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Deportes

La travesía Viedma-Chimpay, desde adentro

En primera persona, Jorge Meji relata los pormenores de la 16° Travesía Cicloturística realizada del 29 al 31 de agosto en Río Negro, en homenaje al beato Ceferino Namuncurá.

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Lorger y Meji, con la bandera de Cañuelas y La Tuerca, siempre presente.

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Muchos son los motivos por los que una persona se sube a una bicicleta: entrenar para una competencia, bajar de peso, simplemente por la pasión hacia “las dos ruedas” o por una recomendación médica.

La travesía que realicé junto a Antonio Lorger propuso un sinfín de emociones encontradas que combinaron el deporte con la religión, la fe y el acto de agradecer. Quienes tuvimos la suerte de participar en la 16º edición de esta experiencia Viedma – Chimpay (Río Negro) pensamos que esta bicicleteada fue y es un ejemplo de solidaridad.

Desde ese sureño lugar bautizado "el portal de la Patagonia" y donde el viento juega un papel preponderante para las piernas de un ciclista, partió la caravana en un clima cordial de 50 ciclistas preparados física y mentalmente para afrontar el desafío y con el anhelo de llegar a destino, el pueblito de Chimpay, distante a 400 km del lugar del inicio.

Cabe recordar que esta travesía tiene un cupo limitado de 70 participantes y la limitación de no proveer alojamiento a los ciclistas para que puedan asearse y descansar por la noche en las paradas de General Conesa y Choele-Choel.

Con buen tiempo y a los 60 kilómetros se llegó a la primera parada: la escuela rural Nº 67 de Monte Bagual, donde se realizaron donaciones de ropa y bicicletas que los chicos del lugar recibieron con mucha alegría. 

La marcha siguió hasta otra escuelita, en este caso la escuela Nº 8 Ricardo Gutiérrez. Nos esperaba un chocolate reconfortante con tortas fritas, alguien que ofició de payaso, globos risas de los chicos y las palabras llenas de emoción y lágrimas de la directora. Y así llegamos a General Conesa... habían pasado 165 km.

El segundo día fue la etapa más dura. Era afrontar los casi 180 km a la vera del Río Negro que estaba cerquita, pero se nos alejaba...lo teníamos a la derecha y después de algún puente, a la izquierda...y el cansancio se hacía sentir produciendo la primer caída (por suerte la única y sin mayores consecuencias). Así llegamos a Choele Choel.

El tercer y último día amaneció, esperanzador. Lo más inclemente había quedado atrás. Sólo faltaban 60 km… ¡Batalla ganada! Siete mujeres que compartían el grupo se hicieron de fierro. Los más preparados, los que compiten con regularidad, marcaban el ritmo circulando adelante, en silencio. Con respeto, con emoción, así se llegó a Chimpay, lugar sagrado para muchos. Hubo abrazos, lágrimas, pedidos, agradecimientos…

-Una bicicleteada más- me dije. Pero me equivoqué. Fue la mejor.

Jorge Meji

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