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Habló la docente que denunció al kinesiólogo: “Estuve dos días paralizada y llorando”

Sandra Di Giácomo decidió darse a conocer y hablar de su experiencia de abuso para evitar que vuelva a suceder. Pide que la justicia “actúe rápido”.

Sandra Di Giácomo decidió darse a conocer y hablar de su experiencia de abuso para evitar que vuelva a suceder. Pide que la justicia “actúe rápido”.

Habló la docente que denunció al kinesiólogo: “Estuve dos días paralizada y llorando”

 Imagen referencial.

“Cuando me pasó todo esto estuve todo el fin de semana en la cama, paralizada y llorando. Mi marido no sabía qué me pasaba. Sólo se lo conté a una amiga y recién el lunes lo pude hablar con dos compañeras de trabajo que me impulsaron a hacer la denuncia”, contó Sandra Di Giácomo, la docente del nivel inicial, de 51 años, que acaba de denunciar una situación de abuso sexual que le tocó vivir durante una sesión de kinesiología en un consultorio céntrico de Cañuelas.

El 23 de abril Sandra concurrió a la séptima sesión con el kinesiólogo M. B. para hacer un tratamiento de rehabilitación en su rodilla. Declaró que cuando estaba finalizando las maniobras sobre la articulación el profesional se ubicó a sus espaldas y que en esa posición la manoseó de manera reiterada mientras la mantenía inmovilizada. 

“Cuando llegué a mi casa no dije nada porque tenía vergüenza y bronca. Me reprochaba a mí misma no haber podido sacármelo de encima, no haber gritado. Siempre pienso que si algún día me roban en la calle no voy a saber cómo reaccionar y acá sucedió lo mismo: el abusador no me avisó que me iba a abusar ni fui preparada con una cámara oculta. Él tiene mucha fuerza y me sometió sexualmente, algo que él evidentemente no puede controlar y que yo no consentí nunca. Fui a su consultorio por un problema de huesos, no para esto. Me sentí amenazada y paralizada. Encima mientras él estaba sin el barbijo yo permanecía con mi barbijo colocado, sintiéndome ahogada. Fue una situación espantosa”.

Según Sandra, las primeras seis sesiones transcurrieron con total normalidad, con el kinesiólogo comportándose de manera correcta y sin ninguna conducta llamativa. “Siempre se mostró muy atento, interesado en ayudarme y muy conversador, aunque nunca le presté atención a su conversación porque estaba preocupada por temas de la docencia, incluso algunas veces respondiendo algún WhatsApp por temas del jardín”.

“Siempre me atendía en simultáneo con una señora mayor y otros pacientes. El 23 de abril me llamó la atención que a diferencia de las sesiones previas, me mandó al último box, el más lejano, y a la señora la despidió un poco antes. Otro detalle es que -como tengo problemas de columna- él siempre insistía con que fuera en otro horario para hacerme un tratamiento de columna sobre la camilla. Como tenía muchos pacientes me pedía que fuera en el último turno. Pero yo le decía que no, que primero quería ver a un especialista en columna que atiende en Monte Grande. El viernes 23, luego de terminar el tratamiento de la rodilla, insistió con tocar unos puntos sobre la cervical y es ahí donde se ubicó detrás de mí y sucedió todo”.

“Me sentí paralizada porque ejerció mucha fuerza y me sometió sexualmente. Agarré mis cosas y le dije que me iba a mi casa. Con total tranquilidad me dijo ´No dejes de venir la semana que viene´. La secretaria me pidió el pin de OSDE y ahí apareció lo más tranquilo. Un paciente le preguntó si había podido ´colocar el aparato´ y él contestó con una burla, lo que me da la pauta que esto viene sucediendo desde hace tiempo”.

Tras realizar la denuncia en la Comisaría de la Mujer, Sandra habló con su obra social para pedir asistencia psicológica (que comenzará el lunes próximo) y para denunciar al profesional. También presentó una denuncia en el Colegio de Kinesiólogos de la Provincia de Buenos Aires (COKIBA) y le entregó una carta a Daniel Roncoli, presidente del Cañuelas Fútbol Club, donde el profesional trabaja en la asistencia de los jugadores de primera división. “Mi hija es socia del Club, jugó al fútbol, dejó en pandemia pero ahora seguramente va a volver a otra disciplina y no quiero que se cruce con esta persona en la institución”.

Destacó que su familia la está acompañando en el proceso. “Cuando le conté a mi marido, su primera reacción fue querer salir y agarrarlo a trompadas, pero le dije que no, que había que ir por la vía legal. En esos días en que no lo conté, el tema me destruyó. Por eso estoy dando la cara, pidiendo que la justicie actúe rápido, para que estas cosas no sigan pasando. Hay que frenar este tipo de situaciones y ponerle un límite”. 

“Hay cuatro o cinco mujeres que se han comunicado conmigo y con mi abogada para contar que han pasado por situaciones parecidas, con el mismo modus operandi. Algunas van a declarar como testigos”.

“Tengo 51 años y siempre creí que estas situaciones no pasaban a mi edad. Realmente no lo esperaba. Ahora lo estoy enfrentando con el acompañamiento de mi familia, de mi abogada (Nicolasa Boccarratto) y con la empatía de muchos amigos, tanto mujeres como hombres. También quiero destacar el buen trato que recibí en la Comisaría de la Mujer y el acompañamiento de la Secretaría de la Mujer del municipio, me llamaron para ofrecerme toda su colaboración”.
 

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