13 de abril. Cañuelas, Argentina.

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Alegatos en el juicio contra el sacerdote del Santa María: de seis años de prisión a la absolución

El fallo del juez Hernán Decastelli se conocerá el viernes 11 de agosto.

Fontana y Didganian junto al fiscal Sibuet.

Fontana y Didganian junto al fiscal Sibuet.

Este jueves 13 de julio se llevó a cabo la jornada de alegatos en el marco del juicio oral y público que se sigue contra el sacerdote salesiano Carlos Gabriel Bareuther, acusado del delito de Abuso sexual simple contra dos alumnas del complejo parroquial Santa María de Cañuelas.

El fiscal de juicio Mariano Sibuet solicitó 3 años y seis meses de prisión en los términos del artículo 119 inciso B del código Penal.

Por su parte Isidro Digdanian y Juan Manuel Fontana, en representación de las víctimas, pidieron seis años de prisión poniendo el acento en la condición de ministro de culto del imputado.

Dentro de lo esperable, el defensor Horacio Gustavo Velaz reclamó la absolución de su defendido. Lo hizo con duros calificativos hacia las víctimas y hacia la madre de una de ellas al considerar que mintieron e incurrieron en incontables contradicciones.

El representante del Ministerio Público fue quien realizó la exposición más detallada. Dijo que de acuerdo a la prueba reunida quedó acreditado que la primera víctima (R.) sufrió tocamientos en sus glúteos y besos en el cuello; y que la segunda víctima (P), sufrió tocamientos en la cintura y en una pierna por encima de la rodilla, cerca de la zona genital.

Sibuet enfatizó que tanto las dos víctimas como sus padres, médicos, peritos y psicólogos se expresaron de manera coincidente en cuanto a la secuencia de los hechos. También destacó que la perito psicóloga oficial Andrea Hernández Mason no encontró signos de fabulación o mendacidad en las declaraciones obtenidas en la Cámara Gesell.

Como elemento fundamental el fiscal subrayó que en su declaración indagatoria, respondiendo una pregunta de la fiscalía, Bareuther reconoció que abrazaba a sus alumnos con un sentido de contención, admitiendo la existencia de contacto físico. Dijo que le resultaba llamativo que luego el sacerdote no volvió a mencionar ese detalle ni lo planteó durante el juicio oral como un elemento exculpatorio “toda vez que es un tema central desde el inicio del proceso”.

Poniendo foco en esos abrazos que ocurrieron en espacios cerrados y sin testigos, reconocidos por el propio imputado, consideró que en el Colegio Santa María “no se cumplieron las normas de prudencia”.

El juez Decastelli resolverá el 11 de agosto.

En otro pasaje hizo hincapié en la complejidad de los delitos de índole sexual y al respecto consideró que para configurarlo no necesariamente el imputado debe tener una intención libidinosa, de satisfacción sexual, sino que el abuso se configura a partir del sentimiento de la víctima por tratarse de un hecho que va contra su voluntad.

Con un estilo siempre áspero y una gestualidad teatral, el defensor del sacerdote -que no aceptó ser entrevistado, fotografiado ni filmado- dijo que las víctimas y sus progenitores “es gente que no se ha pronunciado con veracidad” y que “construyeron una historia con la que pretenden convencernos”. 

Acto seguido se refirió a lo que consideró una serie de “mentiras” y “contradicciones”: “Dijeron que el colegio le dio una beca en agosto para comprar su silencio (el de la primera denunciante), cuando en realidad esa beca fue otorgada en junio, antes de la denuncia. También dijeron que el colegio quiso comprar su silencio regalándole un celular cuando ese celular se lo entregó una maestra de su bolsillo para que la alumna, que llegaba al colegio sin comer, pudiera comunicarse con su mamá, que iba a ser objeto de una intervención quirúrgica y luego nos enteramos que la intervención había sido el año anterior. ¿A quién le tenemos que creer? ¿A la madre, a la hija o a ninguna de las dos?”.

Patricia, mamá de R., indignada con el defensor.

Desestimó que la primera víctima hubiera recibido tratamiento psicológico y una internación médica como resultado del trauma generado por el abuso -como aseveró el fiscal-; y se preguntó si dicha perturbación no estaba generada por problemas de adaptación a la escuela o conflictos intrafamiliares.  

En tono exaltado Velaz advirtió que “a pesar de toda la publicidad que le dieron al tema en los canales de televisión no apareció ni una sola denuncia de todos los colegios anteriores en los que Bareuther trabajó, porque no es abusador ni tiene perfil de abusador”.

Asimismo, cuestionó con dureza a la perito oficial por haber concluido que las dos denunciantes eran creíbles a partir de una entrevista en Cámara Gesell que duró no más de quince minutos. “Ni Sigmund Freud se podría haber animado a tanto”, ironizó. A su turno el fiscal Sibuet replicó que la Cámara Gesell fue realizada de acuerdo a los protocolos aceptados por la justicia provincial, negando cualquier irregularidad en el procedimiento.

Los últimos minutos fueron para el imputado: “Creo en el servicio y por eso elegí ser sacerdote salesiano; creo en la justicia y por eso nunca me manifesté públicamente en estos años. Elijo creer que la verdad va a salir a la luz”.

El fallo del juez Hernán Decastelli se conocerá el viernes 11 de agosto en horas del mediodía.

 

Escrito por: Redacción InfoCañuelas