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12 de octubre. Cañuelas, Argentina.

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Historia de dos islas

Escribe: Ana María Cúneo, una cañuelense en el extranjero.

Cruz de casi tres metros de altura en Landfall Park (San Salvador), lugar donde habría desembarcado Colón. Foto: enoutviajes.com

Cuando era niña, en las escuelas de Cañuelas celebrábamos el Día de la Raza con actos solemnes y discursos. Hoy, no se conmemora más la llegada de Colón a las Américas. Ahora, y con toda razón, en Argentina celebramos el Día del Respeto a la Diversidad Cultural. Pero el 12 de octubre me recordó una historia de dos islas extrañamente ligadas en un momento de la historia y cómo una decisión acertada cambió el destino de una de ellas.

Cursé mi último año de la escuela secundaria en Nueva York, donde mi familia se había radicado desde 1965, y al terminar el verano de 1967, me enrolé en una universidad de Florida. Mi madre se resistía a que yo viviera sola y por esa razón me fui a quedar con Bernice y Paul Nachtman, unos amigos de ellos que recientemente se habían mudado a Palm Beach, una isla de la costa atlántica de Florida, a 115 kilómetros al norte de Miami y a solo unos minutos de mi universidad.

El matrimonio Nachtman había formado una buena amistad con mis padres. En Nueva York, Paul trabajaba para un importante bufete de abogados que ofrecía servicios legales a grandes compañías comerciales. En 1967, la pareja decidió fijar su residencia en Palm Beach para que Paul estuviera más cerca del vendedor de una enorme parcela de tierra en la isla Guanahaní —la misma que Cristóbal Colón bautizó como San Salvador—. El vendedor vivía en Miami y el bufete de Paul representaba al comprador: una gran empresa internacional de construcción que tenía planes de desarrollar la isla a gran escala para el turismo mundial.

Palm Beach

En 1878, el buque de carga Providencia se hundió frente a una isla de Florida hoy conocida como Palm Beach. El buque, que había partido desde La Habana con destino a Barcelona, llevaba un cargamento de cocos. Los pocos residentes que habitaban el lugar comenzaron a plantar los cocos que llegaban a las playas y, en poco tiempo, una isla desolada se convirtió en un paraíso de palmeras tropicales.

A partir de fines del siglo XIX, con la llegada del ferrocarril, Palm Beach comenzó a desarrollarse como un complejo turístico para la clase alta. Desde el inicio tuvo una sociedad muy hermética y es el único sitio de los Estados Unidos donde un título de nobleza trae ventajas. Está habitada por gente muy adinerada, pero la mayoría vive ahí solo dos o tres meses al año. En esos meses invernales, Palm Beach se convierte en un remolino de gente, todos disputándose un lugar en esa pequeña isla de solo 21 kilómetros cuadrados. Pero, al llegar el calor del verano, sofocada por la humedad típica del trópico, la ciudad queda desierta y muchos negocios cierran. Es la época cuando los verdaderos residentes salen a disfrutar.

La pareja Nachtman pertenecía a un club de golf situado en Worth Avenue y conocido como El Club Everglades. Diseñado por Addison Mizner en 1919, este edificio marcó el comienzo de un estilo muy característico de Florida —una mezcla de arquitectura mediterránea y morisca— en gran parte inspirado por La Alhambra.

A menudo íbamos a cenar al Club Everglades, donde frecuentemente nos encontrábamos con figuras famosas del comercio estadounidense, como James Kimberly, el dueño de la compañía Kimberly-Clark. Pero quien más me intrigaba era Marjorie Merriweather Post, la hija de C. W. Post, el fundador de una compañía de cereales. Casi todas las noches, la señora Post se presentaba a cenar en el club vestida de largo y luciendo una tiara, que había sido parte de la vestimenta formal en su juventud.

En 1914, al morir su padre, Marjorie, quien prefería usar el nombre de Merriweather, se encontró a la edad de 27 años al mando de una empresa multimillonaria. Todos especularon que no iba a poder manejar negocios tan importantes, pero se equivocaron, pues su padre la había preparado desde los 10 años, dejando que la niña asistiera a reuniones de negocios junto a él. Merriweather, en efecto, fue una mujer visionaria, una de las primeras en comercializar los alimentos congelados. Estratégicamente, y en pocos años, fue adquiriendo otros negocios para finalmente conglomerarlos en General Foods, hoy un gigante de la industria de comestibles.
Entre 1923 y 1927, la empresaria hizo construir en Palm Beach una suntuosa casa, inspirada por el estilo mediterráneo de Addison Mizner.

El terreno, de casi 69 mil metros cuadrados, está situado entre dos costas: de un lado Lake Worth, un pasaje intercostal, y del otro, el océano Atlántico. Edificada sobre una base sólida de coral, la construcción y amueblamiento costaron 7 millones de dólares, el equivalente a 135 millones de hoy. Merriweather la llamó Mar-a-Lago. Para mantener una casa de 126 habitaciones y sus extensos jardines, la empresaria empleaba a 60 personas, pero a su muerte, en 1973, sus hijos no mostraron interés en cuidar una residencia tan grande. Fue así que la mansión fue legada al gobierno, con la condición de que se usara como una segunda Casa Blanca, o residencia de invierno para presidentes y dignatarios extranjeros.

Pero la propiedad necesitaba arreglos costosos y el gobierno no tenía un presupuesto para mantenerla, por lo que, en 1980, el Congreso estadounidense decidió devolver la residencia a la Fundación Post. Se anunció la venta del inmueble a un precio de 20 millones de dólares, pero ninguno de los pocos interesados estuvo dispuesto a costear tantos arreglos y a mantener una propiedad tan grandiosa. Y fue así como cinco años más tarde Donald Trump pudo comprar Mar-a-Lago por la increíble suma de 5 millones de dólares. Fue gracias a esa compra que los deseos de Merriweather Post finalmente se hicieron realidad.

San Salvador

Las Bahamas forman un gran archipiélago en el océano Atlántico norte, al sureste de Florida. San Salvador, una de sus 700 islas, está rodeada de playas matizadas de color rosa por las colonias de corales que abundan cercanas a sus costas. Llamada Guanahaní por su población taína original, esta es la isla donde hizo pie Cristóbal Colón en su primer viaje, «descubriendo» América. En Long Bay hay una cruz blanca que marca el sitio donde se cree que Colón desembarcó ese 12 de octubre de 1492 y hay otro monumento bajo el agua, donde supuestamente echó anclas la Santa María.

Durante los siglos XVI y XVII, la isla se convirtió en un lugar donde piratas, bucaneros y corsarios ingleses podían esconderse de los buques de la Corona española que patrullaban las aguas del Caribe. Según la leyenda, un bucanero llamado Paul Watling, capitán del barco Most Holy Trinity, escogió esta isla para construir su escondite. En efecto, hay unas ruinas que la gente llama el Castillo de Watling, con ventanas que ofrecen vistas al este y al oeste: un lugar ideal para la guarida de un pirata.

Hasta 1960, visitar San Salvador había estado prohibido para la industria turística porque la compañía Pan American tenía ahí una sede militar secreta para el rastreo de misiles y también había una base naval norteamericana al norte de Graham's Harbor. Cuando en 1963 el programa de rastreo de misiles llegó a su término, los norteamericanos no renovaron sus contratos de alquiler y los dueños de propiedades comenzaron a vender a compañías constructoras que tenían el solo objetivo de desarrollar el turismo en la isla.

Entre los terratenientes que decidieron vender sus terrenos en San Salvador estaban el Dr. Pedro Teodoro Grau Triana y su esposa Lucía Bacardí y Cape, quien era descendiente de Don Facundo Bacardí Massó, el fundador de la compañía de ron Bacardí. En 1959, la revolución cubana provocó el derrocamiento de Fulgencio Batista y la llegada al poder de Fidel Castro. Fue entonces cuando la familia Grau dejó Cuba y se trasladó a Miami, estableciéndose en una isla privada y custodiada por guardias armados. La compañía Bacardí también abandonó Cuba ese mismo año y se dispersó por varias partes del mundo, principalmente en Puerto Rico, Bahamas, México, España y los Estados Unidos. En 1960, el Dr. Grau desarrolló el primero de los ingenios azucareros de Florida y hoy el estado produce la mitad del azúcar de caña que se consume en todos los Estados Unidos.

Durante dos años, el abogado Nachtman dedicó toda su atención a la compra de los extensos terrenos en San Salvador. Realizó numerosos viajes a Nassau, la capital de Bahamas, para completar los trámites legales necesarios y requeridos por el gobierno bahameño, y mantuvo constante contacto con el comprador en Nueva York y con el vendedor en Miami. Mientras tanto, Bernice no perdía ocasión para contar historias de piratas y elogiar la hermosura de las playas vírgenes de San Salvador.

Todo indicaba que la adquisición de esos terrenos era inminente y, al finalizar la transacción, Paul recibiría una comisión de más de un millón de dólares por su labor. Había una energía festiva en la casa y ya había planes para una gran celebración en Nueva York. Pero, a fines de 1969 y para gran sorpresa de todos, el Dr. Grau y su esposa decidieron vender su propiedad en San Salvador a otra compañía que estuvo de acuerdo en construir solo un hotel boutique, comprometiéndose legalmente a jamás desarrollar el lugar para el turismo en masa. Este simple acto logró disminuir considerablemente y por muchos años el frenético desarrollo turístico en la isla.

Fue un golpe muy duro para Paul y Bernice. Se sintieron defraudados y, agotado por todo el esfuerzo invertido, Paul decidió jubilarse. Bernice entró en un estado depresivo, muriendo repentinamente al año siguiente. El fracaso de no concretar la venta de los terrenos, seguido por la muerte de su compañera de toda la vida, fue demasiado para Paul, quien falleció unos meses más tarde. El Dr. Grau continuó trabajando hasta que su salud débil lo obligó a retirarse. Murió en 1979.

Esta experiencia me enseñó que no se puede dar por hecho algo que todavía no ha sucedido, no importa cuán grande haya sido el esfuerzo invertido. La vida trae tanto fracasos como alegrías. En la actualidad, Palm Beach continúa siendo un bastión de riqueza global, pero su conceptó de exclusividad ha cambiado. Ya no está reservado para unas pocas familias —como los Kennedy, los Pulitzer o los Vanderbilt— sino que está al alcance de quien pueda permitirse el lujo de vivir ese tipo de vida.

En cuanto a San Salvador, en los últimos años, debido a ciertas iniciativas que se vienen impulsando y a los avances en materia de seguridad, el turismo ha incrementado. Sin embargo, la isla continúa siendo básicamente un centro científico que se destaca por el estudio de disciplinas como la geología, biología, arqueología y, sobre todo, por sus extensas investigaciones sobre la preservación de la ecología marina y costera. Pero fue gracias a la excelente visión del Dr. Pedro Grau y de su esposa Lucía que un buen tramo de las playas de San Salvador se conservará siempre intacto, tal como lo era ese nefasto día de 1492 cuando Cristóbal Colón desembarcó, convencido de que finalmente había logrado llegar a las Indias.

Fuentes: ancestry.com — journals.ametsoc.org — Wikipedia — Pasaje de mi libro, Memorias de otras vidas.
 

Escrito por: Ana María Cúneo