21 de julio. Cañuelas, Argentina.

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Cerrajería Wisky, la primera de Cañuelas, cumple 75 años

Fue fundada por Pedro Wisky en 1949 y continuada por su hijo Hugo. Ariel y Valentín –tercera y cuarta generación– se mantienen al frente de la tradición familiar.

Don Pedro Wisky, inclinado sobre la mesa de trabajo. Fue el iniciador del taller familiar.

Don Pedro Wisky, inclinado sobre la mesa de trabajo. Fue el iniciador del taller familiar.

En 1949 en Cañuelas había pocas casas con cerradura. Era un típico pueblo bonaerense de puertas abiertas en el que la gente vivía sin temor a los robos y sin rejas; y encima las pocas llaves que existían eran casi todas iguales. Sin embargo, Don Pedro Wisky tuvo la visión de abrir en su modesto garaje un local que comenzó como un poli rubro de reparaciones generales que posteriormente se convertiría en ‘Cerrajería Wisky’, la primera del partido, que está cumpliendo 75 años.  

“En un principio arreglaba llaves, faroles, reparaba heladeras a kerosene, vendía cosas de caza y pesca, arreglaba baterías… De todo un poco”, relató a InfoCañuelas Ariel Wisky, nieto del fundador y quien dirige el negocio. 

Pedro Wisky –de origen alemán– nació en Henderson. De pequeño se radicó en un campo de Ruta 3, en cercanías de la famosa hostería ‘La Garza Mora’. En la década del ‘40 se trasladó al centro de Cañuelas, más precisamente a Mitre 716, donde aún continúa funcionando el local. No tenía un oficio concreto pero ‘se daba maña’ con todo y hacer llaves era una de sus tantas habilidades.

No estaba solo, lo acompañaba su esposa ‘Chichi’ Giordano. Según cuentan los memoriosos, hacía mejores llaves que el propio Pedro. Además, eran frecuentes en el comercio las reuniones de amigos y clientes que se jactaban de sus hazañas deportivas.

Pasó el tiempo y el negocio de Don Pedro fue orientándose definitivamente hacia el rubro cerrajero. Por 1980 se sumó su hijo Hugo, se incorporó el servicio de cerrajería del automotor y la venta de autopartes de cerrajería. 

Mi papá ya fue especializándose más en cerrajería de autos. Él aprendió por herencia, mi abuelo le fue explicando. En aquel momento Cañuelas todavía era chico, había pocas cerraduras y la mayoría de los vecinos vivían con la puerta abierta. Mi viejo trabajaba mucho con Torino, Renault 12, Falcon y Chevrolet”, repasó Ariel. 

Cerrajería Wisky en los años 80.

Cerrajería Wisky en los años 80.

Con los años la familia siguió el ritmo del mercado que se fue complejizando en variedad, calidad y tecnologías. Hacia 1990, Ariel, tercera generación, se sumaba a la actividad; aunque en realidad desde los ocho años conocía el funcionamiento de un candado o cómo hacer una llave. 

Con la llegada del año 2000 aparecieron las primeras llaves codificadas para automóviles, lo que implicó la incorporación de tecnología, equipamiento especifico y la realización de cursos.

Por el 2007 llegaron las reformas: se eliminó un patio interno que estaba detrás del garaje, e incluso un espacio donde antiguamente Don Pedro criaba chanchos, para agrandar el sector de atención al público. También se renovó la fachada.  

La cerrajería de Mitre 716, en el lugar de siempre.

La cerrajería de Mitre 716, en el lugar de siempre.

ETAPA MODERNA Y REFERENCIA REGIONAL

En los últimos años el rubro se volvió más complejo, con más competencia, medidas de seguridad, chips, llaves especiales y tecnología Wi-Fi. La evolución se fue transformando en un verdadero desafío para el cerrajero tradicional.

Pero la familia Wisky fue evolucionando al ritmo de la oferta y la demanda y es por eso que la cerrajería se convirtió en una referencia regional al contar con máquinas de última generación que sirven para atender las necesidades del público local y a clientes de otros distritos que no cuentan con algunos servicios específicos. 

“Muchas marcas tienen llaves especiales y por eso vienen de localidades vecinas donde no cuentan con un servicio como el nuestro. Tenemos clientes de Lobos, Saladillo, Navarro, Marcos Paz o Roque Pérez”, comentó Ariel.    

Ariel y su hijo Valentín, los continuadores.

Ariel y su hijo Valentín, los continuadores.

Fiel a la tradición, Valentín Wisky -hijo de Ariel y cuarta generación- se formó en el taller familiar especializándose en automóviles. En algunos años él continuará con el negocio buscando celebrar el centenario. 

“La idea es seguir con el local y agregar más cosas. Cada vez estoy más especializado en lo que es autos, que es lo que más me gusta. Seguimos con mi viejo a la par, pero él se dedica más a cerrajería de casas como para dividirnos el trabajo”, expresó Valentín, que ya piensa en agregar más servicios para estar a la altura de la historia. 

Escrito por: Marcelo Romero