Las normas morales son consuetudinarias, surgen de las vivencias que una sociedad reconoce como buenas según época y lugar. No son obligatorias, su violación no genera sanción directa; el castigo solo está dado por la reprobación social y el desmedro de la reputación del transgresor. Estas normas facilitan la convivencia. Su gama es amplia, tales como ceder el asiento a un anciano, el decoro en el vestir, no levantar la vos en una reunión, ni exhibir la privacidad en público.
Los orígenes y los efectos de las normas jurídicas son distintos. Provienen del Estado, que las genera a través de mecanismos internos conforme el orden constitucional de cada país. No hay norma jurídica que no nazca del imperio del Estado. Están taxativamente reglamentadas. Su violación tiene una respuesta concreta: la sanción.
¿A qué viene a cuento todo esto?
A que el grado de descomposición moral de nuestros hombres públicos ha llegado a extremos alarmantes y debemos enrostrarles no solo los delitos que cometen (transgresión de la norma jurídica), sino comenzar el reproche desde que transgreden la norma moral, en forma sanamente preventiva.
El pueblo también tiene su responsabilidad, nos hemos cansado de escuchar la frase “roban pero hacen”. Frase presuntamente sanadora; pero robar siempre es robar.
En la actualidad las sospechas aparecen día a día y rondan el neblinoso límite entre lo jurídico, que requiere sanción, y lo moral, que genera descrédito y repudio social.
El año pasado el fiscal federal Ramiro González festejó su cumpleaños. No lo hizo en la intimidad de una reunión familiar. Ofreció una fiesta para más de doscientas personas y el show de una celebridad del momento. Un evento muy costoso para los ingresos oficiales de un fiscal. Conducta antagónica de la austeridad que se espera de un representante de la acusación pública. La calidad de los invitados también merece observarse: magistrados, funcionarios, políticos y empresarios. Parece demasiado extendido el círculo íntimo de un fiscal de la República para el festejo de su cumpleaños. ¿Puede mantener su imparcialidad alternando en esos círculos? Dudoso, demasiada gente con poder y diversos intereses que defender alrededor de la misma mesa. ¿Es esto un delito? No, no lo es, se lo denunció por enriquecimiento ilícito y la acción penal fue rechazada; pero se transgredió una norma moral de conducta establecida para quienes ejercen la acción punitiva de la sociedad. La difusa frontera del delito.
Otro cumpleaños en la judicatura, más reciente: el del juez de la Cámara Penal Federal de Casación Carlos Mahiques. El periodista y abogado Hugo Alconada Mon refirió en La Nación que el magistrado festejó su onomástico en la ya célebre quinta de Villa Rosa, con helipuerto y autos de colección, que alcanzó la fama en la investigación sobre la AFA, Tapia y Toviggino. El magistrado cuestiona la información, pero otros asistentes la confirman. ¿Y cuál es el problema? Que el juez Mahiques tenía en ese momento para resolver una cuestión de competencia en el expediente sobre la oscura titularidad de quinta de Villa Rosa, que fue sede, al parecer, del agasajo al propio magistrado actuante. Ante el escarnio público y tardíamente, Mahiques dio un paso al costado y declinó actuar en la causa.
Carlos Mahiques no estaba solo en sus presuntos vínculos con la AFA, sus familiares tenían cargos que importan. Su hijo, Esteban Mahiques, sirve en la Cancillería y, además, era miembro del Tribunal de Disciplina de la AFA. Su otro hijo, Juan Bautista Mahiques, que era fiscal general de CABA y ahora es ministro de Justicia de la Nación, lucía como vicerrector de la Universidad de la AFA. Parece demasiado el vínculo de los Mahiques con la institución cumbre del fútbol argentino. La Inspección General de Justicia, que depende del Ministerio de Justicia, a cargo ahora del recién designado Juan Bautista Mahiques, realiza una auditoría investigativa sobre la conducta societaria de la AFA. Entiéndase: el reciente ex vicerector de la Universidad de la AFA investiga ahora la propia AFA. Estaríamos, recordando a Borges, en “El Jardín de Senderos que se Bifurcan”.
Es cierto que, por ahora, no se ha descubierto la violación de una norma jurídica, pero la cuestión parece oscura y alejada de las buenas formas republicanas.
No obstante, el gobierno nacional, que nombró ministro de justicia al Mahiques hijo, insiste con la continuidad del Mahiques padre en la cámara de casación. El magistrado cumple setenta y cinco años y debería retirarse. Quiere seguir en el disfrute del cargo así que pidió prórroga hasta los ochenta años. Pues bien, el presidente Milei, con infrecuente rapidez envió el pliego de su continuidad al Senado. ¿Figura imprescindible? ¡Ay, Discépolo: en el mismo lodo todos manoseaos!
Otro tema que todavía está en una situación difusa aunque ya hay causas en trámite, incluso en EE.UU., es el caso de la criptomoneda $LIBRA. Y en este caso la neblina cubre al Presidente de la República y a la Secretaria de la Presidencia, su hermana Karina. No vale abundar sobre el caso porque es ya muy conocido y transitado, pero sí conviene extraer algunas cuestiones.
No se puede dudar de que Javier y Karina Milei estuvieron personalmente ocupados en el nacimiento de la moneda y de que han mantenido íntimos vínculos con los financistas promotores. Lo prueban los ingresos de los involucrados varias veces a la Casa Rosada, diversos acuerdos proyectados que con la investigación tomaron estado público, la contemporaneidad de los hechos y el definitivo tweet de Milei promocionando el emprendimiento y publicitando el link de acceso al contrato, que no era público. La oscura promiscuidad se agiganta cuando la justicia, en su lento avance, logra abrir el teléfono celular de Novelli y surgen cantidad de interacciones entre el financista y la cúspide del poder. Intimidad que en los inicios del escándalo había sido negada.
Tampoco se puede dudar del desinterés del fiscal de la causa Eduardo Taiano, cuyo hijo trabaja en la Jefatura de Gabinete, que la ralentizaba y no le daba impulso, conducta que ha generado cuestionamientos y una denuncia contra el funcionario. ¿Se lo tildará de “tortuga” también?
En el Congreso se creó una Comisión Investigadora del Caso Libra, para conocer el entramado de la operación que involucró al Presidente de la República y a su hermana. En este tema no se puede descartar el interés espurio del kirchnerismo por igualar la conducta del presidente con la de su jefa condenada por corrupción, atizando el caso. Tal vez no sea lo mismo en calidad ni cantidad, pero igualmente debe investigarse.
¿Hay delito? No podemos afirmarlo, las investigaciones están en curso. Pero lo que sí es seguro es que la norma moral que rige la conducta de un presidente ha sido violentada.
También la sociedad trata de penetrar la niebla en el escándalo de la Agencia Nacional de Discapacidad. Ha sido judicializado, pero la causa aún se encuentra en estado de instrucción, por lo que hay presunción pero no certeza de delito. Sin embargo, un funcionario del gobierno, Spagnuolo, designado por el presidente Milei y, además, su amigo y abogado, está en el centro de la acusación por los presuntos delitos de asociación ilícita, cohecho y fraude. El objeto sería haberse organizado para cometer delitos a partir del manejo de la ANDIS: licitaciones direccionadas a empresas amigas, coimas a funcionarios y sobreprecios para obtener retornos.
Y como si todo esto fuera poco, aparece en escena un pintoresco viajero que, a la sazón, es el jefe del gabinete de ministros de la República: Manuel Adorni, el hombre de la lapidaria expresión: “fin”.
¿Fin de qué, nos preguntamos?
¿De incluir a su esposa en un viaje oficial en el avión presidencial?
¿De ser propietario de un inmueble en un country que no estaría declarado y otras dudas inmobiliarias?
¿De vacacionar en Punta del Este utilizando vuelos privados a cargo de un productor de la TV pública cuyo ámbito y control depende del mismísimo Adorni?
La sociedad, harta, espera respuestas jurídicas, sentencias que limpien la honra de los encausados o los condenen; pero, mientras tanto, repulsa la violación de la norma moral, y se pregunta como Marco Tulio Cicerón en la antigua Roma: “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?”
Escrito por: Carlos Laborde