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Asesinatos ruidosos y muertes en el casino

Asesinatos ruidosos y muertes en el casino

Las emociones brillantes han sido compañeras de los juegos de azar en todos los tiempos. En un esfuerzo de atrapar la suerte, el jugador apasionado a menudo pierde el control, y todas sus pensamientos se centran sólo en cómo atraer la benevolencia de la señora Fortuna. Pero a veces, esta señora no responde a las súplicas del jugador, y en lugar de ella, aparece detrás del jugador una anciana con una guadaña. Y entonces, en la última mano de la vida, todo va mal, por lo que es recomendable utilizar casinos confiables, como Mostbet.

La mano del muerto

El brillante jugador de póker del siglo XIX, James Butler Hickok, apodado Wild Bill por su temperamento audaz, fue respetado no solo por sus victorias en la mesa de cartas. En su juventud, Hickok fue un excelente tirador, participó en la Guerra Civil y luego trabajó como sheriff. Pero la pasión principal de Wild Bill siempre fue el póker. Jugaba por dinero dondequiera que tuviera la oportunidad. 

La inclinación de Hickok por los juegos de azar nunca superó el sentido de autoconservación. Durante cualquier juego, el jugador de póker llevaba consigo un arma y se sentaba frente a la puerta de entrada por los fines de seguridad. Solo cambió esta regla una vez, y ese incidente resultó fatal. En 1876, en Deadwood, en el salón Nattal & Mann’s, el lugar habitual de Wild Bill estaba ocupado por otro jugador. 

El azar superó el miedo a la muerte, y Hickok se sentó en una silla vacía. Durante el juego, un tal John McCall entró en el salón y le disparó a Bill en la nuca. La bala atravesó su cabeza, y el jugador murió en el lugar. En ese momento, logró reunir una combinación de dos ases y dos ochos, que debido al asesinato sonado se llamó la mano del muerto. Más tarde, se descubrió que John McCall había perdido todo su dinero a Wild Bill, y al irse, el ganador dejó algunas monedas para la comida, lo que molestó al asesino.  

Cien años después de la muerte de Butler Hickok, su nombre fue uno de los primeros en ingresar al Salón de la Fama del póker por su contribución al desarrollo del juego de cartas más popular del mundo. Curiosamente, de los 52 individuos honrados con la misma distinción, tres murieron durante el juego. 

Muerte con una sonrisa en los labios

El amor por el póker llevó a Jack Straus a convertirse en un jugador profesional. El aprendió a ganar incluso con las combinaciones más extrañas y dominó magistralmente el farol. En 1973, ganó su primer brazalete de campeón de la Serie Mundial de Póker. Jack fue considerado el jugador de póker más resistente e intelectual, y en 1982 logró ganar su segundo brazalete de oro WSOP. En ese torneo estuvo al borde del fracaso y logró cambiar la situación cuando le quedaba solo una ficha de 500 dólares. Ese mismo año, Straus organizó su propio torneo de póker sin límite llamado Annual

Jack Straus World Match Play

Jack Straus murió a la edad de 58 años mientras jugaba con apuestas altas en el casino Bicycle. Como un soldado en su puesto. Muchos fanáticos del póker consideraron su partida de la vida perfecta, ya que hasta su último aliento se dedicó a su pasatiempo favorito.