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Una tradicional esquina fue transformada en estudio de arquitectura

La arquitecta Julieta Martínez Parra inauguró su estudio en Acuña y Rivadavia. La construcción fue reciclada pero manteniendo sus características originales.

La arquitecta y artista plástica Julieta Martínez Parra inauguró recientemente su estudio en la esquina de Acuña y Rivadavia, en la ciudad de Cañuelas. Allí funcionó durante décadas un almacén de ramos generales y el tradicional bar "La Florida" de la familia Yapur.

Tras atravesar la puerta que se ubica en la ochava ingresamos a la recepción. Sin dudas nos encontramos con un espacio moderno, delicado y de decoración sutil. Predominan el blanco y los detalles en negro y rojo. La oficina privada está ambientada con muebles de última generación y el piso combina baldosas calcáreas y porcellanato.

Sin embargo, en cada rincón permanece el espíritu de aquella casa antigua luego devenida en bar de copas y largas partidas de truco y mus.

Las añosas estanterías y el cielorraso de machimbre conviven armónicamente con las luminarias y los objetos actuales. La antigua construcción fue reciclada y acondicionada pero manteniendo sus características originales.

Para ello la profesional se valió no sólo de su formación en la conservación de Patrimonio sino también de su interés por preservar parte de la historia del pueblo en el que nació.

Para conocer la historia del lugar dialogó con vecinos, consiguió fotos antiguas y se detuvo a mirar las formas generosas de la construcción.

"El gran desafío fue mantener el espíritu y la memoria del edificio, adaptándolo a las necesidades y a un nuevo uso", relata Julieta Martínez Parra.

Esta empresa fue el resultado de un trabajo en familia en el que sus padres -el escribano Raúl Martínez y Alicia Parra- tuvieron un gran protagonismo.

"Desde que mis padres compraron la esquina siempre tuvimos en mente conservarlo, jamás demoler. Económica y profesionalmente era un reto importante. Además, muchísimas cosas las realizamos nosotros mismos."

No fueron decisiones fáciles. Julieta cuenta que muchos les decían que debían construir departamentos mientras otros "sufrían y nos rogaban que lo recicláramos".

Los resultados están a la vista. Se impuso la segunda opción. Sin embargo, fue un camino difícil en el que no sólo se debió invertir dinero sino también conocimientos específicos.

Julieta Martínez Parra
estudió Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires y realizó materias electivas relativas a la restauración de Patrimonio. También realizó cursos en el CICOP y se dedicó a estudiar e investigar sobre la temática.

Su sensibilidad artística también jugó un papel decisivo a la hora de optar por la restauración. Desde el año 2000, y después de realizar un viaje a Japón, comenzó a pintar Sumi-e.

Esta técnica consiste en una "aguada japonesa" –sumi (tinta) e (dibujo/grabado)– que proviene de China. El objetivo es captar la esencia de la naturaleza en cada trazo, sin copiarla o reproducirla.

Esta pasión por la pintura la llevó a exponer sus obras en el Jardín Japonés, en la Bienal de Japón en Adrogué, en la Biblioteca Nacional y en la Exposición de Japón en Montevideo, Uruguay.

En diciembre de 2008 mostró sus cuadros en Buddha B.A., ubicado en la exclusiva China Town del barrio capitalino de Belgrano.

FACHADA E INTERIOR
Antes de la intervención en el edificio, la arquitecta se reunió con dos empresas especializadas que se encargaron de tomar muestras y analizar la constitución del revoque de la fachada y las modalidades más apropiadas para su limpieza.

De acuerdo con las sugerencias se arreglaron algunos sectores del revoque en tanto los paños más grandes se hicieron totalmente nuevos mezclando distintos materiales para logar la textura deseada. Asimismo, se repararon todas las molduras del frente, cornisa, zócalos y pilastras.

El interior era muy oscuro y se necesitaba contar con dos ambientes (privado y recepción). Para lograrlo se caló el interior de las molduras y se colocaron vidrios, se retiró la puerta que daba sobre la calle Rivadavia y se colocó un paño fijo.

La puerta de la esquina fue reparada, se cambiaron los tableros, cerraduras, se arreglaron los picaportes originales y se transformó el paño superior fijo en banderola. Las tapas exteriores de los vidrios se transformaron en postigones interiores, se conservó la traba original y se sumó la instalación de alarmas.

Se cambiaron los techos porque se llovía en varios sectores y se dejaron casi todos los pisos originales, con la excepción de la parte del frente (de pino tea) que estaba muy deteriorado.

Los pisos calcáreos originales fueron restaurados mediante métodos antiguos de lavado, encerado y lustre.

Asimismo, en el sector privado se combinó con pisos calcáreos de la casa de la abuela de Julieta y con porcellanato que le da al lugar un toque moderno.

En las paredes se realizó revoque grueso y fino. El cielorraso, que mantiene el machimbre y las molduras originales, se combinó con estructuras colgantes de Durlock que contienen artículos de iluminación.

"La biblioteca es la gran estrella -relata Julieta-; todo Cañuelas recuerda las estanterías del local y preguntaban qué se iba a hacer con ellas. Durante toda la obra, muchos quisieron comprarlas; estaban divididas en tres partes, las lavamos, lijamos, reparamos y pintamos. Luego armamos un solo cuerpo, conservando el mueble inferior y la destacamos con iluminación longitudinal."

Finalmente, sobre una de las paredes se erige la enorme biblioteca construida con las estarías que albergaran las botellas y sifones del antiguo bar.

A MODO DE CIERRE
Los edificios, cual testigos del paso del tiempo, nos permiten rastrear las historias de los que estuvieron y no están; de sus empresas y utopías y de los tiempos de otros tiempos.

En este caso, Julieta ha decido hacer de su estudio un verdadero palimpsesto y resguardar la historia que comenzó mucho antes.

Lic. Telma Martines

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