argentina actual comienza a adquirir una dimensión cada vez mayor un actor diferente: los endeudados.

No se trata solamente de quienes contrajeron un crédito para comprar una vivienda, un automóvil o realizar una inversión. Se trata también de quienes utilizan la tarjeta de crédito, un préstamo personal, una aplicación o una billetera virtual para afrontar gastos corrientes porque sus ingresos ya no alcanzan. Y aquí aparece una diferencia fundamental: no es lo mismo decir “me endeudo para comprar algo” que decir “me endeudo para poder llegar a fin de mes”.

En el segundo caso, el crédito deja de ser solamente una herramienta financiera y comienza a ocupar el lugar que debería ocupar el ingreso. Cuando una persona necesita crédito para pagar alimentos, servicios, transporte o gastos habituales, estamos frente a un fenómeno social diferente.

El problema deja de ser solamente cuánto gana una persona y comienza a ser cuánto debe para sostener su vida cotidiana.

Del salario al crédito

Quizás allí esté una de las transformaciones sociales más importantes que estamos atravesando. Durante décadas, el salario fue el mecanismo fundamental mediante el cual millones de argentinos accedieron al consumo y reprodujeron su vida cotidiana. Ahora, para una parte de la sociedad, el salario puede no alcanzar. Entonces aparece la tarjeta; después, el préstamo; luego, la billetera virtual. Y finalmente, cuando tampoco alcanza el crédito, aparece la morosidad.

El problema deja entonces de ser exclusivamente cuánto dinero ingresa al hogar y pasa a ser cuánto de ese ingreso futuro ya está comprometido.

Y allí aparece una experiencia que puede ser transversal a distintas clases sociales y posiciones políticas. Los endeudados pueden ser trabajadores formales, monotributistas, comerciantes, jubilados o jóvenes. Pueden haber votado al oficialismo o a la oposición. No necesariamente los une una ideología: los puede unir una experiencia. “Mis ingresos no alcanzan y necesito endeudarme para vivir”.

¿Un nuevo sujeto político?

Todavía no podemos afirmar que exista un “movimiento de los endeudados”. Los endeudados son, por ahora, principalmente un sujeto social y económico.

Para transformarse en sujeto político tendrían que reconocerse colectivamente, construir demandas comunes y encontrar una representación capaz de expresar esa experiencia.

Pero la historia argentina enseña que las identidades políticas muchas veces comienzan precisamente así: como experiencias individuales que, en determinado momento, descubren que son compartidas por millones.

El ahorrista de 2001 no nació como una identidad política.

El campo de 2008 tampoco comenzó siendo una categoría política capaz de organizar un conflicto nacional.

El “cambio” de 2015 fue construyéndose como expectativa.

La pandemia 2020-2021 provocó una crisis sanitaria con consecuencias sociales y económicas sin cristalizar un sujeto político equivalente.

“La casta” de 2023 necesitó de una narrativa política que transformara una percepción social en un antagonismo.

En todos esos casos hubo un proceso mediante el cual una experiencia particular comenzó a reconocerse como una experiencia colectiva.

La gran incógnita política es saber si este proceso de endeudamiento que atraviesa una buena parte de nuestra sociedad permanecerá como una suma creciente de problemas individuales o si terminará construyendo una identidad colectiva. Porque cuando millones de personas comparten una misma problemática, esa dificultad puede dejar de ser solamente económica para convertirse en identidad política.

Y quizás el próximo gran sujeto de la política argentina no sea el ahorrista, ni el campo, ni el ciudadano del cambio, ni la casta. Quizás sean, simplemente, los endeudados. Los ciudadanos que ya no reclaman solamente tener más ingresos: reclaman algo todavía más elemental: poder vivir sin necesitar crédito para llegar al próximo sueldo.
 

Escrito por: Maximiliano Mazzanti