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Policiales

Dura carta de Patricia Martínez al juez Martín Rizzo

La mamá de la ex alumna del Santa María cuestionó la decisión del magistrado, que rechazó la detención del padre Carlos. “No es justo que siga su vida con normalidad; que le hayan dado asilo en el Obispado como si fuese él la víctima” lanzó.

 Rizzo en su despacho. Archivo InfoCañuelas.

Este lunes se concretó un paso clave en la investigación por abuso sexual contra el padre Carlos, catequista del complejo parroquial Santa María de Cañuelas: el juez Martín Miguel Rizzo denegó la detención del sacerdote solicitada por el fiscal Lisandro Damonte.

Al anoticiarse de la resolución, Patricia Martínez -mamá de la primera denunciante- dirigió una carta a InfoCañuelas cuestionando en duros términos la resolución de Rizzo, titular del Juzgado 8 de Cañuelas desde su inauguración, el 22 de junio de 2017.
En ese momento el magistrado aseguró que su gestión se caracterizaría por “una mirada humana… por resolver los conflictos de una forma integral y no desde una mirada distante como muchas veces tiene la Justicia. Una Justicia lejana desde lo territorial y alejada de la gente no es Justicia”.

LA CARTA DE PATRICIA MARTÍNEZ

Lamento muchísimo la decisión de Sr. juez Rizzo. Desde hace tres meses sufríamos pensando que se podía ir. Confiamos en la justicia. Esperamos sus tiempos, la cámara Gesell, testigos que declaraban toda la angustia que las nenas vivían… Como sociedad vemos todos los días que injustamente se suceden hechos aberrantes facilitados por jueces que se equivocan en dejar en libertad a este tipo de personas que violan y matan. Luego nos dicen que se podría haber evitado porque tenían antecedentes. En estos momentos un juez lo insertó nuevamente a la sociedad. No me alcanza que le prohíban salir del país. Queremos justicia.

Le entregué al establecimiento Santa María una nena sana y feliz. Por culpa de este ser oscuro, me devolvieron una niña que ya no reconozco: triste, desconfiada, aislada, que debe concurrir tres veces por semana a tratamiento psicológico. Nos sentimos defraudados.

¿Cómo vamos a creer que no va a fugarse si cuando comenzó esta pesadilla, las autoridades del colegio lo cubrieron? ¿Cómo vamos a creer que no va a fugarse si el mismo obispo lo recibió y lo cobijó en su casa para que no sufriera?

¿Cómo vamos a creer si el plantel de profesores y docentes no sabía nada de lo que estaba sucediendo? ¿Cómo lo vamos a creer si les mintieron a los padres y alumnos, informándoles que se había ido del colegio porque era bueno y lo necesitaban en Laferrère?

¿Por qué tengo que creer que no lo van ayudar a escapar?

No es justo que siga su vida con normalidad; que le hayan dado asilo en el obispado como si él fuese la víctima. Mi hija perdió a sus compañeras, a sus profesores, su confianza, sus creencias y toda su rutina cambió radicalmente. Como familia estamos devastados y seguramente van a pasar muchos años para que algún día volvamos a ser los que fuimos.

Hoy vuelvo a sentir la misma impotencia de aquel día en el que mi hija pudo hablar. Siempre le dije que la justicia se iba a encargar de poner las cosas en su lugar y con estos acontecimientos, no sé cómo explicarle que este ser sigue teniendo los mismos derechos que ella.

Hoy también me pregunto: ¿tendría que haberla encontrado muerta y violada detrás de la quinta del colegio Santa María para aprobar la detención?

Esto se lo planteé al Señor Mansilla (representante Legal) y al obispo monseñor Gabriel Barba en una reunión que mantuvimos cuando mi hija pudo contar lo sucedido, hace tres meses. Les rogué que hicieran algo y me ayudaran. Me respondieron que confiara en ellos.