Volver a sección

| Deportes

Perder para siempre

“Diego fue y es el espejo con aumento más abarcativo del ser argentino”. Por Daniel Roncoli.

“Diego fue y es el espejo con aumento más abarcativo del ser argentino”. Por Daniel Roncoli.

Perder para siempre

No tengo ninguna pretensión de decir algo original o supremo, menos que menos referenciarme pero como a todo ser atravesado por la existencia de Diego Armando Maradona, he sido reflejado por sus soles y he descendido a sus infiernos. 

Como todo amor descarnado, y algunas veces no correspondido, haber sido su contemporáneo siempre fue una experiencia de andar por su gloria y sus crepúsculos con las venas abiertas. 

El director de este medio me pide que escriba algo y no sé qué decir. Apelo a recordar algunos momentos. Fue una musa que tenía una generosidad única como fenómeno de mil caras pero así y todo, siempre se ha dicho tanto sobre él que subvertido por la tentación de escribir acerca suyo, intenté pararme en otra esquina. 

Así fue que por ejemplo, intenté rememorar su debut en Primera, visto desde las piernas vulneradas de Juan Domingo Patricio Cabrera, aquel volante salteño de Talleres de Córdoba a quien le hizo un caño ni bien piso la gramilla intermitente de la cancha de Argentinos Juniors cuando no soñaba con llevar su nombre. 

Roncoli y Maradona en Mar del Plata, en 2008. Archivo InfoCañuelas.

Aquel hálito de poema llamado “Un caño a la eternidad” salió a viajar en la valija de Alejandro Apo, cuando generosamente, lo incluyó en su espectáculo tras haberlo leído varias veces en la radio. También miré desde la frustración de Lucangioli, aquel arquero de San Lorenzo de Mar del Plata, sus dos goles bautismales entre los profesionales, en alguna viñeta radial. O nos abrazamos a nuestras madres a través de Doña Tota en una travesura emocional que emprendimos con el Maestro Marcelo Baldonedo y en que ambos llorábamos a las nuestras –la suya, viva; la mía, muerta- sobre un escenario, abrazados, como a un rencor. 

Y en una de las versiones de ese mismo espectáculo, Mil Palabras a la Redonda, hicimos un segmento dedicado a Diego –todo el desarrollo estaba impregnado por su impronta- en el que yo decía siempre algo diferente, lo que me nacía, partiendo de una idea: que a Maradona lo podíamos amar más allá de lo explicable porque nos representaba, porque Diego fue y es el espejo con aumento más abarcativo del ser argentino; desde sus contradicciones a su genialidad, desde su legitimación de la trampa a la obra colosal, desde sus costados miserables a su sentimiento solidario, desde su biblia hasta su calefón. 

Con un preámbulo de esta índole, a veces más y otras menos inspirado, pero siempre con la misma carga sentimental, prologaba estas estrofas transcurridas durante el partido con los ingleses en México ’86, que recitaba en un voraz in crescendo que denominé El Relámpago Táctil y que como siempre, y hoy más que nunca, me parecen palabras inútiles, vacuas e incapaces para dar vuelta la página de esta derrota. Hoy, querido, Diego, perdimos para siempre.

EL RELÁMPAGO TÁCTIL

Manodediós más rápida que la vista,
lenguaraz silencioso en la patraña,
en su contexto la estafa es hazaña
y licencia del arte su garra punguista.

No le queda desdeñoso al artista,
ese relámpago táctil, atorrante y sotreta,
saldó su ilegalidad al pagar con gambeta,
la medicina pirata en cucharada sopera,
al alegato chauvinista lo birló con sordera
y al sur del dolor con su zurda respeta.

Manodediós cuál tahúr con la ley,
disipó rea esencia la palabra delito,
el bien y el mal juegan un mismo hito
y la pelota lo reverenció como un rey.

Grito desgarrado que alegra a la grey,
su nombre al tirano de balas embroma,
Diego cielo e infierno por existir emociona,
que hasta el diantre evita pasar por Fiorito,
confabula distrayendo al linesman imperito
y aunque le tire un caño, viva a Maradona.

Manodediós pone a la ética en jaque,
reflexión a mansalva nos deja en orsay,
la vieja moral lo más voluble que hay,
si el color del amor se manda al ataque.

Quién no fue parte de aquella claque,
que a la hora del pudor se hizo la rabona,
que no puede fingir que la piel se erosiona
ya que hubo mucho ruido y muchas nueces,
al florecer en la tarde deshojando ingleses,
engañó genial a su trampa a lo Maradona.

Daniel Roncoli es escritor, periodista, presidente del Cañuelas Fútbol Club.

x