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La banda de las tarjetas truchas quedó detenida por orden del juez Rizzo

Sus tres integrantes hicieron compras por 180 mil pesos en dos comercios de indumentaria. También intentaron comprar electrónicos en Pardo por casi 300 mil.

Sus tres integrantes hicieron compras por 180 mil pesos en dos comercios de indumentaria. También intentaron comprar electrónicos en Pardo por casi 300 mil.

La banda de las tarjetas truchas quedó detenida por orden del juez Rizzo

 Pardo, en Av. Libertad 855.

El juez Martín Miguel Rizzo, titular del Juzgado de Garantías 8 de Cañuelas, dictó la detención de Samuel López (costarricense, de 40 años), Wanda Romano (22) y Bárbara Verónica Monge (32), acusados de los delitos de Resistencia a la autoridad, Hurto y Defraudación.

Estos tres sujetos fueron interceptados en la tarde-noche de ayer en la autopista Ezeiza-Cañuelas cuando escapaban de la policía local luego de haber adquirido ropa por 180 mil pesos en los locales de Luna Lencería y Kevingston valiéndose de tarjetas de crédito falsas. Además, en ambos comercios habrían “macheado” alrededor de 20 prendas que elevan el botín a unos 250 mil pesos.

El fiscal Lisandro Damonte solicitó la detención del trío al considerar la repetición de hechos y el peligro de fuga. Destacó además que Samuel López se encuentra en Argentina en forma irregular, sin DNI, y que las dos mujeres cuentan con antecedentes por el delito de “mecheo”.

Además de requerir la detención de los imputados, el agente fiscal le pidió autorización al juez para abrir los celulares incautados y desgrabar los chats que los integrantes de la banda mantenían entre sí o con terceros.

Entre tanto, trascendió que luego de pasar por los locales de Luna y Kevingston intentaron hacer una compra fraudulenta en la sucursal de Pardo, ubicada frente a la plaza San Martín.

Un allegado al comercio de electrónica reveló a InfoCañuelas que el varón y una de sus cómplices llegaron al local poco después de las 19.30. Pidieron dos teléfonos móviles de alta gama, una notebook, dos calefactores y una tablet. En todos los casos pidieron el producto más caro disponible. Aclararon que iban a pagar con una tarjeta extranjera y que se tenía que pedir autorización para efectuar los pagos.

Al vendedor le llamó la atención que pidieran “el producto más caro”, sin solicitar datos sobre sus especificaciones. Por eso, cuando le pasó la lista de productos a la cajera, se acercó y le aconsejó que tuviera cuidado.

Justo en ese momento otro cliente tenía problemas con su tarjeta de crédito, lo que demoró la atención de los estafadores, quienes nerviosos por la espera, se retiraron del local sin mediar palabra y no regresaron.

Una hipótesis es que justo en ese momento la empleada de Lencería Luna, que había advertido el robo de una prenda y había salido a buscarlos, reconoció a una de las mujeres sentada en la plaza. Cuando la vio llamó a la policía, lo que provocó la huida de la “mechera” hacia el auto VW Voyage usado por la banda. Tal vez en ese momento les avisó a sus cómplices que era el momento de irse. La oportuna intervención de la gente de Luna evitó un daño mayor.


 

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