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Policiales

El dramático relato de un remisero que fue asaltado por cuatro delincuentes

Cuando levantó a los pasajeros en una estación de servicio le hizo señas a un policía que los siguió hasta el barrio Peluffo y los cachéo sin detectar las armas que llevaban entre sus pertenencias.

 Medina y su esposa. Foto Facebook.

José Genaro Medina, un vecino del barrio Los Aromos que trabaja en la Remisería Centro, sufrió una verdadera odisea durante un viaje a González Catán pedido por cuatro jóvenes que lo abordaron en la estación de servicio Schell ubicada en la rotonda de rutas 3 y 6.

Todo comenzó el martes 18 de junio a las 4 de la mañana cuando una supuesta empleada del parador llamó a la remisería solicitando un auto. Cuando Medina llegó al lugar se encontró con tres hombres jóvenes y una mujer embarazada. Tenían un aspecto que les pareció “sospechoso”. A unos pocos metros un policía hablaba con la empleada del minishop. El uniformado lo miró de manera sostenida y Medina le hizo señas con la cabeza dándole a entender que olfateaba algo raro.

El chofer tomó por la rotonda oscura en dirección hacia el km. 47 de la Ruta 3 seguido de cerca por el móvil policial, una camioneta del Comando de Patrullas. A la altura del barrio Peluffo los efectivos lo hicieron parar para identificar a los pasajeros.

“Les hicieron una requisa rápida a excepción de la chica embarazada, que todo el tiempo decía que a ella no la podían tocar. A uno de los pibes le encontraron 40 mil pesos en la mochila. Le preguntaron de dónde había sacado la plata y respondió que trabajaba y que había cobrado el sueldo. Les tomaron los nombres, uno solo era menor, supuestamente pidieron los antecedentes y a los minutos me dijeron que estaban limpios, que podían seguir” relató Medina a InfoCañuelas.

Incluso, les pidió a los policías que lo escoltaran unos kilómetros más pero le respondieron que no podían.

Al llegar al km. 47 los pasajeros pidieron continuar viaje hasta el 32. El remisero se opuso. “Tomá, ¿o pensás que no te vamos a pagar?” le dijo el que iba a su lado mientras le extendía mil pesos. En el curvón del 33 lo hicieron bajar por la colectora para “cortar camino”. Nuevamente Medina intentó negarse pero le aseguraron que conocían bien el camino y que era seguro.

Tras realizar cuatro cuadras por Villa Dorrego, uno de los ocupantes del asiento trasero lo amenazó con una navaja y el otro le aplicó dos culatazos mientras el tercero dominaba el volante. Finalmente lo arrojaron del vehículo en movimiento y escaparon con el auto, su teléfono, dinero y documentación personal.

La odisea no terminó allí. Medina corrió hacia la ruta donde pidió prestado un teléfono para llamar a la agencia. Tras aguardar unos 40 minutos un compañero lo levantó y lo llevó a la seccional policial del km. 35 Allí no le tomaron la denuncia y lo mandaron a la seccional de Villa Dorrego, donde esperó desde las 7 de mañana a las 12 del mediodía porque no había oficial de servicio que le tomara la denuncia. Se enojó y entonces apareció un comisario que se disculpó por la falta de personal y de móviles para salir en busca del auto robado.

Por último tuvo que realizar incontables trámites y gastos para rehacer su DNI, registro de conducir y demás documentos necesarios para trabajar. A casi una semana del asalto, no hay noticias sobre el auto, un Chevrolet modelo Aveo g3 de color gris patente LUG 587, propiedad de la agencia.

Afectado por un problema de páncreas, el año pasado Medina dejó su trabajo habitual para comenzar como remisero. Hoy se siente indignado, no sólo por el asalto y los golpes sufridos, sino además por la falla que tuvo la policía en la revisión de los delincuentes y el trato posterior en las comisarías donde intentó hacer la denuncia. “Tal vez las armas las llevaba la chica, pero lo cierto a que a los muchachos también los palparon muy por arriba”, concluyó.