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Caso Santa María: el juez Rizzo rechazó la detención del padre Carlos

Consideró que no existe riesgo de fuga del catequista, acusado de abuso sexual contra dos alumnas. La semana próxima será indagado por el fiscal Damonte, que pediría la prohibición de salida del país.

Consideró que no existe riesgo de fuga del catequista, acusado de abuso sexual contra dos alumnas. La semana próxima será indagado por el fiscal Damonte, que pediría la prohibición de salida del país.

 Juez Martín Miguel Rizzo. Archivo.

El titular del Juzgado de Garantías Nro. 8 de Cañuelas, Martín Miguel Rizzo, denegó el pedido de detención del padre Carlos Bareuther, solicitada dos días antes por el fiscal Lisandro Damonte en el marco de la causa por abuso sexual iniciada tras la denuncia de dos alumnas del complejo Educativo Santa María.

En su resolución del pasado viernes 23, Rizzo consideró que “no existe riesgo de fuga" por parte del sacerdote, de 47 años. De todas maneras le impuso a Bareuther la prohibición de acercamiento y contacto con las víctimas.

Esta denegatoria no es recurrible; por lo tanto el Ministerio Público pediría que se le prohíba salir del país al tiempo que prepara la citación a indagatoria programada para la primera semana de diciembre. 

LOS ARGUMENTOS

En su pedido de detención Damonte planteó que Bareuther se encuentra imputado de dos casos de abuso sexual agravados por su condición de ministro de culto reconocido; y por estar encargado de la formación de las víctimas. Es un delito que prevé una pena de cumplimiento efectivo de entre 3 y 10 años de prisión.

Las propias autoridades del colegio Santa María, en un informe elevado a la Fiscalía, admitieron que el padre Carlos se ocupaba de la “formación” y “acompañamiento” de los estudiantes, lo que grafica el rol que ejercía en el establecimiento.

Asimismo, Damonte consideró que estando en libertad el imputado podría ejercer un “entorpecimiento probatorio”, teniendo en cuenta que las dos adolescentes dijeron haber recibido el mismo mensaje por parte del sacerdote: que si contaban lo que había pasado “les iba a ir peor”.

Por último, a diferencia del criterio del juez, el fiscal consideró que sí existe riesgo de fuga debido a la gravedad de la pena del delito analizado; y en virtud del status de Bareuther, integrante de una institución poderosa, con posibilidades de ocultarlo o trasladarlo a cualquier parte del mundo.

El juez Rizzo rechazó estos planteos al considerar que “no existen riesgos procesales de fuga en razón de haberse sometido desde un primer momento a todas las instancias del proceso” a través de su abogado, Horacio Velaz.

De todos modos Rizzo decretó la prohibición de acercamiento y contacto con las víctimas, de 14 y 16 años, ya sea en forma personal o mediante medios tecnológicos; y le requirió mantenerse a derecho por un plazo de 180 días.

De esta manera Bareuther seguirá libre hasta la posible sustanciación del juicio oral y público. En razón de los riesgos de fuga planteados por el fiscal, en las próximas horas solicitaría la prohibición de salida del país.



Damonte y su secretario Gustavo Montefiore. Archivo. Foto: Augusto de la Rosa.
 

LOS CASOS

En septiembre pasado la primera víctima, a través de mensajes de WhatsApp a sus compañeros, relató que en uno de los encuentros con el sacerdote en la sala de música y video, la abrazó, le tocó la cola y luego intentó tocarle la entrepierna.

“Yo le di un manotazo y me puse a llorar. No sabía lo que podía hacer. Y bueno, me dijo que no salga así. Me puse re mal, así que se sentó al lado mío. Y me puso la cara en el cuello. Me lo saqué de encima y me fui a la puerta. Me dijo que no salga así que era yo la que iba a perder. Y bueno, me dejó salir. Ahí fui, me lavé la cara y volví al salón. ¿Viste que me habían preguntado si estaba llorando? Y bueno, era por eso” reveló la chica.

La segunda menor, que continúa siendo alumna del complejo parroquial, relató en sede judicial que el sacerdote la abrazaba en exceso; y que en una de las charlas que mantuvieron a solas le miraba fijamente los labios y le apoyó una mano en la rodilla intentando acariciarla.

Estos relatos fueron ratificados por las dos menores en la Cámara Gesell realizada el 9 de noviembre.

El padre Carlos -nacido el 6 de enero de 1971 y actualmente domiciliado en una vivienda del Obispado de Gregorio de Laferrère ubicada en el gran Buenos Aires- llegó a Cañuelas a principios de este año enviado por el obispo Gabriel Barba. 

Entre el 1 de enero de 2006 y el 4 de marzo de 2012 fue párroco de San Juan Evangelista, en el barrio porteño de La Boca y director del colegio parroquial del mismo nombre. Del 4 de marzo de 2012 al 20 de febrero de 2018 permaneció a cargo de la parroquia Santa Catalina de Alejandría y del colegio homónimo, en el barrio de San Telmo.
 

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