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El día que Carlín Calvo se llevó la camiseta de Cañuelas y recordó a Maradona

En 2007 estuvo en Hueney acompañando la presentación de un libro de Daniel Roncoli. Fotogalería.

En 2007 estuvo en Hueney acompañando la presentación de un libro de Daniel Roncoli. Fotogalería.

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Carlín y Roncoli. Archivo InfoCañuelas.

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El 30 de noviembre de 2007 Daniel Roncoli presentó en Hueney su libro Canilleras en el alma, el tercero de una trilogía que arrancó con Instrucciones para embellecer el domingo y Resaca de potrero.

El invitado especial de aquel evento futbolero y literario fue Carlos Calvo, compañero de Roncoli en casi 700 funciones de Money Money, Taxi y Extraña Pareja. 

Al presentar a su amigo Roncoli recordó que fue él quien lo impulsó a dedicarse a la actuación a partir de su personaje “Cholo” Minelli en El Rafa, la mítica serie televisiva protagonizada por Alberto de Mendoza y Alicia Bruzzo.

En esa vista a Cañuelas Carlín se mostró rehabilitado de su primer ACV sufrido en 1999 al punto que había vuelto activamente a la actuación. Estuvo unos 40 minutos antes de regresar a un ensayo de Extaña pareja con Pablo Rago.

En esos minutos en Hueney hizo gala de su buen humor al recordar uno de sus primeras participaciones en teatro (Equus, en 1976, junto a Miguel Ángel Solá) y luego se deshizo en elogios hacia Diego Maradona. “Una vez jugamos un partido de papi fútbol con Diego, ganamos 16 a 6 y Diego me hizo hacer 11 goles. En una de las jugadas me quedé mirándolo y me olvidé de la pelota”.

Aquel día, antes de despedirse, cuando Roncoli quizá ni soñaba con convertirse en el presidente del Cañuelas FC, le regaló a Carlín una camiseta albirroja que acercó el dirigente Daniel Cuchetti.

El 11 de diciembre, ante la triste noticia del fallecimiento del querido actor, Roncoli lo despidió con tiernas palabras. “Un poco más huérfanos, un poco más solos, un poco más frágiles. Se fue Carlín Calvo del plano terrenal aunque su cabeza activa, aguda, incesante, manijera, soñadora, ya hace rato que  se había ido a jugar en otra plaza dejándonos sin un compinche de fierro. Fue una imagen carismática desde la televisión y un gran compañero de trabajo, pero también fue una presencia cercana en lo sentimental, alguien querido, imposible de juzgar sin mirarlo a través de otro lente que no fuera el del amor”.

“Cada función fue una enseñanza, cada gira una aventura, cada encuentro un terremoto emocional, cada risa un pasaje de vuelta a la candidez, cada gesto en su madurez -cuando el ego ya estaba un tanto domesticado- una lección de compañerismo. Gracias Carlín, te quiero desde siempre y para siempre. Hasta pronto. Buen viaje”.

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