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La Martona era “la lechería más grande del mundo” según la prensa norteamericana de 1915

Un periodista de Washington visitó la planta de Vicente Casares para describir el proceso de elaboración de la manteca, producto que la Argentina comenzaba a exportar a Estados Unidos.

Un periodista de Washington visitó la planta de Vicente Casares para describir el proceso de elaboración de la manteca, producto que la Argentina comenzaba a exportar a Estados Unidos.

La Martona era “la lechería más grande del mundo” según la prensa norteamericana de 1915

 Tarros llegan a La Martona. Foto: Frank Carpenter.

“Carpenter visita la granja lechera más grande del mundo” es el título de un artículo publicado en el diario The Sunday Star de Washington el 7 de marzo de 1915, firmado por Frank G. Carpenter (1855-1924) , un reconocido periodista y escritor estadounidense de libros sobre viajes, cuyas obras contribuyeron a popularizar la geografía y la antropología cultural en su país durante los primeros años del siglo XX. 

Carpenter fue miembro de la Royal Geographical Society, el National Press Club y numerosas sociedades científicas. Una colección de más de 5 mil fotografías que tomó en sus travesías se encuentra en la Biblioteca del Congreso USA.“Mirar con los ojos del hombre de la calle y describirlo para el hombre común de Estados Unidos. Mostrarle cómo vive la otra mitad de este lado del mundo” era su lema.

En el artículo de 1915 retrata lo que define como “la más grande de todas las plantas productoras de manteca” ubicada en la localidad de Vicente Casares, partido de Cañuelas.

“¿Cómo se hace el ordeñe? ¿Batidores que producen 500 libras de manteca por hora? ¿Cómo viven los empleados? ¿Proveerá manteca para los Estados Unidos en el futuro?” son algunas de las preguntas que responde el visitante.

A continuación se ofrece una traducción de los pasajes más significativos del artículo.  

“He venido a Vicente Casares para ofrecerles algunas postales de La Martona, la granja de manteca más grande del mundo. Se encuentra aquí, en el corazón de la República Argentina, a una hora de viaje de Buenos Aires y a veintitrés días en vapor al sur de Nueva York”. 

Sala de enfriamiento. Foto: Frank G. Carpenter / The Sunday Star.

“La finca tiene más de 20.000 acres (8 mil hectáreas), la mayor parte cubiertas de hierba tan altas como tus rodillas, y 18.000 vacas, todas en condiciones de ordeñe. Proporciona la mayor parte de la manteca y leche para la capital argentina, enviando miles de libras de manteca y decenas de miles de galones de leche todos los días. Además envía sus productos a todas las demás provincias y algunos países cercanos, y probablemente pronto exporte manteca a los Estados Unidos. De hecho, la República Argentina promete atender cada vez más el estómago de América del Norte. Ya comenzó a proporcionarnos una parte de nuestras chuletas, filetes y asados, y con el tiempo estará suministrando gran parte de nuestro pan con mantequilla.”

“La industria láctea de la Argentina se encuentra en una etapa de surgimiento. Sin embargo, su producción anual de manteca alcanza algo así como 16.000.000 libras (7.257.477 kilos) y los envíos a los Estados Unidos recién han comenzado. Por el Buenos Aires Herald de esta misma mañana supe que 2000 cajas de sesenta libras cada una fueron recibido ayer en Nueva York, y que otro cargamento de manteca de 5.000 cajas está en camino”.

“La estación de aquí fue nombrada por el hombre que estableció la fábrica, ahora dirigida por sus hijos, uno de los cuales es el secretario adjunto de Agricultura de la República Argentina. Los otros propietarios pertenecen a una de las familias más ricas de esta parte del mundo”.

“La Martona está gestionada como una gran fábrica americana, con expertos a cargo de la planta y la mejor maquinaria importada. Los equipos de esterilización provienen de Europa y los batidores son de la lejana Australia. La grasa de la manteca es analizada por un invento norteamericano y la leche es pasteurizada sobre la base de conclusiones alcanzado por el gran científico de Francia. Todas las máquinas de la fábrica se mueven por vapor generado con carbón traído de Inglaterra. Los pisos de cemento y paredes de porcelana blanca también son de materiales importados, tan cuidadosamente colocados como los baños de un millonario”.

Sala de procesamiento de leche en La Martona. Foto: Frank G. Carpenter / The Sunday Star.

“He pasado toda esta mañana recorriendo el establecimiento y la finca acompañado por el gerente, un italiano experto en el negocio. El hombre me guio habitación tras habitación llena de brillosa maquinaria. Todo estaba inmaculadamente limpio y les puedo asegurar que por la forma en que se elabora la manteca argentina, no deben tener miedo a contraer alguna enfermedad”.

LA TAREA EN LOS TAMBOS

“Más tarde echamos un vistazo a las vacas, conduciendo a través de campo tras campo en los que cientos de animales estaban pastando. La finca se divide en campamentos y estaciones, y cada estación tiene una casa para su encargado, cerca del cual está el corral de ordeñe. Las vacas se alimentan al aire libre durante todo el año, pero se arrean a los corrales cada mañana. Se ordeñan una sola vez al día, en el corral que está rodeado por un alambre tejido cerca y cubre quizás medio acre.” 

Aproximadamente un centenar de vacas se ordeñan en cada estación. Antes de comenzar se ata una correa alrededor de las patas traseras y la cola de cada animal. Esto es para mantenerlo quieto y para que no entre suciedad a la leche. El ordeñe se realiza en tarros que se traen de fábrica, y en cuanto se termina la tarea, los tarros se llevan a la lechería.”

“Hay varias de estas estaciones esparcidas a grandes distancias y se necesita algo así como 500 caballos para llevar la leche. Algunos se reservan para los gauchos que arrean el ganado y manejan los grandes carros que traen los tarros de leche a la fábrica. Los tarros son parecidos a los nuestros excepto que dos veces más grandes. Están hechos de estaño pesado con hierro y cada uno de tendrá capacidad para ocho o diez galones (30 a 38 litros). Los que vi estaban limpios y esterilizados con la aplicación de vapor sobrecalentado después de cada uso.”

Frank G. Carpenter.

“Observé cuando la leche era sacada de los carros y vertida en las centrífugas en las que se esteriliza. Hay varias de estas máquinas, cada una de las cuales tiene capacidad para 100 galones (380 litros). La leche los atraviesa en diferentes temperaturas, y luego pasa a través de una planta de pasteurización hasta que finalmente sale absolutamente pura. En un lugar vi unos grandes separadores de los cuales la leche desnatada se derramaba en una gran cañería, y la crema de amarillo intenso en otra. También observé los batidores, cada uno de los cuales elabora 500 libras (230 kilos) de manteca por hora, y luego miré las máquinas donde la manteca se enrolla una y otra vez bajo presión para extraerle toda la leche hasta convertirla en grasa sólida.”

“En otro de departamento estaban preparando leche para los vapores que parten desde Buenos Aires todos los días. Esta leche va en botellas de medio litro tapadas con estaño, al igual que las botellas de cerveza. La leche está tan tratada que puede conservarse muchos días.”

CURIOSIDAD POR EL DULCE DE LECHE

“En una tercera dependencia estaban haciendo un dulce argentino o conserva de leche y azúcar que es popular en esta parte de Sud América. Lo llaman "dulce de leche". Es una especie de mermelada de leche que se come con cuchara.

“Se vende en latas, la más pequeña de las cuales tiene sólo una media docena de cucharadas y las más grandes alrededor de media pinta. El dulce cuesta de 5 a 50 centavos la lata según el tamaño. A los argentinos les gusta tanto que a menudo envían latas a Europa como un regalo especial para sus amigos. Es tan popular aquí que podría ser exportado a los Estados Unidos. El producto está hecho sólo de leche pura y azúcar, que se pone en grandes hervidores de cobre y se cocina al vapor durante doce horas. La conserva es revuelta por una máquina que sigue moviéndose todo el tiempo mientras continúa la cocción.”

LA VIDA DE LOS PEONES

“Al salir de la lechería, visité algunos de los lugares donde viven los empleados. Hay más de 100 hombres trabajando en la finca. Tienen casas de ladrillo que fueron construidas especialmente para ellos. Hay un almacén que los abastece con víveres y ropa, y una carnicería en la que se matan dos novillos al día para darles su carne. Vi media res colgando de un gancho cuando entré en esta tienda, y el carnicero estaba cortando el suministro del día.” 

“Las vacas de estas estancias son principalmente Holstein y Durham, o una cruza entre ambas. La estancia mantiene una mejora constante en su cría. Las vacas están en grandes campos rodeados de alambrados. Algunos de los campos tienen varios cientos de hectáreas. Las vacas se alimentan en manadas de 100 o más”.

“La vaca lechera favorita de los argentinos parece ser la holandesa, que tiene lo que se llama formato lechero, con buenas ubres, cuellos delgados, espaldas rectas, pechos anchos y cuernos pequeños. Puede soportar los cambios de clima y prosperará con cualquier tipo de forraje.  Se destaca por ser silenciosa y los toros rara vez están de mal humor. Se los considera buenos tanto para la carne de vaca como para la leche.”


 

Germán Hergenrether

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