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Sólo tenía una tijera

Conocé la inspiradora historia de María Eugenia Domínguez y su marca “Sálvame de mí”: ropa para mujeres “apasionadas” y ahora también diseños para bebés.

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María Eugenia Domínguez. Maquillaje y peinado de Mel Make Up.

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La diseñadora María Eugenia Domínguez comenzó a estudiar arquitectura pero siempre supo que su verdadera pasión eran las telas. Dueña de la marca “Sálvame de mí” para mujeres "Apasionadas, libres y a la vez cambiantes que no sigues las tendencias". De novia con Gregorio (oriundo de Chascomús), profesora de patín artístico, madrina de su princesa Guadalupe y tía de su reina Paloma.

Euge siempre fue de las mejores alumnas de la escuela. Jamás llegaba tarde, prolija como pocas. Siempre se la recuerda haciendo dibujos perfectos. Es tranquila, ordenada y muy detallista en todo lo que hace. Auténtica como su marca. Sus diseños son atemporales y llenos de colores. Una vida que te inspira a seguir tus sueños.

-¿Cómo llegaste a estudiar diseño de indumentaria? 
-Siempre quise ser diseñadora, desde chica, le hacía la ropa a las muñecas y a mí misma con restos de telas o ropa vieja.
Mi destino era el diseño pero todos me decían que esa no era una carrera sino un oficio, así que empecé con Arquitectura, una carrera más formal, y aunque me encantaba y aprobé todas las materias del primer cuatrimestre, sentía que no me llenaba... y me pregunté cómo sería mi vida ejerciendo la arquitectura. No me veía en ese terreno así que dije ¡chau! Digan lo que digan amo el diseño y eso es lo que haré.

-¿Qué es lo que más te fascina de tu actividad? 
-Ver a chicas que no conozco con mi ropa, o que me alaguen lo que tengo puesto sin saber quién soy.

-¿Cómo nació la marca?
-Finalizando la carrera, primero surgió la idea de tener mi propio taller de productos terminados y así poder financiar mi marca.
Al principio trabajaba en un taller como modelista en donde ganaba dos pesos, trabajando nueve horas corridas, y en donde el trato no era muy bueno... Así que hablé con mi papá le dije que sólo me bancara un mes, que yo venía planeado un proyecto que se convertiría en mi medio de vida. Así que con 25 pesos hice mil tarjetas y las fui a repartir por toda Capital. Me acompañó una amiga Vanesa, un fin de semana entero.

-¿Qué decían las tarjetas?
-Ofrecía un "Taller de producto terminado San Antonio". Moldería, Corte, Confección, Colocación de botones, Forrados, Limpieza, Plancha, Estampación, Bordados… Mi nombre completo, mi carrera y teléfono. Y el lunes siguiente a ese fin de semana ¡recibí más de 40 mails! ¡Tuve un montón de entrevistas y me llené de cliente!

-¡Guau! Eso se llama tener iniciativa…
-Sólo tenía una tijera, Ja ja. ¡Así empecé y no paré más!

-También tenías tu conocimiento…
-¡Yo sentí que Dios me iluminó! Hay que jugársela en la vida. Es la única solución para poder cumplir nuestros sueños.

-¿Cómo fue creciendo el taller?
-En ese momento vivía en Capital, en un departamento, me empezó a quedar chico y decidí mudarme para Cañuelas, a una casa con una habitación aparte. Al principio me ayudaba mi mamá con los cortes, etc. En la actualidad siempre me da una mano.
Empecé a buscar talleres de confianza, gente honesta y trabajadora. Hoy en día sigo teniendo las mismas personas que me ayudan desde que empecé este proyecto.
Seguí haciendo cursos de específicos de moldería, estampería, asistiendo a charlas sobre microemprendimientos. Siempre así en constante movimiento.

-¿Y “Sálvame de mí” cuándo la lanzaste? ¿Cómo fueron las primeras colecciones?
-A medida que fui generando clientes fui comprando telas. En la primera colección hice remeras bordadas a mano con canutillos, piedras, lentejuela, etc. Prendas básicas, pero con un toque de diseño. La segunda fue PURA. Me costó mucho venderla porque era muy sofisticada, llena de colores y morfologías no convencionales. A la gente en general no le gustaba o no se animaban a vestirla. Luego la tercera y las siguientes (ahora voy por la novena) fueron más tranquis, en donde hay diseño pero son prendas más de producto.

-¿Dónde se puede comprar tus prendas?
-Se ha vendido en varios lados de la provincia de Buenos Aires y hasta en Madrid. A través de ferias, locales fijos o revendedoras. Y también en mi taller, donde armé mi propio showroom

-¿Madrid?
-Hicimos un contacto por internet, mandé mucha ropa por encomienda a una argentina que vive allá hace unos cuantos años.

-Y también hacés ropa para bebés… 
-¡Sí! El nacimiento de Paloma, mi primera sobrina, fue la gran inspiración. Estoy muy feliz con este nuevo proyecto. Hago prendas como vestidos, camisas, pantalones, calzas, remeras y unos bombachudos para debajo de los vestidos de nenas. Hay cinco talles: de cero a tres, de 3 a 6, de 6 a 12, de 12 a 18, y de 18 a 24 meses.

-¿Proyectos y sueños a futuro para tu marca?
-Que siga creciendo como el trabajo de una hormiguita, que todo llega a su debido momento y si se quiere… ¡se puede!

Melisa Ruiz Díaz
Mel make up (maquilladora profesional)

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