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Tristeza en el mundo tuerca por la muerte del mecánico Luis Sclavi

A los 84 años aún seguía trabajando y planificando el armado de vehículos para el automovilismo zonal.

A los 84 años aún seguía trabajando y planificando el armado de vehículos para el automovilismo zonal.

Tristeza en el mundo tuerca por la muerte del mecánico Luis Sclavi

 Sclavi tuvo su primer taller en Brandsen y 205.

Hondo pesar causó en el ambiente del automovilismo la desaparición física del mecánico Luis Néstor Sclavi, quien murió en la noche del 25 de junio en su domicilio, víctima de un infarto. A los 84 años se mantenía activo, colaborando con el taller de sus hijos e incluso atendido a algunos clientes que conservaba de sus más de seis décadas de oficio en el rubro.

Nació en Cañuelas el 3 de septiembre de 1936, en una familia de tamberos. Casado con Elena Teresa Diez, tuvo siete hijos varones.

Siendo un adolescente tomaba su bicicleta y por caminos de tierra llegaba hasta la YPF del Km. 72, donde tuvo su primer trabajo que consistía en lavar y engrasar autos. Siempre comentaba que tuvo el honor de ser el primero que le dio cuerda al reloj de la torre de la estación de servicio cuando se inauguró, en 1952.

Abrió su primer taller en Brandsen y Ruta 205. De allí le quedó el nombre “Brandsen” que siguió manteniendo en los distintos lugares por los que pasó: San Vicente entre Del Carmen y San Martín, luego Alejandro Petión hasta que en 1986 regresó nuevamente a Cañuelas.

Si bien se dedicaba a la reparación de todo tipo de vehículos, se especializó en mecánica pesada. Reparaba tractores y sobre todo camiones. “En su momento había algunos camiones que venían con los frenos defectuosos de fábrica, por ejemplo los Bedford. Sclavi los reformaba y los hacía andar. Eso era lo que más le gustaba” lo recordó el piloto y colega Juan Carlos Nesprías.

“En otra oportunidad perdió su casa en un incendio y como buen luchador, arrancó de nuevo. Era un hombre de trabajo, tuvo muchos hijos y a todos les inculcó la vocación por el trabajo, algo que me parece sumamente meritorio” agregó Nesprías ante un llamado de InfoCañuelas.

Don Luis en 1996 con la cafetera que armó en la década del ´70.

“Era uno de los últimos grandes mecánicos de la ciudad de Cañuelas. También se destacó por el armado de vehículos para el TC Roqueperense. Recuerdo que uno de los autos, patrocinado por la bulonera de Luis Mac Gill, fue presentado en el Club de Pesca” rememoró Hugo Méndez, integrante de la Asociación de Vehículos Antiguos (AVAC), tal vez lamentando que nunca se le realizara un homenaje en vida.

En 1973 comenzó a armar una cafetera con la intención de competir en el TC Roqueperense aunque nunca llegó a conducirla, tal vez afectado por la temprana muerte de uno de sus hijos. Superado ese trance, volvió a entusiasmarse con el automovilismo deportivo impulsando a que sus hijos corrieran. 

Fue así que la cafetera -apodada “Twingo”- fue manejada por César en los ´90 en tanto que Walter corrió en un Fiat 600 que Don Luis ayudó a armar. También diseñó un Arenero 1400 que todavía está sin estrenar y que ansiaba ver pronto en las pistas. En otra etapa preparó un vehículo que corrió el “Vasco” Etcheverry.

Don Luis se dedicó más de 60 años a la mecánica.

“A pesar de que ya estaba grande, se levantaba temprano como siempre, iba a mi taller o al de mi hermano Walter a colaborar, y también trabajaba en su taller para algunos clientes que le quedaban, poniendo el mismo entusiasmo de cuando era joven y tenía que darnos de comer a los siete hijos. Siempre nos enseñó eso: la importancia del trabajo y del estudio. Nos decía que aprovecháramos, que él sólo pudo hacer hasta sexto grado porque mi abuelo no pudo ayudarlo”, lo despidió César, quien estudió en la Escuela Técnica y aprendió los rudimentos del oficio junto a su papá.

Sus restos fueron cremados y sus cenizas serán esparcidas en algún autódromo zonal, tal como fue su voluntad.

Germán Hergenrether

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