Volver a sección

Columnistas

Cuando llega abril

Malvinas y esos soldados que murieron dos veces.

Es otoño las hojas se adueñan de las veredas. Hay guardapolvos blancos por las calles. Desde los patios de las escuelas los chicos desgranan bulliciosos su inocencia que ya empieza a perderse. Más aún en este tiempo.

Hubo otros otoños. Muchos. Los golpes fueron fuertes. Abriles de dolor.

Recuerdo el patio de la Escuela Nro.1 con los chicos formados antes de entrar a clase entonando la marcha Malvinas.

¡Tras su manto de neblinas, 
no las hemos de olvidar! 
"¡Las Malvinas, argentinas!" 
clama el viento y ruge el mar,

Ni de aquellos horizontes 
Nuestra enseña han de arrancar, 
pues su blanco está en los montes 
Y en su azul se tiñe el mar. 

Por ausente, por vencido 
bajo extraño pabellón, 
ningún suelo más querido 
de la Patria en la extensión.

Estábamos en Guerra con el Reino Unido de Gran Bretaña. Aplausos por un lado, espanto por el otro. Y desde el 76 la feroz dictadura militar. Un borracho declarando la guerra a una de las más grandes potencias.

Muchas lágrimas, deseos de ayudar, cartas escritas por los chicos y la donación de chocolates, caramelos, galletitas, bufandas, guantes y hasta cigarrillos. Después supimos que no todo llegó.

Vivimos el exitismo a través de los medios. Las horas de oscuridad completa en noche de amenaza de bombardeo. Y más por no saber o por presentir tanta muerte.

Los días pasaron y la guerra terminó en derrota. Los soldados volvieron ignorados. Los que sobrevivieron. Porque a los otros ni una sepultura en las islas les brindaron.

Cómo perdonar el abandono que las FFAA cometieron con los soldados que sostuvieron nuestra bandera en Malvinas. Dictadores, represores, desaparecedores creyeron recuperar el respeto y lustre perdidos y cayeron en la misma obscenidad: para los muertos ni sepultura; para los vivos la desaparición. No olvidaré jamás los rostros de los soldados que miraban desde una ventanilla de colectivo, sucios y tristes. Imagen de la derrota que no debíamos conocer.

Nos hicieron creer que bajo las cruces blancas en las islas no estaban los cuerpos ofrendados a la patria. Les negaron a las familias el destino de sus hijos soldados. Los mataron dos veces en el campo de batalla y cuando negaron esas muertes a los padres en sus dolorosas peregrinaciones preguntando por los hijos.

El 26 de marzo las familias de ciento veintitrés soldados caídos en Malvinas pudieron viajar a homenajear a sus muchachos gracias a la labor de Geoffrey Cardozo, ex combatiente del RU, Julio Aro ex combatiente argentino, Eduardo Eurnekián, empresario argentino quien silenciosamente financió la obra del cementerio de Darwin y el reencuentro de las familias con la tumba donde por fin descansan en paz nuestros héroes. Además la indispensable tarea del Equipo Argentino de Antropología Forense.

La lista de los ciento veintitrés con fotografía y reseña me seguirá conmoviendo. Como también la firmeza de Julio Aro por la identificación de los treinta y un soldados que resta.

Obra incansable de FUNDACIÓN NO ME OLVIDES.

Ahora puedo decir con claridad que me importa Malvinas por los muertos por la Patria. Porque sé que tuvieron esa convicción: defenderla. Me importa por los que tuvieron miedo, porque aún no queriendo, mataron. Me importa por los que tuvieron miedo y no mataron. Me importa por los muertos y por los vivos. Sólo por ellos.

Por eso digo que para los que pergeñaron semejante horror NI OLVIDO NI PERDÓN.

Susana Frasseren
Docente jubilada, escritora.
Creadora del café literario
"Silencio y voces"