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| Defunciones

El doloroso final de Juan Carlos Cartasegna, el bicicletero de la plaza

Durante más de 50 años dirigió la bicicletería “El Pedal” a metros de Hueney. El 12 de agosto falleció de Coronavirus en una clínica de Temperley.

Durante más de 50 años dirigió la bicicletería “El Pedal” a metros de Hueney. El 12 de agosto falleció de Coronavirus en una clínica de Temperley.

El doloroso final de Juan Carlos Cartasegna, el bicicletero de la plaza

 Juan Carlos Cartasegna. Foto familiar.

La pandemia se llevó con ella a Juan Carlos Cartasegna -”Carlitos” o “Carta” para sus clientes-, recordado comerciante de Cañuelas que durante más de 50 años dirigió su bicicletería El Pedal en calle 25 de Mayo 574, frente a la plaza San Martín.

Cartasegna enfermó de Covid-19 a fines de julio en una residencia para la tercera edad de Remedios de Escalada, donde vivía. Luego de circular en una ambulancia sin rumbo por distintos sanatorios que no lo recibieron por falta de capacidad, fue internado en la Clínica Passo de Temperley, donde falleció el 12 de agosto, a los 80 años. En sus últimos días hubo intenciones de tratarlo con plasma, pero la burocracia de PAMI y las limitaciones del sistema de salud impidieron que el tratamiento llegara a tiempo.

Juan Carlos era el menor de seis hermanos. Hijo de Antonio y de Carmela, nació en Cañuelas el 8 de febrero de 1940. 

Juan Carlos, con 15 años, estuvo en Plaza de Mayo horas antes del bombardeo.

En su juventud trabajó en la sede de La Martona, en la ciudad de Buenos Aires. En sus charlas con amigos siempre recordaba que presenció el bombardeo a Plaza de Mayo, el 16 de junio de 1955. Ese día había acompañado al cuñado a comprar el anillo para su casamiento. 

En los albores de la década del ´60 su padre lo ayudó a instalar una bicicletería cerca de la estación ferroviaria de Cañuelas y al poco tiempo se mudó al local céntrico, frente a la plaza San Martín, donde trabajó de manera ininterrumpida hasta 2016. “Estuvo más de 50 años con su local de calle 25 de Mayo, primero en el Nro. 585 y después al lado. No había manera de moverlo de ese lugar, por más que significara una pérdida económica, ya que no era un local propio” recordó su hija Adriana.

Cuando aún no había conocido a su esposa, tuvo un grave accidente circulando en moto (lo atropelló un camión) y estuvo 21 días en coma en el Hospital de Haedo. “Todos los días la gente de Cañuelas lo daba por muerto, pero se salvó; eso sí, tuvieron que colocarle un clavo de platino en una de sus piernas, quedó con una pierna más corta que la otra, nunca quiso operarse, por más que el Dr. (Gregorio) Fraga le insistiera” agregó su hija.

Casado con Luisa en 1963, tuvo dos hijos (Adriana y Sebastián) y un nieto (Máximo). Tras el divorcio del matrimonio, sus hijos se mudaron de Cañuelas y quedó viviendo solo, en el mismo lugar en el que tenía su taller de venta y reparación de bicicletas. 

Antigua publicidad de El Pedal. Gentileza: Pablo Garavaglia.

En 2015 sufrió un violento asalto a manos de dos delincuentes que lo golpearon hasta romperle la dentadura y lastimarle una mano. Ese incidente afectó su tranquilidad y su salud. Al año siguiente se fracturó el fémur en una caída y entonces su hija fue a buscarlo. Lo operaron en la UOM de Avellaneda y luego de su recuperación se quedó a vivir con Adriana en esa ciudad. 

En 2019 tuvo otro accidente doméstico en el que se cayó y se fracturó el tobillo y nuevamente fue operado. Por consejo médico, su hija lo internó en un Hogar, ya que no podía quedarse solo mientras ella iba a trabajar.

El último cumpleaños que Adriana pasó con su papá.

Tras la muerte Juan Carlos, Adriana publicó una carta en las redes sociales, para despedirlo: “Levantaste la bandera blanca, y emprendiste tu vuelo, en la más completa soledad, impuesta por ese cruel enemigo. Ese enemigo que no hizo posible que cumplieras con tu promesa de vivir por más de 100 años. Ese enemigo que no me permite llorarte aún, porque no pude verte para darte el adiós final (me queda el consuelo de que hayamos podido charlar por videollamada el día anterior a tu internación; el haberte visto y que me hayas visto. El haberte dicho: ´te quiero, pá´. Te confieso que en lo más profundo de mi ser supe en ese momento, al verte tan abatido, barbudo y despeinado, que esa era nuestra despedida; ¡maldita intuición!)”.

Adriana también recordó a quienes la ayudaron en esos días de desconcierto: “A pesar de este momento crítico, no puedo dejar de agradecer a los compañeros que accionaron y acompañaron desde el comienzo; sin ellos, sobrellevar todo esto sería imposible; no puedo nombrar a todos porque puedo pecar de omisión, pero destaco las gestiones efectuadas por Roxana ´Polaca´ Rogalski y Mónica Guidi. No me va a alcanzar lo que me queda de vida para agradecerles”.