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Asisten a una familia cordobesa que denunció trabajo esclavo en un club de polo

Una madre y tres hijos vivían desde hace tres meses en un establecimiento de Cañuelas dedicado al turismo internacional. Interviene la Justicia Federal de Lomas de Zamora. La respuesta del propietario.

Una madre y tres hijos vivían desde hace tres meses en un establecimiento de Cañuelas dedicado al turismo internacional. Interviene la Justicia Federal de Lomas de Zamora. La respuesta del propietario.

Asisten a una familia cordobesa que denunció trabajo esclavo en un club de polo

 La Chaparrita, cerca del Deslinde.

Una mujer y tres hijos oriundos de Córdoba fueron rescatados por funcionarios del Ministerio de Trabajo y el gremio UATRE luego de una denuncia sobre las condiciones laborales a las que estaban sometidos en un establecimiento rural.

Las víctimas se encontraban en el club de polo La Chaparrita ubicada en el partido de Cañuelas, cerca del límite con San Vicente. Cuando las autoridades llegaron al predio, distante unos 20 kilómetros del centro urbano de Cañuelas, un encargado les impidió el ingreso, por lo que la familia se dirigió hasta la entrada y habló desde la tranquera, relatando una serie de padecimientos que vivieron desde su arribo al campo, hace unos tres meses.

A raíz de la gravedad de lo expuesto por la mujer y sus hijos (dos de ellos menores de edad), fueron trasladados en un patrullero hacia el Comando de Prevención Rural (CPR), que le dio intervención al Juzgado Federal 1 de Lomas de Zamora y al Ministerio de Justicia de la Nación. 

De acuerdo a la denuncia a la que tuvo acceso InfoCañuelas, Laura Mabel Schonwand, uruguaya, de 43 años, con domicilio en La Calera, Colón, provincia de Córdoba y sus hijos Lucas Larran Schonwand (18), Santiago Caeiro Schonwand (14) y Luana Caeiro Schonwand (11) fueron contactados por Carlos Zanetta, propietario del establecimiento La Chaparrita, luego de que publicaran un clasificado en una página de empleos rurales.

El 12 de septiembre llegaron al campo de Cañuelas en una camioneta que los fue a buscar a Alta Gracia, donde estaban viviendo. 

Según la mujer, el acuerdo era que ella junto a su hijo mayor trabajarían como puesteros o caseros, pero con el correr de los días se fueron sumando tareas no pactadas tales como cuidado de terneros, dos gallineros de grandes dimensiones, sembrado y mantenimiento de la quinta, limpieza de las cabañas, limpieza del salón comedor, limpieza de la casa principal y las cabañas, lavado de la ropa de cama y prendas de vestir y hasta hacía de moza atendiendo a los turistas que se alojaban en el predio, mayormente franceses, ingleses, mexicanos y brasileros.

Mansilla y Gómez hablando con la familia en la entrada de La Chaparrita.

En cuanto a su hijo, relató que al principio era sólo un empleado rural pero luego se le sumaron otras responsabilidades como mantenimiento de electricidad, desmalezado, corte de césped en la cancha de polo. Como el mayor no daba abasto, tenía que ayudarlo su hermano menor. “El dueño no era capaz de poner a otra persona, aun sabiendo que mi hijo más chico está terminando un tratamiento de leucemia”, señaló Laura.

En otro pasaje de su denuncia relató que hace unos 20 días le indicaron a su hijo mayor, Lucas, quemar basura en una suerte de pozo en el campo, con un bidón de nafta y sin ningún elemento de seguridad. La maniobra generó una explosión o llamarada que le provocó quemaduras en un brazo y una pierna por el contacto con trozos de plástico derretido; y que recién después de una semana pudo recibir asistencia médica.

Agregó que las largas jornadas laborales, la falta de descanso y la imposibilidad de salir del campo les hacían sentir que estaban esclavizados, reducidos a servidumbre. En ese sentido explicó que no podían salir solos y cuando necesitaban hacer compras los llevaban en una camioneta y que el gasto en alimentos era deducido del salario. Agregó que les habían prometido wi fi para que sus hijos pudieran estudiar, algo que finalmente no sucedió y que vivían en una casa que no tenía llave, por lo que temía por la seguridad de su hija mejor, de 11 años, debido a que en el predio circulaba todo el tiempo ajena al lugar; por esa razón su hija siempre estaba con ella, también trabajando.

En cuanto al pago, contó que a su llegada les dijeron que se atendían bien a los turistas les pagarían 20 mil pesos a la mujer y otros 20 mil al hijo mayor, pero que finalmente fueron 15 mil a cada uno.

OPERATIVO EN EL CAMPO

Esta semana arribaron al campo el secretario General de UATRE, Oscar Gómez; el delegado regional del Ministerio de Trabajo, Dardo Alberto Mansilla; y una inspectora de RENATRE. Un encargado que se identificó como Cristian les impidió el ingreso, por lo que la mujer y sus hijos salieron por encima de la tranquera, dejando sus escasas pertenencias en el campo.

Desde el jueves a la noche se encuentran alojadas en un hotel de Cañuelas gestionado por la directora de Derechos Humanos, Gema Tocino. En el hotel fueron entrevistados por funcionarios del Ministerio de Justicia y de la Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil (COPRETI). 

“Estaban trabajando prácticamente en negro porque les habían dado la baja del sistema. Les estaban dando 30 mil pesos por mes dividido entre los dos, cuando hacían un montón de cosas e incluso los hijos menores trabajaban cuando uno de ellos tiene leucemia. De ahí les sacaban lo que gastaban en mercadería, o sea que estaban trabajando prácticamente por la comida” dijo Gómez a InfoCañuelas.

En pleno operativo abogado del dueño se comunicó con los inspectores explicándoles que Laura y su hijo mayor habían sido contratados a prueba por tres meses. “Es cierto que ambos estuvieron dados de alta en AFIP, pero el alta decía que estaban encuadrados en UATRE cuando UATRE tiene la particularidad de que no admitir contrato a prueba, o sea que ese argumento no es creíble” dijo a InfoCañuelas una fuente de la cartera laboral.

“No nos permitieron ingresar por lo que se va a aplicar una multa por obstrucción. Por el tamaño del campo, las dimensiones de los sectores de siembra y de polo, tenemos un estimativo de que ahí trabajan 30 personas entre petiseros y gente dedicada a tareas rurales, o sea que vamos a ir nuevamente pero esta vez coordinados con la fuerza policial para poder ingresar” agregó la fuente.

LA RESPUESTA DEL DUEÑO

Carlos Zanetta, propietario de La Chaparrita, dijo a InfoCañuelas que lo denunciado por la familia “es una total alteración de la realidad”.

“Tengo un montón de audios y pruebas que desmienten lo que se está denunciando y que se van a presentar en a justicia. Nunca se intentó ocultar la relación laboral, de hecho dimos el alta temprana, hicimos los trámites que hay que hacer, pero ocurre que en un momento la señora, que sufre de cierta bipolaridad, modificó su trato hacia nosotros y se decidió dar por finalizado el vínculo laboral. Después nos pidió disculpas arrepentida por los insultos y lo que nos había dicho”.

“No es cierto que vivían encerrados, de hecho el campo cuatro entradas por las que se puede entrar o salir, y tampoco es cierto que no le dimo asistencia médica al muchacho. Es real que sufrió quemaduras, se lo llevó al Marzetti para recibir asistencia médica y luego al Instituto del Quemado. También se compraron todas las cremas que necesitó para el tratamiento”.

La Chaparrita es un establecimiento dedicado al turismo vinculado al polo, donde se ofrecen días de campo como alojamientos extendidos. Está ubicada en plena zona rural de Cañuelas, con acceso desde la Ruta 6 por el Camino del Deslinde o desde la Ruta 3 km. 72 por el camino que atraviesa el viejo almacén La Fortuna.

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